“Con la edad, los ojos ven más lejos, no en la distancia, pero sí en el tiempo.” (aausábel, 2017)

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En este país...

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miércoles, 15 de abril de 2026

Casta Diva.

Norma, de Vincenzo Bellini, es una de las primeras grandes óperas italianas. Estrenada en 1831, en pleno movimiento romántico europeo, representa la apoteosis del amor sobre los preceptos. Norma es una sacerdotisa celta, que ha jurado castidad al dios Irminsul. Comanda la resistencia contra el invasor romano de la Galia, y todos los druidas la obedecen. Sin embargo, guarda un gran secreto: enamorada del procónsul romano Pollione, ha llegado a tener dos hijos con él. Pero a Norma le sale una competidora, la muy joven y hermosa Adalgisa, también acosada por Pollione. Virgen consagrada al templo, Adalgisa confiesa a Norma los requerimientos del impetuoso romano. Entonces, Norma, en un arrebato de ira y de celos, piensa en apuñalar a sus hijos. Pero, en un último momento, se contiene y los exculpa de lo sucedido. Los niños merecen vivir.

"Norma", en la representación del Palacio de Festivales (marzo 2026)

A los druidas Norma transmite su vaticinio: Roma no sucumbirá por esta guerra, sino víctima de su propia decadencia, por sus muchos vicios.

Pollione es apresado por los druidas y conducido ante Norma. Ella confiesa ante ellos, y ante su mismo padre, Oroveso, que ha quebrantado sus votos y se ha unido al romano. Se ofrece ella misma en sacrificio para el dios. Hace prometer a Oroveso que cuidará de sus dos hijos, nietos suyos. En la postrer despedida, Pollione reconoce a Norma su amor, y ambos caminan hacia la pira, para ofrecer sus vidas a Irminsul. Era este, al parecer, la encina sagrada donde crecía el muérdago, que debía ser cortado con una hoz de oro. Con este elemento parasitario, se preparaba una infusión, que se daba a beber a las jóvenes fértiles. Dos toros se sacrificaban, y su sangre se esparcía alrededor del árbol. Se cree que Carlomagno ordenó talar la encina sagrada en 772, para poner fin a las últimas ceremonias paganas. El culto druida fue proscrito ya antes, en el Concilio de Tours de 567.

Es evidente la inverosimilitud del relato: Norma consigue mantener ocultos a sus dos hijos --incluso a su mismo abuelo, Oroveso--, y presentarse pura ante la cohorte druídica. Pollione, a pesar de ser un picaflor, se deja amansar por la lealtad final hacia Norma, renuncia a la joven Adalgisa, y acepta el martirio junto a la madre de sus hijos.

Como suele suceder con los libretos de Ópera (este es de Felice Romani), se basa el argumento en el drama francés Norma, o el infanticidio, de Alexandre Soumet. Son evidentes las conexiones con la tragedia griega clásica, como la Medea de Eurípides. Solo que, en este caso, el impulso de venganza perece bajo el instinto maternal.

Norma es, sin duda, una de las cumbres del belcantismo. Ideada para Giuditta Pasta, famosa en su momento por una versatilidad supina para encarnar todo tipo de féminas, concita una tesitura exigente, propia del “canto declamato”, en el que la voz debe transmitir toda la intensidad emocional del habla, incluso alargándose en una melodía sin término.

La vigencia de Norma reside en el empoderamiento de su protagonista femenina, que es respetada y obedecida por los druidas varones. Se resiste al sometimiento del romano Pollione, aunque no puede escapar a un destino adverso, al ahogo de su dicha por la beligerancia contra el opresor y el mandato de una divinidad cruel. 

Es así que Norma es un personaje femenino fuerte, con pleno carácter. Durante un tiempo, ha sabido vivir obedeciendo al solo dictado de su corazón, de su amor por Pollione, pese a ser este un enemigo de su pueblo. Ha contravenido las normas de su religión, siendo ella, además, cabeza visible de la misma. Invoca a la Diosa Luna, emblema de la Pureza, y le pide que temple los corazones ardientes, y el celo audaz, para que haya paz en la tierra, como la hay en el cielo.

Norma, ópera en dos actos (de ochenta y sesenta y cinco minutos, respectivamente), se ha representado el pasado sábado, 28 de marzo, en la sala Argenta del Palacio de Festivales de Santander, en un montaje a cargo del Teatro Nacional de la Ópera de Moldavia y LG Artist Management. La dirección escénica es de Rodica Picereanu, y la musical de Óliver Díaz.

La soprano canaria Yolanda Auyanet compone una excelente Norma, con una potente interpretación del aria principal, “Casta Diva”, prueba de fuego para toda profesional del canto, como el “Nessum dorma”, de Puccini, lo es, también, para los tenores. Auyanet se ha venido destacando en las óperas de Roma y de Turín, así como en Maria Stuarda, en Madrid y Bilbao.

