“Con la edad, los ojos ven más lejos, no en la distancia, pero sí en el tiempo.” (aausábel, 2017)

“Con la edad, los ojos ven más lejos, no en la distancia, pero sí en el tiempo.” (aausábel, 2017)

En este país...

En este país...
Mostrando entradas con la etiqueta partidos políticos españoles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta partidos políticos españoles. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de febrero de 2019

Por la unidad de España.


Unidad no solo territorial, sino también de intereses comunes, respetando la idiosincrasia y riqueza cultural de los pueblos de España, pero trabajando todos por la prosperidad de la patria.
Esa debe ser la doble unidad, el doble aliento por el que se trabaje. España no es únicamente la Comunidad de Madrid, ni Castilla-León o Castilla-La Mancha. España es Cataluña, Valencia, el País Vasco, Galicia, Aragón, Andalucía, Extremadura, Baleares, Canarias, y todas las demás circunscripciones territoriales del país.
La situación de inestabilidad actual viene motivada por varias causas:
1ª. El derecho constitucional de representatividad significativa de las Comunidades Autónomas en el Congreso y Senado.
2ª. La sumisión de décadas de los partidos mayoritarios gobernantes (PSOE y PP) a los intereses nacionalistas, a cambio de apoyos en las Cámaras Baja y Alta.
3ª. La transmisión de competencias esenciales a las Comunidades Autónomas. Especialmente, el área educativa, lo que ha propiciado la adaptación y manipulación a conveniencia de los contenidos curriculares por parte de gobiernos locales nacionalistas.
4ª. El ansia de poder sin límites de los partidos nacionalistas (o locales), no contentos nunca con una autonomía más que generosa.
5ª. La interpretación de que el sistema democrático vigente en España (Monarquía parlamentaria) es un régimen impuesto durante la Transición política, merced a un pacto entre partidos, y no a consultas electorales que fueran perfilando el sistema democrático que se quería. Quien así cree, olvida los delicadísimos momentos por los que atravesó toda la sociedad española desde la muerte de Franco hasta 1981 (golpe de Estado de Tejero) y aun después. Lo complicado que fue el acercamiento de posturas, alcanzar pactos de consenso beneficiosos para poner en marcha nuestra democracia. Y todo eso en perpetua lucha con movimientos extremistas de un bando y otro, y de grupos armados terroristas (ETA y Grapo). La acción del terrorismo fue sangrienta e implacable durante varios años, con atentados todas las semanas, y secuestros y asesinatos premeditados cada sí y cada no. Hubo que vencer y sobreponerse a todo ese clima malsano, enemigo de libertades y del bien común.
6ª. La escandalosa corrupción política, que ha hecho perder la confianza en la democracia española y en los partidos mayoritarios, principalmente responsables, e implicados en ella.
7ª. La ausencia de armonización de criterios, en loor de un entendimiento fructífero, por parte de las fuerzas políticas españolas. La Constitución de 1978 podrá convencer más o menos, pero es la Carta Magna que regula todo el reglamento jurídico del Estado español y hay que defenderla, respetarla, cumplirla y hacerla cumplir, al menos mientras esté vigente.
Así pues, no se puede asegurar que haya hoy un único culpable de la agria situación de inestabilidad a la que nos lleva el separatismo.
La culpa es compartida. Por eso, la solución exige unión, determinación, fuerza solidaria. Saber lo que se quiere, por qué se desea así y cómo se quiere. España es grande y tiene que continuar dando cabida a su extraordinaria riqueza cultural. Una riqueza que ha de ser causa de orgullo general, y no de división o de desconocimiento entre españoles.
 España es una en su diversidad. Y los españoles todos hemos de mirar al futuro con optimismo, amando a nuestro país, a todo él. El porvenir en paz y prosperidad solo se puede construir con la aportación de todos los ciudadanos. Y para ello debe haber absoluta transparencia política, completa separación e independencia de poderes (legislativo, ejecutivo, judicial), honradez en el ejercicio de los cargos públicos, supresión de privilegios por desempeño de actividades públicas, disminución del gasto por duplicidad de puestos burocráticos, concierto educativo eficaz (ideológicamente neutro), igualación territorial, acceso libre a una formación laboral eficiente, empleo estable y digno para todos los españoles, derecho a una vivienda digna por parte de todos, paridad en los sexos, supresión de impuestos abusivos, calidad en la Sanidad estatal.
Puede que me olvide de alguna condición, pero entre las que he citado están muchas muy importantes.
Ahora resta que nuestros dirigentes amen al país y se entreguen a él verdaderamente. Y que nos animen y nos inciten a arrimar nuestro hombro a cada uno de nosotros. La cosecha dependerá del amor que demos a España.
© Antonio Ángel Usábel, febrero de 2019.

jueves, 14 de mayo de 2015

Un mundo a la deriva.


Hoy he recibido por correo la propaganda electoral y las papeletas de voto de los dos partidos mayoritarios. Me he entretenido en abrirlo y observar su contenido. Leo la carta de Mariano Rajoy y leo verdades: “Hemos abordado juntos nuestro mayor reto en décadas. Una crisis injusta golpeó nuestras vidas. Millones de españoles perdieron su empleo. Familias afectadas y proyectos truncados nos hablaban a las claras del daño de un país aparentemente condenado a la quiebra o al rescate”. Sigue diciendo el actual presidente: “Han sido años muy difíciles (…) Hoy España ha cambiado, y este año aspira a ser el país que más crezca en la Unión Europea. No es por casualidad: se debe a las decisiones adecuadas para recuperar nuestro bienestar.” Y Rajoy reconoce: “Sé bien que la recuperación y la creación de empleo, tan visibles en las cifras, no se sienten aún en cada casa…”

