“Con la edad, los ojos ven más lejos, no en la distancia, pero sí en el tiempo.” (aausábel, 2017)

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En este país...

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jueves, 28 de junio de 2018

Berrio-Otxoa: hasta el último suspiro.


En memoria de Mª del Carmen y Mª Jesús
Capelastegui Cortázar, “las hijas del médico”.
Hai-Duong. Una hora para congraciarse con su Dios. Tres frailes dominicos y un catequista rezan atados a unas estacas clavadas en el suelo. Han llegado hasta allí encerrados en unas jaulas de bambú diminutas, que solo les permitían estar acuclillados. Al pasar por el templo de Buda, los mandarines han pedido permiso para el ritual del sacrificio humano. Es Tonkín, en Indonesia, actual Vietnam del Norte. 1 de noviembre de 1861. Francia y España –desde Manila—intentan extender su área de influencia en Extremo Oriente. Los extranjeros no son bien recibidos, especialmente si son misioneros y quieren propagar el cristianismo. Los caciques locales miran muy recelosamente a los enviados de un mundo distinto, ajeno, y no están dispuestos a ceder ni un mínimo de poder e influencia. Los mandarines decretan la persecución implacable de los cristianos. Los predicadores han de refugiarse en fosos camuflados bajo las chozas de paja. Pasan allí, sin luz ni ventilación, muchas horas, hasta que el peligro ha pasado. A veces, se olvidan de ellos, y tienen que aporrear la trampilla de tablas para que les dejen salir.
Todo esto ya lo sabía Valentín Faustino de Berrio-Otxoa y De Arizti cuando era un adolescente, servía de monaguillo en Elorrio (Vizcaya) y soñaba con convertirse en el primer mártir de la fe vizcaíno. Su madre, doña María Mónica, servía en casa del señor cura, y a diario llevaba al niño Valentín a contemplar la imagen de la Purísima Concepción de la parroquia. El padre de Valentín, don Juan Isidro, tenía una modestísima carpintería, donde ayudaba el chico cuando era menester. Los curas pronto se hicieron cargo de la educación del muchacho, quien tenía, además, un tío sacerdote en Guetaria. Ocurrió un día en que, con mar embravecida, un Valentín de catorce años desapareció entre las pindias olas, para gran temor y sobresalto de su señor tío. Tardó rato en reaparecer en la playa, sano y salvo, como por milagro. El joven confesó que se había visto sumergido y sin poder ver nada entre la arena, que había rezado intensamente a la Virgen Madre, y que de repente había alcanzado la playa. Poco podía sospechar él entonces que el destino le haría llegar como náufrago a una playa por segunda vez, cuando ya hubiera traspasado el umbral de la muerte.
En el convento de las Madres dominicas de Santa Ana había un capellán confesor, el Padre Mendoza, quien es el primero que habla al muchacho de las crueles persecuciones de frailes en Tonkín. Valentín abre sus oídos a estos relatos y se propone ser sacerdote. Siempre fue un alumno aventajado, con facilidad para aprender casi por sí mismo tanto las letras como el arte de la carpintería. Empieza con los latines y hace, con quince años, voto de castidad. En octubre de 1845, parte en diligencia para el seminario de Logroño. Valentín tiene dieciocho años. Se esfuerza mucho en los estudios. Pero el pobre negocio de su padre lo reclama y el joven (ya tonsurado) ha de abandonar el seminario. Malamente resignado, mas siempre obediente, trabaja con Juan Isidro en Elorrio y en Galdácano. Sin recursos económicos, no puede seguir la carrera eclesiástica. Entonces decide marchar a pie a Roma para suplicar al Papa una ayuda. Pero tiene la inesperada suerte de que el recién nombrado obispo de Calahorra, don Miguel de Irigoien, sepa de su caso y le haga director de novicios. El profesor sabe tanto como sus alumnos, pero con empeño supera la prueba y, en 1851, es, por fin, ordenado sacerdote. Se pone tan engolfado de lo divino que en una fonda de Elgueta baila un aurresku. 
Es fama que Valentín se arrebolaba en las homilías, que improvisaba y extendía infinitamente. Pronto se gana aura de santo. Inquieto, tiene una idea fija: hacerse misionero. Para ello, parte a recibir preparación al convento dominico de Ocaña, en la provincia de Toledo. El 12 de noviembre de 1854, hace su voto de servir en misiones hasta la muerte. El 28 de diciembre, día de Inocentes, viaja a Cádiz, desde donde escribe a sus padres antes de embarcar en una fragata hacia Filipinas. Les pone: “Adiós, mis amados padres. Su hijo no va a las Indias en busca del oro y de la plata, sino a conquistar el Cielo para sí y para los demás.” Lleva de capitán a un formal vizcaíno, muy devoto, y de compañeros de travesía a cuarenta monjes franciscanos. Tras cinco meses de mar, alcanzan Manila. Una vez allí, a Berrio-Otxoa se le asigna el Tonkín, a donde llega clandestinamente, sucio, cubierto de barro, hambriento, a la choza de los padres Hermosilla y García San Pedro.