Ekaterine Buachidze, mezzo, nacida en Tbilisi (Georgia), es una esbelta y atractiva Adalgisa de noble timbre vocal. Ha cantado junto a Sonya Yoncheva, y se ha destacado en Roma, Tokyo, Varna y Valencia.

Andeka Gorrotxategi, tenor natural de Abadiño (Bilbao), da una muy digna réplica con su Pollione. Con repertorio de “spinto”, ha demostrado su maestría en los teatros de Roma, La Fenice, Turín, Madrid y Sídney.

Completan el principal elenco: David Cervera, bajo (Oroveso); Víctor Jiménez Moral, tenor (Flavio); y Laura de la Fuente, soprano (Clotilde).

Colaboraron, en esta función, la Orquesta Sinfónica del Cantábrico, el Coro Lírico de Cantabria, y alumnos de los Conservatorios Profesionales de Música “Jesús de Monasterio” y de Torrelavega.

Una buena representación de la ópera de Bellini, con una escenografía clásica fiel al original, a precios asequibles.

Antonio Ángel Usábel, marzo de 2026.

* * *

Bellini compuso la partitura de Norma para el lucimiento de su admirada soprano Giuditta Pasta. Según algunas opiniones, buscaba desposar a la hija de Giuditta.

El canto del rol protagonista exige un esfuerzo dramático considerable, y se acerca al estilo posterior verdiano. En concreto, una voz de soprano drammatico di agilità, un tipo hoy extinguido, muy polivalente, con resistencia y seguridad en todos los registros, con muy amplia tesitura, y una extensión superior a dos octavas. Además, el personaje colma con su presencia el escenario, y ha de mostrar muy variadas facetas: severa sacerdotisa, celosa consorte enamorada, y madre preocupada por el destino de sus hijos. El papel de Pollione debería ser interpretado desde un prisma de tenor lírico ligero, con agudos confiados al falsete, es decir, de un modo contenido. El periodista español Mariano José de Larra asistió a una representación de Norma en Madrid, en 1835, y dio fe de los falsetes en Pollione por el tenor Giovanni Battista Genero. Más tarde, sin embargo, se abandonó este estilo para el personaje y sus agudos resultan bastante más intensos.

El primer Pollione fue Domenico Donzelli, mientras que el bajo Vincenzo Negrini se encargó de Oroveso. El papel de Adalgisa recaía, primeramente, en una soprano, una “seconda donna”, y no en una mezzo. Era frecuente que quien empezara de Adalgisa, terminara como Norma, como le sucedió a Giulia Grisi en París, hermana de Giuditta Grisi, tan aplaudida por Larra en Madrid. En el siglo XX, la Adalgisa por antonomasia fue Fiorenza Cossotto. La pudo igualar, en 1954, Fedora Barbieri.

Presencia importante --que debe cuidarse-- alcanza el coro. En el siglo XIX, cuando no había una inversión destacada para él, se solía contratar a cantantes locales, sin una preparación exigente.

La obertura de esta ópera es una de las más bellas de la etapa belcantista, y a menudo se interpreta separada, como pieza de concierto.  

En cuanto a las representaciones “históricas” de Norma, cabe citar la del 3 de febrero de 1838, con la que se inauguró el Gran Teatro del Liceo. Rosa Ponselle la interpretó en el Metropolitan neoyorquino en 1927. Gina Cigna hizo su versión en 1937. Mítica, de verdadera consagración operística, fue la Norma de Maria Callas, en el Metropolitan, la noche del 29 de octubre de 1956. Repitió su virtuosismo en el Teatro de Epidauro, el verano de 1960. Anita Cerquetti tuvo un gran éxito en la Arena de Verona, en 1957. Joan Sutherland, como la Callas, se especializó en este papel desde 1967. Lo paseó por Nueva York, Sidney, y Barcelona (1986). Lo mismo nuestra gran soprano Montserrat Caballé, otra estupenda Norma en Milán, Londres, Barcelona, Turín y Viena.

Las grabaciones en audio más valoradas son: Maria Callas, Teatro de la Scala, EMI, 1954; Maria Callas, Teatro de la Scala, ARKADIA, 1955; Anita Cerquetti, Ópera de Roma, G.O.P., 1958; Joan Sutherland, con Richard Bonynge (dir.), DECCA, 1964; Leyla Gencer, Teatro de la Ópera de Bolonia, MYTO, 1966; Montserrat Caballé, con Plácido Domingo, Orquesta Filarmónica de Londres, RCA, 1972;  Montserrat Caballé, con Josephine Veasey y Jon Vickers, Teatro Regio de Turín, OPERA D’ORO, 1974 [de absoluta consagración]; Montserrat Caballé, con Riccardo Muti (dir.), Staatsoper de Viena, EXCLUSIVE, 1977; Renata Scotto, con Tatiana Troyanos, SONY CLASSICAL, 1979.

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