Efectivamente, cuando llegaron los Populares al poder, España estaba al borde del rescate económico, quizá no tanto por la veleidosa gestión del PSOE de Zapatero, como sí por los efectos de una crisis mundial, originada en Estados Unidos, y debida a una larga cadena de préstamos irresponsables sin la oportuna fianza. Nuestra prima de riesgo quedaba por las nubes. Desde entonces, la política de recortes y de excesiva austeridad del PP ha conseguido evitar que nuestro país se haya hundido en el abismo (como le ha sucedido, claramente, a Grecia). Seguimos enganchados a Europa –eso sí, aniquilada nuestra minería, nuestra cabaña ganadera, nuestra agricultura, nuestra industria y alta metalurgia, nuestros astilleros, por obra y gracia de las concesiones de D. Felipe González Márquez. Esto hace que difícilmente podamos aproximarnos a la locomotora alemana, o a los primeros vagones de los estados del Norte. ¿Hay una Europa de dos velocidades, una consagrada a la producción e innovación, y otra sacrificada al sector turístico y de servicios? Sin duda. Por tal motivo, los ingleses se muestran reticentes y hasta se plantean continuar en la Unión, porque no quieren perder su identidad de potencia líder en el mundo.
De acuerdo con que se está logrando cierta estabilidad económica. Pero a costa de ahogar a las familias con la congelación de salarios, y aumentar la diferencia entre lo que se gana y el coste de la vida. Si la gente no gana, no puede consumir; y si consume tal vez lo honestamente comprensible, se endeuda. Cuando las empresas no facturan pedidos, van a la quiebra, y el gobierno liberal lo contrarresta permitiendo la precariedad en la contratación y las malas condiciones de los empleados. Así, “salva” a las empresas por un tiempo más. Prolifera el trabajo en condiciones esclavistas, donde hay sumisión y miedo a la protesta. Si no lo quieres así, hay doscientos en la puerta esperando. Los jóvenes, o no cuentan con el necesario aliciente para terminar sus estudios, o si lo hacen con brillantez, y obtienen su flamante Grado, han de exiliarse a otros territorios para ganarse un jornal digno con una continuidad y promoción garantizadas. Francamente, no quisiera que mi hijo, que tiene ahora nueve años y es pequeño todavía, se viera condenado a un exilio forzoso dentro de catorce o quince, porque en España no hay posibilidades ni oportunidades dignas para él, siempre que haya demostrado merecerse un buen empleo. Conozco gente joven –arquitectos, estomatólogos-- que ha debido marchar a Holanda y a Chile para labrarse un futuro allí. Resulta que estamos formando buenos titulados superiores para que, total, tengan luego que partir fuera de la patria, como “chimbamberos”, ese neologismo despectivo que se llega a aplicar al sudamericano sin fortuna que viene aquí, derivado de “Chimbambas” o Quimbambas, es decir, en sitio lejano o fuera de todo mapa. En el supuesto de que en España se alcanzara un soñado “estado del bienestar” (que no ha existido hasta la fecha), sería a muy largo plazo, y a costa del sacrificio de varias generaciones jóvenes.  Cada vez que miro, me doy cuenta de cuán parecida es esta sociedad a la reflejada por la Vida de Lazarillo de Tormes (1554): los jóvenes desempleados, puestos a servir a un patrón mezquino, o mendigando honra y honor a través de un discreto oficio estatal por oposición. Recordemos ese pasaje de nuestra mejor literatura heterodoxa: “Y pensando en qué modo de vivir haría mi asiento, por tener descanso y ganar algo para la vejez, quiso Dios alumbrarme y ponerme en camino y manera provechosa. Y con favor que tuve de amigos y señores, todos mis trabajos y fatigas hasta entonces pasados fueron pagados con alcanzar lo que procuré, que fue un oficio real, viendo que no hay nadie que medre, sino los que le tienen.” (Tratado Séptimo) Es con ayuda de las amistades y de cierta mano influyente como Lázaro procura su reposo, presente y futuro, haciéndose pregonero de sentencias. Amigos hay que tener hasta en el infierno. Nuestro pasado histórico llama, así, con esa sencillez e ingenuidad, a la puerta de nuestras peores pesadillas de hoy. Y no aprendemos.

Cuando los populares –u otro partido con empeño—consigan lograr, en esas décadas prodigiosas, la bonanza prometida, ¿repartirán, serán más justos con los que las han pasado canutas? ¿O será esto, por el contrario, un sinvivir perenne con el cinturón apretado y comiendo lo que han dejado los ratones? Que los liberales no descuiden ni ignoren nunca a la clase obrera, que necesita mimos hasta que sea, en  justicia, clase media, motora económica de un país bien equilibrado.
De momento, se espera de ellos que no aumenten los impuestos y que los hijos no vuelvan a pagar lo que, por decimoséptima vez, ya han pagado sus padres. Los partidos de izquierda, ansiosos de gravar todo, hasta los cubiertos de plástico y el capital conseguido con ahorro, se olvidan de esa realidad.
En Reino Unido, acaba de recibir el partido conservador de David Cameron una nueva confianza del electorado. Los británicos apuestan por la estabilidad económica de los tories. Cameron ya anuncia más austeridad todavía. Y eso significa sacar otra vez la podadera: más recortes en las ayudas sociales. El Primer Ministro quiere ahorrar doce mil millones de libras esterlinas (esto es, dieciséis mil  millones de euros), y bajar el techo de gasto social en ciento veinte mil millones de libras (o ciento sesenta mil millones de euros), excluyendo las pensiones, lo cual se puede decir que no es moco de pavo. Sin embargo, según el diario The Guardian, caerán las pagas por maternidad y las subvenciones en vivienda para los jóvenes, entre otros beneficios varios.

………………………………………………………………………………………………….
La propaganda del PSOE habla de “soluciones justas” que no se dice cuáles son. Eso sí, se recuerda “a los que se encuentran en situación de indefensión o de vulnerabilidad o de falta de oportunidad, en condiciones inaceptables laboral o socialmente.” Y sigue: “Soy candidato de un partido, el partido socialista, con hombres y mujeres que consideran, asimismo, que las políticas públicas, los servicios públicos, los servicios sociales son una prioridad.” (Ángel Gabilondo). El propósito es muy digno y hasta imprescindible en una monarquía bien ordenada: priorizar lo público –que no tiene por qué ser sinónimo de gratuito al cien por cien--, como un servicio mayoritario, autosuficiente y de calidad. Donde estén una buena Sanidad y Escuela públicas, que se quite lo privado. No hay motivo de favorecer los recursos privados en estos sectores, cuando los mismos deben verse como un beneficio social común. El problema del PSOE es que sabe cómo gastar, pero no tanto cómo devolver dinero a la caja. Se gasta, y se gasta, y se gasta, y a menudo no se sabe en qué ni por qué –ya saldrá el sol por Antequera--, y luego se comprueba que las arcas están vacías, y que ha de llegar un gobierno liberal conservador para arreglar el desaguisado de tanto despilfarro y tanto amiguismo. Y de nuevo a apretarse el cinturón, y vuelta a empezar.
No se piense que el empleo camina mejor, necesariamente, con gobiernos de izquierda. Yo hice una carrera de Letras, y con las legislaturas de Felipe González, entre los años 1990 y 1996, no me vi en ningún modo favorecido por ese momento de optimismo desatado, y tan cercano, en apariencia, al estrato cultural. Fue con el segundo gobierno de José María Aznar, a partir de 2000, cuando comencé a ser requerido por la enseñanza pública para dar clases. Fue también en esa época cuando crecieron las ofertas de plazas de docente en las oposiciones de las distintas Comunidades, en especial, en la de Madrid. Y de esta guisa, las oportunidades para labrarse una estabilidad en el sector educativo. Hubo pues “vacas gordas” con el socialismo para algunos, pero no para todos.
La propaganda socialista comenta en otro apartado: “Hoy, en Madrid, existe una minoría que pretende que todo siga como está, frente a ella otra minoría aspira a desmantelar las instituciones” (Antonio Carmona). La primera minoría debe de venir representada por Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre. O sea, el continuismo. La segunda, por la ruptura radical de Podemos y/o Ahora Madrid. Entre ambas posturas se sitúa el “cambio tranquilo” del PSOE. Un cambio “sereno y honesto”, con “sentido común”, que anteponga a las personas, “que dinamice la economía sin asfixiarla con impuestos, que apueste por la cultura y la innovación, y que de una vez por todas ponga fin a la corrupción y a la impunidad en Madrid.” Los socialistas no pueden hablar, precisamente, de transparencia de gestión ni de perseguir el delito dentro y fuera de sus filas. Curiosamente, los mayores casos de corrupción –solapados durante años—se han descubierto en la etapa del PP, no estando ni mucho menos exento este grupo de sus pecados de deshonestidad y burla a sus votantes y a la sociedad en general.
El aliento a la Cultura es imprescindible, como imbuir a los jóvenes en ella. El PSOE lo tiene más fácil porque la mejor cultura es hecha por gente progresista. El último Premio Cervantes, otorgado dignísimamente al talento indiscutible de Juan Goytisolo, genial crítico de nuestros clásicos más lucientes, los heterodoxos, da testimonio de ello. Falta consolidar una ley orgánica educativa consensuada con todos los grupos parlamentarios, para que cunda la mecha de la inquietud por saber, esa pasión por descubrir que sentían, siendo jóvenes, D. Santiago Ramón y Cajal y D. Severo Ochoa, y que igualmente hizo de D. Marcelino Menéndez Pelayo un niño prodigio. Hay que igualar al alza, y no a la baja, como hasta ahora se ha hecho. Y construir una buena Formación Profesional y unos Grados que garanticen la excelencia de oportunidades para quien se esfuerce y vele por su preparación laboral, con una oferta de enseñanza generosa y amplia, y un sistema de becas sólido que respalde, avale y premie esa inquietud.


Sin embargo, ni en socialistas ni en populares he leído la palabra “ética”; ÉTICA, sí;  ni tampoco el reconocimiento de los errores de deshonestidad cometidos hasta ahora. Parece como si nada hubiera pasado. Como si nadie fuera culpable, por acción u omisión. Se olvidan de entonar un “mea culpa” en su propaganda, quizá por no admitir esa responsabilidad ante los jueces que conducen las causas penales abiertas por doquier. Pero una clase política que no admite los principios éticos, y que obra sin ellos, ¿qué país puede dejar a nuestros hijos? ¿Qué cimientos de conducta ejemplar se alzan pensando en los niños y jóvenes, adultos ciudadanos del mañana?
Antonio Carmona, candidato socialista a la alcaldía de Madrid, señala al “viejo profesor Tierno Galván” como modelo de gestor público. Efectivamente, fue un hombre muy querido, y llorado cuando murió. A mí también me sedujo por su simpatía, su mesura, y sus “aires cosmopolitas”. Me encantaban sus peculiares bandos, cuajados de barroquismo conceptista. Embelleció Madrid y modernizó y saneó muchos servicios públicos. Pero recuerdo sus pregones con su consigna de “Hala, a colocarse”, en alusión a probar los porrillos, si no algo peor, en un momento –la Movida—en que las drogas duras azotaban las noches de la capital y dejaban los parques y campas sembrados de mutantes. Porque no creo que D. Enrique se estuviera refiriendo –con segundas--  a otra manía menos psicodélica, pero no menos perniciosa, que también cundía por entonces y desde siempre: la de observar compadreo para el puesto, en vez de méritos y talento.
(Hago este inciso, al socaire de la alusión del candidato Carmona: Mi abuela materna, que todavía vive, fue muy amiga y compañera de trabajo de Encarna, la esposa de Tierno. Solía hablar mi abuela con ella con frecuencia y decía que el marido de esta “era muy inteligente”. Tierno Galván, hombre marxista y agnóstico, tuvo amigos y compañeros de Falange y consiguió sin problemas su cátedra de Derecho Político en Murcia, en 1948. Desde allí, y después desde un destino nuevo en Salamanca, comenzó a gestar su oposición al régimen dictatorial del Caudillo. En 1966, se exilia a Estados Unidos, a Princeton, tras haber sido expulsado de su cátedra por su actitud aperturista. Regresó a España con la democracia del Rey Juan Carlos.)
……………………………………………………………………………….


 Vayamos acabando… Ciudadanos habla de combatir con firmeza y dureza la corrupción para sanear el sistema político. Pero no habla de bajar los impuestos y de dónde va a sacar los fondos para hacer ciertos cambios. Parece ser que entre sus filas lleva a antiguos falangistas, lo cual no tiene que ser malo de entrada, si pensamos en la lucha de José Antonio Primo de Rivera contra un capitalismo salvaje. Sin embargo, recordemos que el movimiento de Franco, en el cual militaron expresamente los falangistas, fue financiado por el banquero Juan March. Una de cal y otra de arena.


 Izquierda Unida es una postura extrema que, para obtener fondos por el bien común, lo mismo sacude el manzano de las grandes fortunas (como quiere hacer Podemos) que quizá sablea al tendero de la esquina, por vanidoso y judío. Es decir, arremete y atenta contra la clase media, sospechosa de aversión a las barriadas proletarias.
Mucho ruido y pocas nueces. Sin ética, entre mentiras y medias verdades, seguiremos navegando en un mundo a la deriva.
© Antonio Ángel Usábel, mayo de 2015.

domingo, 10 de marzo de 2013

Causas de la Guerra Civil española (1936-1939).

A mi amigo Jaime M. M.

13 de febrero de 1837. Anochece en Madrid. Tercer piso de Santa Clara 3. Un hombre elegante se contempla ante un espejo. Acerca una pistola a su sien derecha. Suena una detonación. “Aquí yace media España; murió de la otra media”. El suicidio de Larra, por amor triple –a Dolores Armijo, al pueblo llano español, y a su adinerada clase media--, es el preludio de un futuro conflicto armado. Larra es el dandy de corazón escindido: está con la gente sencilla, y quiere lo mejor para ella –educación, justicia, dignidad, progreso--, pero al mismo tiempo le da miedo apoyar una causa revolucionaria. Torrijos y sus compañeros liberales habían muerto fusilados en 1831. En 1833, desaparece el tirano Fernando VII, pero estalla en el norte la primera guerra carlista, signo de seguimiento por parte de la población del espíritu ultraconservador y católico. Entre 1834-35, los ánimos están revueltos: en la capital se asesina a varios frailes y en Barcelona arden conventos. Los sargentos se sublevan en La Granja el 13 de agosto de 1836. Exigen de la regente el restablecimiento de las garantías constitucionales de 1812. A las dos de la madrugada, María Cristina se aviene. La sargentada había sido promovida por un funcionario liberal del ministerio de Hacienda, Manuel Barrera (amigo íntimo de Juan de Dios Álvarez Mendizábal) y por un periodista del Eco del Comercio, Ángel Iznardi. Se inicia la Desamortización para dar vida a las tierras baldías. Una nueva Constitución se promulga en 1837, más moderada que la de Cádiz, pero también más precisa.
Sin embargo, el hombre que abre el periodismo crítico en este país atisba entre las sombras del pasado y las nieblas del porvenir, y opta por no esperar ningún cambio importante. Desengañado de la sociedad española, se despide de ella radicalmente. Sí, amigo Larra, “te llamas liberal y despreocupado, y el día que te apoderes del látigo azotarás como te han azotado”.  Antes de irte, dinos, ¿qué hemos de hacer los españoles por nosotros mismos? –Tal vez funcione aquello que escribí en abril de 1833: creamos que España es capaz de esfuerzos y felicidades –como recogen los norteamericanos en su Carta Magna--; “cumpla cada español con sus deberes de buen patricio, y en vez de alimentar nuestra inacción con la expresión de desaliento: ¡Cosas de España!, contribuya cada cual a las mejoras posibles”.
Ese ánimo de levantar un país no se puede materializar sin educar al pueblo. España era un país atrasado, donde la buena educación recaía en las clases pudientes. El pueblo silbaba por una llave hueca. En Alemania y Francia ya se comenzaba a construir un sólido modelo de educación nacional. Los “gimnasios” y los “liceos” aproximan la cultura a todos. Jovellanos había elegido el término “instituto” para designar al centro de estudios medios, dirigidos, no obstante, a los hijos de la burguesía. La clase media se reservaba así el acceso a la cultura, mientras permitía escuelas primarias para los pobres. La Iglesia por su parte, en un ejemplar esfuerzo que no debe ser olvidado, llevó la iniciativa de responsabilizarse de la primera educación de muchos niños que de otro modo hubieran permanecido ignorantes y analfabetos. Todo el siglo XIX español y buena parte del XX, arropó una lucha de intereses partidistas entre pedagogos conservadores y liberales. El plan del Duque de Rivas, por ejemplo, solo estuvo vigente ¡diez días! En una década hubo hasta siete planes educativos diferentes, como el propuesto por Romanones, el primero en mentalizarse de la industrialización y del progreso. Con Miguel Primo de Rivera, hubo dos bachilleratos: elemental y universitario; cada uno de tres años, más un curso común y dos específicos.
A todo esto, manga por hombro y la casa sin barrer. Porque el pueblo llano seguía siendo analfabeto en su mayor parte. Vemos a esos jóvenes y ancianos que contemplan embobados un entremés del Siglo de Oro escenificado por Lorca y sus compañeros de La Barraca. O por Casona, al frente del Teatro del Pueblo de las interesantes Misiones Pedagógicas (270 en 1934). Realmente existió un considerable esfuerzo, por parte de la II República, en llevar la cultura al pueblo, si bien podando los finales justicieros de todo matiz monárquico (como se hizo con la versión mutilada de Fuenteovejuna). Pero ya era tarde, pues la escisión entre los de arriba y los de abajo estaba garantizada por el abandono, el olvido milenario de estos últimos. El pueblo nació para servir y para estar en su sitio: que Peribáñez defienda a Casilda del Comendador, que obtenga el favor real, pero que no reclame una escuela. Lo suyo es el campo, las burras y la labranza. “Cada uno en su casa, y Dios en la de todos”. Bernarda tiene bien aprendida la consigna: “Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón”.
El divorcio clasista y malquerencia entre burguesía y proletariado condujo a tomar a los obreros como masa indolente y a machacarlos en la Semana Trágica de Barcelona (1909). Que fueran a Marruecos los padres y mozos de la chusma. Lo curioso es que justo tres siglos antes, en 1609, se extirpó a los moriscos por antiespañoles, ellos que eran los reyes del comercio textil y de florida agricultura. Lo cierto es que se usó la artillería contra las barricadas obreras del Paralelo y del Paseo de Colón. Cómo no, la Iglesia, que siempre está en medio, y lo mismo vale para un roto que para un descosido, volvió a pagar el pato: treinta conventos y veintiún templos quemados. Los que se salvaron, lo fueron por voluntarios carlistas, que no hay mal que por bien no venga. Un valiente maestrillo laico, Francisco Ferrer Guardia, era detenido el 1 de septiembre de 1909. El gobierno buscaba un responsable directo de la sublevación. Ferrer era carne de horca. Su fusilamiento, el 13 de octubre, causó honda conmoción en el extranjero, entre toda la izquierda europea. Maura se tuvo que ir a leer el periódico a un parque. Después veremos lo que va a pasar por armar a los catetos: hordas de ignorantes gañanes cayendo sobre Madrid, asaltando y desvalijando los mejores barrios, matando a los señoritos y violando a las niñas bien. Muchos han sufrido el azote ruin del terrateniente. Sobre todo, en Andalucía y Extremadura. Y no pueden más. Ya se huele la guerra.
……………………………………………………………………………………………….
Aldeacorba de Suso. Un pequeño llamado Celipín escapa de su casa con un raquítico hatillo sobre el hombro. Se quiere ir a Madrid, a estudiar, y ser un hombre de posibles, como el doctor Teodoro Golfín (de Gold y To find, ‘hallar oro’). ¿Lo conseguirá? Mejor para España si lo logra, y miles como él, que no deseen vivir sumidos en el yugo de la ignorancia.
Don Benito Pérez Galdós, quien ya habló de esta España nuestra, veía en una educación científica moderna la única solución para los males del país. Lo recogió en esa Marianela de Celipín, en Doña Perfecta y en otras novelas de su primera época. ¡Gran lástima fatal que nadie le hiciera caso!
………………………………………………………………………………………………..

14 de abril de 1931. Don Alfonso XIII se exilia para Cartagena, y luego Italia. Solo el diario ABC lo defiende. Se proclama en Madrid y en otros municipios la II República. Pero el cambio de régimen político no iba a venir acompañado, desgraciadamente, de cambios sociales relevantes. Los líderes republicanos, incluso los más radicales, jugarían con fuego a la hora de dotar de derechos y libertades a las clases bajas. No se trataba de imitar a los soviéticos, sino de hacer la revolución paulatina desde arriba, como se acometió en Francia en 1789. Nadie quería la toma del poder por los exaltados: ni Niceto Alcalá Zamora, ni Largo Caballero, ni Azaña, ni Gil Robles, ni Lerroux. Pero ahí estaban, ariete en alto, los comunistas y los anarquistas, que no eran tan señoritos como quienes se habían hospedado en la Residencia de Estudiantes o educado en la Institución Libre de Enseñanza. Entre los augustos “residentes”, Federico García Lorca, estudiante frustrado de Derecho, poeta enorme y genuino, a quien su padre pagaba gastos y los libros de poesía (que no daba ni para sopas de ajo). Federico era muy amigo de Fernando de los Ríos, ministro de Cultura, quien le abocó a La Barraca para que hiciera algo de provecho por la república. Federico era de una vivacidad increíble; era un sol todo el año; siempre estaba alegre. Así decía de él Jorge Guillén: “Hoy no hace ni frío ni calor; hoy hace Federico”. Con él iba la música popular andaluza, su cante, sus romances y su teatro del Barroco. Se hizo amigo de un pintor escuálido y algo huraño, ególatra y pretencioso a más no poder, hijo pródigo de un notario del Ampurdán: Salvador Dalí. También de un áspero aspirante a púgil, de cara recia y ojos saltones, llamado Luis Buñuel Portolés. Buñuel –alumno de corazonistas y jesuitas-- era un obseso de la religión, a la que odiaba y admiraba enfermizamente. Le gustaba vestirse de cura marista, como a Dalí, y hacer burla escatológica. Era un bruto irreverente, machista contumaz, que vendería el piano de su mujer para que esta no tocara. Luis caía en la vulgaridad más absoluta, como cuando cantaba la jota de su invención: “No me jodas en el suelo/ como si fuera una perra,/ que con esos cojonazos/ me echas en el coño tierra”. Una vez se acercó por detrás al dulce poeta y le espetó sin piedad: “—Oye, Federico, ¿es verdad que eres maricón?” Eso significó el final de la amistad entre vate y futuro cineasta, “ateo, gracias a Dios”. La puntilla la obró en París, en 1929, el cortometraje silente Un perro andaluz, en clara alusión al origen de Lorca. Buñuel había reclutado para el proyecto a Dalí, con quien Federico había tonteado más de una vez, sobre todo en Cadaqués, donde a menudo el poeta se ponía agorero y trágico y gustaba escenificar su propia muerte y entierro. Luis Buñuel, Salvador Dalí y Federico García Lorca constituían los mejores exponentes del arte de vanguardia que quería la izquierda española, frente a las opciones retrógradas y cansinas de Pedro Muñoz Seca, Ramiro de Maeztu o José Ortega y Gasset, de las derechas. Marañón y Unamuno estaban en la mitad, indecisos. Valle-Inclán, lo mismo, con sí con sa. Para mostrar el misérrimo estancamiento del campo español, Buñuel se marchó a la comarca de las Hurdes, para rodar Tierra sin pan (1932). Existía una fuerte conciencia solidaria en estos intelectuales que no era compartida a igual nivel por los teóricos conservadores, amigos de esbozar una revolución parca, controlada y cristiana. La Falange de José Antonio Primo de Rivera sería el medio para esa transformación. Una fuerza anticapitalista y anticomunista, alentadora, y a la vez redentora, del sacrificio pío obrero, bendecida por curas y dirigida por señoritas y señoritos tradicionalistas.
La República se escindía en dos mitades: derecha e izquierda. Y la izquierda era una Polinesia. Los socialistas velaban por los intereses del vulgo, a quien “es justo hablarle en necio para darle gusto” (Lope dixit). Los comunistas y anarquistas querían la locomotora a todo gas, y echaban más leña al fuego. En octubre de 1934, prendió la revolución popular minera de Asturias, sofocada por Franco con ayuda de la Legión. A nadie interesaba que los obreros tomaran el mando. Mil muertos, ejecuciones sumarias, torturas y despidos. La cuenca del Nalón era una región muy levantisca. Antaño quedó don Pelayo, las flechas reversibles y el tributo de las cien doncellas. De las regiones más bonitas de España, con sus Picos de Europa, sus pueblecitos pesqueros (Ribadesella, Cudillero, Luarca) y donde mejor se come. Qué le habría hecho la Santina a nuestro Nobel don Camilo, cuando tras las hoscas huellas de Buñuel, soltó aquel grueso improperio: “Si la Virgen de Covadonga es pequeñita y galana, que se jo**”.
A todo esto, más imágenes de santos a la hoguera. Nueva quema de iglesias en Madrid en mayo de 1931.
Tanto miedo tenían los socialistas a los partidos obreros que, cuando se forjó el Frente Popular el 15 de enero de 1936, se optó por dejarles fuera del mando. Se dice a menudo que el alzamiento militar y la Guerra (In)Civil fueron unos hechos mezquinos y sangrientos contra el gobierno republicano legítimo, pero se olvida que los verdaderamente sangrientos fueron muchos líderes de partidos y semipartidos, buitres carroñeros que engañaron y sangraron al pueblo, y condujeron al país al caos y al odio generalizado. Como acaece ahora, en nuestros días, que todos quieren mandar: centralistas, catalanistas, populares, socialistas, peneuvistas, regionalistas, etc. ¿Miran de verdad por el interés de España como nación madre? Seguramente no. Hasta alguno hay que se ríe del concepto de “patria”, como si fuera desde siempre un cuento o quimera.
………………………………………………………………………………………………………………
“--[Madre,] deme la navaja”. “—La navaja, la navaja… Malditas sean todas y el bribón que las inventó”. La Luna en presagio de la Mendiga, la Muerte. En muchos pueblos, familias enfrentadas por odios ancestrales. “Ha llegado otra vez la hora de la sangre. Dos bandos. Tú con el tuyo y yo con el mío”. “Esa gente mata pronto y bien”. En la España profunda y rural se mascaba el odio. Lorca lo comprendió y lo ofrece en altar dramático como ambiente de preguerra. Es el teatro el que hace ganar su primer dinero al poeta, merced a los acomodos de las actrices Margarita Xirgu y Lola Membrives. Lorca, apolítico en testimonio de su íntimo amigo Pepín Bello, declara el 15 de diciembre de 1934: “En este mundo yo siempre soy y seré partidario de los pobres. Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada y hasta la tranquilidad de la nada se les niega”. Ahora bien, el genio granadino se situaba ante el mismo dilema que había acuciado a Larra: ¿cómo estar con los pobres sin ser uno de ellos? Dilema que recuerda al del rico en el Evangelio: “Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás riqueza en el cielo; luego ven y sígueme” (Mc 10, 21). 

La primera víctima de una guerra es la inocencia. El general de la Benemérita Antonio Escobar Huertas, fiel a la legitimidad del gobierno republicano hasta el final, varias veces herido durante la contienda, murió en el foso de Montjuich besando un crucifijo. Como católico que era, obedeció a unos dirigentes que armaron a los anarquistas que asaltaron y quemaron los templos barceloneses. Pudo escapar a Portugal o a Francia, pero no aceptó tal solución. Ni Lorca, ni Maeztu, ni Muñoz Seca, ni tantos otros intelectuales, o simples hombres de bien, eran culpables de nada, pero se llevaron lo peor. Que no se vuelva a repetir. El pueblo español ya no vive en la ignorancia, mas debe huir del fanatismo y de la intolerancia de ideas y opiniones como de piel de lobo. Porque quien no recuerda su Historia, y no la toma como dura advertencia, está llamado a repetirla.
En el momento en que se extravía la idea de causa común (que es la que ha vuelto grandes a alemanes, franceses y anglos; que es la que salvó a Inglaterra con Churchill durante la SGM), un país camina al borde del precipicio. Lo vemos en "nuestras" repúblicas bananeras, legado de nuestro pasado histórico: cada uno tira hacia lo suyo, en vez de mirar el bien de todos. Y a los españoles nos está pasando lo mismo, con tanta corrupción, tanta “autonosuya”, y tanta mentira. A este paso, Dios nos coja confesados.
................................................................................................................
El pelotón que fusiló a García Lorca. 
Los asesinos de F.G. Lorca y Bernarda Alba.
Bernarda Alba y la muerte de García Lorca.

sábado, 2 de junio de 2012

Alarmante es la palabra revolución.


España 2012: un país de oligarcas. La oligarquía, supuestamente, es el gobierno de los mejores, de los aristócratas del mando. Ellos deberían velar por el interés de todos. Pero aquí solo se lo llevan. Entre pillos anda el juego. En realidad, nada separa esta España de la del siglo XIX, con el turno pacífico de partidos y una política de apaños.
"Oligarquía", en la primera acepción del DRAE (22ª ed., 2001), es el "gobierno de pocos", y en su tercera acepción, es, ciertamente, "conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio".
Agua clara.
UPyD acaba de proponer en el Ayuntamiento de Madrid la bajada de un módico 10% (¡no vayamos a pasarnos!) en el sueldo de los señores concejales (93.828 eurillos anuales, 15.643 por encima del Presidente del Gobierno). Naturalmente, a palabras necias, oídos sordos.
Por otra parte, para arreglar el panorama, 97.091 millones de euros de inversores extranjeros se van para la Barranquilla. Solo en el primer trimestre de este año. Y eso que tenemos un gobierno neoliberal.
Pero esto no es todo, amigos; aún hay más: los nacionales con posibles están cambiando euros por dólares todos los meses, en pequeñas cantidades que no superen los dos mil o tres mil euros, con la excusa de un viaje a EE.UU., para llevárselos a casa en previsión de una vuelta a la peseta. Otros acaudalados se van a Perpiñán, no para gozar de Emmanuelle precisamente, sino para evadir capital abriendo una cuenta en Francia o en Suiza.

Si viviera Galdós, vería con sus ojillos ciegos qué poco ha cambiado este país. Cierra su quinta serie de Episodios nacionales con Cánovas, y en su postrer capítulo escribe este vaticinio triste sobre nuestro eterno presente:
“Los políticos se constituirán en casta, dividiéndose hipócritas en dos bandos igualmente dinásticos e igualmente estériles, sin otro móvil que tejer y destejer la jerga de sus provechos particulares en el telar burocrático. No harán nada fecundo; no crearán una Nación; no remediarán la esterilidad de las estepas castellanas y extremeñas; no suavizarán el malestar de las clases proletarias. Fomentarán la artillería antes que las escuelas, las pompas regias antes que las vías comerciales y los menesteres de la grande y pequeña industria. Y por último, hijo mío, verás si vives que acabarán por poner la enseñanza, la riqueza, el poder civil, y hasta la independencia nacional, en manos de lo que llamáis vuestra Santa Madre Iglesia.

»Alarmante es la palabra Revolución. Pero si no inventáis otra menos aterradora, no tendréis más remedio que usarla los que no queráis morir de la honda caquexia que invade el cansado cuerpo de tu Nación. Declaraos revolucionarios, díscolos si os parece mejor esta palabra, contumaces en la rebeldía. En la situación a que llegaréis andando los años, el ideal revolucionario, la actitud indómita si queréis, constituirán el único síntoma de vida. Siga el lenguaje de los bobos llamando paz a lo que en realidad es consunción y acabamiento... Sed constantes en la protesta, sed viriles, románticos, y mientras no venzáis a la muerte, no os ocupéis de Mariclío... Yo, que ya me siento demasiado clásica, me aburro... me duermo...”.

Galdós, sin lugar a dudas nuestro novelista más fecundo y lúcido. Cualquier página suya es un ejemplo de excelente literatura. Un cirujano certero e implacable.

Galdós llama al espíritu rebelde, revolucionario. A la revolución de izquierdas contra los “neos”. Y sin embargo, por lo que hemos sabido y vivido después, cuánto cuesta dar ese paso de dolor e incertidumbre. “La revolución –decía aquel burgués de La Marsellesa (1938), de Jean Renoir—es el alzamiento de la chusma contra la gente de calidad”. Considérese esa “gente de calidad” como la oligarquía llamada a ostentar el mando. Si nos alzamos revolucionariamente, y derribamos a los políticos que nos engañan, ¿qué nos queda, cuál sería la alternativa, por quiénes los sustituimos?

Hay un drama de Antonio Buero Vallejo que retrata muy bien las dudas del teórico revolucionario para dar el paso a la acción violenta y destructiva. Se trata de La detonación (1977), sobre los últimos momentos de la vida de Larra. Larra  comprende y apoya las reivindicaciones del pueblo –las cuales incluso alienta--, pero no se decide a secundarlas, porque sería traicionar a su propia clase: la burguesía acomodada. De la pugna entre la razón y el corazón, nacerá la necesidad del suicidio, como fórmula de escape.

Las mejores revoluciones históricas no han sido una completa panacea, que se diga. Ideólogos de izquierdas han escrito amargamente contra la dictadura del proletariado. Así, Alejo Carpentier, en El siglo de las luces (1962), desencantado con la Revolución Francesa y sus efectos contradictorios en el Caribe: navega un barco negrero que se llama “El Contrato Social”; el verdugo del comité, experto en el manejo de la guillotina, reparte afable caramelos entre los niños… Así Giuseppe Tomasi di Lampedusa, en El Gatopardo (1958), con la promesa de Garibaldi, cuando lo mejor es la carne a la Marsala:

“Ustedes tienen ahora precisamente necesidad de jóvenes, de jóvenes despejados con la mente abierta (…) que sean hábiles en enmascarar, quiero decir en acomodar sus concretos intereses particulares a las vagas idealidades públicas (…) Todo esto no tendría que durar, pero durará siempre. El siempre de los hombres, naturalmente, un siglo, dos siglos… Y luego será distinto, pero peor. Nosotros fuimos los Gatopardos, los Leones. Quienes nos sustituyan serán chacalitos y hienas, y todos, gatopardos, chacales y ovejas, continuaremos creyéndonos la sal de la tierra.”

Así también George Orwell en Rebelión en la granja (1945), donde la oligarquía de los cerdos sustituye a la dictadura de los humanos, en clara referencia al Politburó soviético. Los cerdos son los que mejor comen, porque son los que mandan y necesitan alimentarse mejor. Así Arthur Koestler, en El cero y el infinito (Darkness at noon, 1941), o Boris Pasternak en Doctor Zhivago (1957). Así nuestro Jorge Semprún, en varias de sus novelas y guiones cinematográficos (como el de La guerra ha terminado, 1966).

En efecto, “Alarmante es la palabra revolución”, porque la violencia repele, mas ¿hay lugar para el bautismo del corazón humano? ¿Hay esperanza de un mundo justo?

viernes, 20 de mayo de 2011

JUAN NADIE 2011.

Lo que está pasando estos días en la capital de España tiene la lógica del descontento. Aún no se ha salido de la crisis, Alemania nos aprieta las clavijas y exige más empeño y sacrificios, y nuestros dirigentes --en teoría, servidores públicos-- no ayunan ni en Viernes Santo. Aquí no dimite ni Dios (con perdón). Aquí ningún político renuncia a una parte de los privilegios. Las listas cerradas posibilitan que un partido se gestione como un club privado. Consecuencia: ellos se lo guisan y ellos se lo comen. El inepto al mando de un cargo público pierde cuidado; a la semana siguiente de dejarlo es nombrado, por el partido, responsable de otro emporio, mejor si cabe que el que cedió como un erial. ¿Tiene que responder de su gestión? ¡Nunca! De eso nada. Además, existe la chulería de mantener las dietas y los sueldos generosos, las prebendas institucionales y un Retiro garantizado más pingüe que el propio palacio madrileño del XVII. Esta es la democracia de la risa, donde siempre hace buen tiempo... para los mismos.


La política, en los tiempos del Toma el dinero y corre, es un negocio redondo. Buena vida a bajo riesgo. La población te apoya, tarde o temprano, porque no le ofreces otra alternativa. Se habla de construir entre todos el "Estado del Bienestar", que debe de ser, en esencia, algo tan alejado como el castillo sobre la nube en Las habichuelas mágicas. El político comienza a asegurarse sus habichuelas muy pronto, en las juventudes --no hitlerianas, sino del PP o del PSOE--. Va aprendiendo a ser listo poco a poco, rodeado de buenos enseñantes que son, a su vez, rivales suyos en el arte de la satrapía. Se esconde en el tronco hueco, o disfraz del bien común. Succiona, vampiriza mientras su herida no deja cicatriz. Su saliva anestesia. Este es el advenedizo de la política, especimen ampliamente mayoritario en los partidos de nuestros días. Aunque la democracia siempre ha arrastrado sus más y sus menos en todos los espacios y momentos, también ha contado con mejores suertes, con figuras representativas que en verdad velaban por el interés general de su nación. Hombres de la talla de Thomas Jefferson, George Washington y Benjamin Franklin; como Winston Churchill y Lázaro Cárdenas; como Franklin D. Roosevelt y un selecto elenco. Les tocó abordar épocas extraordinariamente duras y difíciles, y obraron con acierto y maestría. Dieron ejemplo de gestión y obtuvieron la confianza mayoritaria de su pueblo. ¿Por qué no ahora esas figuras? La clase política actual no es que no nos saque de la miseria; es que nos hunde más en ella. Ahí está la máxima lapidaria de D. Tomás Gómez: "Quisiera para Madrid lo que Zapatero ha traído a España". O sea: el Hundimiento. Casi cinco millones de parados, y familias de clase media modesta buscando entre las basuras y en los contenedores de los supermercados, para aprovechar lo que no llega a fin de mes.



El diario El Mundo de hoy, jueves, 19 de mayo de 2011, trae una serie de reflexiones interesantes. En cabecera, una observación genial de uno de los mejores historiadores latinos, Tito Livio: "Solo sentimos los males públicos cuando afectan a nuestros intereses particulares". Así es. Solo llegamos a despreciar la podredumbre que nos rodea cuando, por fin, las ratas nos muerden los pies. El recurso del pataleo. Pero, ah, amigo, haberte echado a la calle antes, cuando el huracán se veía venir de lejos. En "Qué miedo da la calle", Victoria Prego apunta hacia una causa instrumentalizada: los manifestantes de Sol no culpan de la crisis directamente al gobierno de España, sino a la nebulosa política; es tiempo de elecciones municipales, y se presiente un triunfo holgado de la derecha en Madrid; conviene, pues, dificultar o aminorar ese triunfo. Los zascandiles no se concentran frente a la sede socialista de Ferraz; lo hacen en pleno centro, kilómetro cero, para dar la serenata a Esperanza Aguirre. Por otra parte, Prego parece hablar de unos pintas radicales reclutados por la izquierda, mientras los españoles decentes se quedan en su casa y el domingo van a emitir sus votos de castigo, en pro de quienes lo hace fetén.

La reportera Paloma Díaz Sotero, por su parte, esboza el perfil del dirigente anónimo Manuel Jesús Román Estrade, jerezano creador del dominio democraciarealya.es, órgano convocante del río popular de protestas. El chico defiende su autonomía, parece honrado, y habla de un movimiento independiente no faccioso. Es decir, podría ser un JUAN NADIE espontáneo y sincero. Un ser sencillo y común que alza su voz contra la injusticia y el robo indemne: "Estamos ya cansados de mentiras, de corrupción, de proteger a los culpables de la crisis (los bancos)". Y añade: "No hay líderes con los que negociar en estos movimientos que emergen en la Red". Lo malo es que su idea inicial puede ser todo lo legítima y moral que se quiera, pero a su propuesta se suman otros individuos y colectivos, que --como a las leyendas populares-- la pueden ir desvirtuando: la asociación de domadores de pulgas, los poceros malos y buenos, la Unión de Juventudes por el Amor a tres bandas, la Junta Comunal para la cría de la ostra perlífera, y así un largo etcétera de agrupaciones corales y vendedores de ilusiones. Después llegan los grupos parlamentarios, pero no a parlamentar, sino a tratar de infiltrarse en el movimiento para, a ser posible, dirigirlo contra el ruin adversario. Ya tenemos montada la exacta película de Capra: "--Oye, ve donde el Manolo ese de las pelotas y tráetelo a nuestra sede, que le vamos a invitar a caviar beluga a cambio de que le preparemos los discursos. En cuanto vea lo que es comer bien y vivir mejor, el dominio es nuestro". Se dice que todo el mundo tiene un precio, no importa cuánto sea el importe del cheque. Además, una vez ganada la confianza de la plebe, el sujeto es mucho más útil; con él se da mejor gato por liebre.

En el mismo ejemplar de El Mundo del jueves, Juan A. Herrero Brasas, profesor de Ética y Política Pública en la Universidad de California, escribe sobre La democracia real. Reivindica listas abiertas, con candidatos por circunscripciones, responsables directos ante el ciudadano, y no ante el partido. Eso es volver seria la democracia, hacerla hija de cristalero. Sucede en otros países de más larga y firme tradición parlamentaria (Estados Unidos, Reino Unido). ¿Por qué no aquí? ¿Qué es lo que asusta de ese plan? Evidentemente, que el líder local salga rana y no sea Uno de los nuestros. Los amiguetes cuyo apellido se presta para confeccionar las listas de candidaturas, y que van a faltar a la asamblea o al pleno del ayuntamiento cada sí y cada no. Pero son del equipo, están ahí, haciendo masa.

España sigue anclada en la Restauración y en el turno pacífico de dos grandes partidos. Esto anquilosa el sistema, lo adormece con láudano, lo anestesia. Mientras haya paz y bonanza económica y social, todo perfecto. Mas en era turbulenta, mala cosa. No se ha aprendido a salir de ese carruaje, ni se avanza hacia nuevos esquemas.

Al electorado compete votar o no en las elecciones del domingo. La democracia es un ejercicio libre. Se puede no ir a votar, hasta que las cosas cambien, votar nulo, o apostar por el voto que se crea más oportuno. Y, eso sí, la clase política debe pasar a la acción del cambio positivo, ya sin demora, y comenzar a predicar con el ejemplo. Tenemos que vencer el sarcasmo de Lampedusa y alejarnos del "Es preciso que todo cambie para que todo siga igual". O bien el futuro de nuestra Historia no está escrito aún, o bien es el Círculo de los mayas, o el péndulo de D'Ors ("Lo que no es tradición, es plagio").

* * *

[Juan Nadie (Meet John Doe, EE.UU., 1941; dir. Frank Capra; guión de Robert Riskin) es una sátira política a cuenta de un héroe de la plebe que una periodista se inventa. No existe el tal Juan Nadie, ni es cierto que se vaya a suicidar como protesta de nada. Ann Mitchell, despechada porque va a ser despedida de su medio, anuncia en su columna su trágico fin. El texto causa tal revuelo y conmoción entre los lectores que el periódico ordena buscar y encontrar a Juan Nadie. Un vagabundo se presta a asumir su identidad. Durante un tiempo, acata la voz de su amo y lee los discursos que le escriben. Pero pronto se rebela y empieza a hablar con su propia voz, y lo que dice no gusta a los fabricantes de sueños adulterados.]