A los dos meses, con sus 31 años, Valentín es ya obispo coadjutor. Se le consagra como en una tarasca barroca, a las dos de la madrugada, con un báculo improvisado con bambú y una mitra de cartón. Tiene la fortuna de poder recibir alguna carta de su señora madre, desde Elorrio, que él contesta con delicadeza y mucho amor: “No pierda Vd. el sueño pensando en su hijo. Solo debe Vd. pedir a Jesús y a María la gracia de que me ayuden siempre y me protejan hasta el último suspiro.” “Lagun egin daistela beti eta zaindu nagiela azken-arnasararte.”
El 28 de julio de 1860, los mandarines se ensañan en el suplicio con monseñor García San Pedro. Las marinas española y francesa intentan desembarcar para proteger a los foráneos. No consiguen sino enfurecer aún más al rey Tu-Duc y la persecución repunta y se recrudece.
Berrio-Otxoa, el P. Hermosilla, el enfermo P. Almató y el catequista José Khang se refugian en un arrozal por consejo de un traidor que los denuncia a los represores. Trescientos esbirros rodean el arrozal y los religiosos son encontrados y detenidos. Es 25 de octubre de 1861.
Al llegar a la ciudad, ven una cruz en el suelo. Se les pide que la pisen. Valentín y sus compañeros se arrodillan y la besan. Después llega un duro interrogatorio. A pesar de que Berrio-Otxoa insiste en que su misión es solo apostólica, no política, los mandarines decretan la pena capital.
El Padre Hermosilla pide las mercedes de una hora de plegaria en silencio, y de que el fiel indonesio sucumba el primero, para ahorrarle el sufrimiento de ver morir a los hermanos. Le son concedidas.
Cuando el ejecutor tolera que un condenado pase una hora de recogimiento en silencio con su dios es que respeta las creencias de aquel. No las comparte, pero intuye que hay algo, un misterio que merece cautela. Que merece un cuidado tal vez supersticioso. No es un loco alucinado el que implora, sino un hombre que se dirige con piedad y fe hacia su dios. “Padre, estoy aquí ante ti, rogando que perdones mis faltas cometidas, que me des fuerzas en esta hora para que no me sienta abandonado por ti. Señor, dime que estás ahí. Dime que te sobrecoge el martirio de tu siervo. Hazlo llegar a mi corazón. Que mi último pensamiento y mi postrer suspiro te pertenezcan. Ha llegado por fin la hora que tanto esperaba. El momento para el que me he estado preparando tantos años, desde niño. Aquí estoy, solo, ante ti, solo contigo. Escucha mi oración, Señor. Que mi brazo sienta tu mano, que mi mejilla una caricia tuya. Hazme sentirme acompañado, y que no flaquee en el instante de mi muerte. Hazme digno de ti y de tu Gloria, Señor. Bendito sea siempre tu nombre. Amén.” Y en rápida sucesión las imágenes de la niñez, de la familia de Elorrio y de Vascongadas. Las pequeñas chanzas, el sonido del txistu y del aurresku, la airada voz del mar en Guetaria, el coro de las monjas, las risas de las mozas, la letanía de las viejas, los cantos y decires, el bote seco de las pelotas de frontón, las travesuras de los chicos en la calle… Los abrazos y besos de una madre que mira con amor y orgullo a su hijo y no desea verlo alejarse. Los ojos centinelas del padre para reprender cuando haga falta. Valentín se despide del mundo. Adiós a la vida.
Pasa la hora y se abre paso el verdugo con el sable. Ejecuta primero al reo indonesio. Después a cada uno de los frailes. Berrio-Otxoa está arrodillado, con las manos fuertemente atadas al poste trasero. Un sicario le ha pasado una soga por la barbilla, que tensa hacia atrás, arqueando la espina dorsal y ofreciendo todo el cuello al sable del verdugo. La hoja silba y mella el aire. Lo demás… es Historia. 
Valentín de Berrio-Otxoa había nacido en Elorrio, el 14 de febrero de 1827. Cuando su vida se extinguió en Tonkín tenía treinta y cuatro años.
El 20 de mayo de 1906, Valentín de Berrio-Otxoa y sus compañeros martirizados con él son beatificados en Roma por el Papa Pío X. 
El 19 de junio de 1988, el Papa Juan Pablo II lo canoniza junto a otros 116 mártires cristianos de Tonkín.
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¿Qué pasó con los restos del santo Berrio-Otxoa? Esa es la segunda parte de su historia, que conviene abordar también. 
Las Vascongadas se movieron muy pronto para conseguir que Berrio-Otxoa fuera declarado venerable y beato. Los apoderados de Elorrio consiguen que se apruebe una moción de las Juntas Generales de Guernica en este sentido, el 15 de julio de 1862. El Ayuntamiento y Cabildo de Elorrio instan a la Diputación Foral de Vizcaya a la recogida y examen de virtudes y de hechos del venerable obispo martirizado, en carta con fecha de 8 de octubre de 1862. El 16 de abril de 1866, la Diputación Foral de Vizcaya escribe al Vicariato de Tonkín sobre la localización de los restos mortales del mártir elorriano y ruega su repatriación a Vizcaya. El 25 de julio de 1867, responde el obispo Fray Bernabé García Cezón, Vicario apostólico del Tonkín central. Ni la autoridad eclesiástica, ni los misioneros dominicos se oponen al traslado a España del cadáver de Berrio-Otxoa, que es exhumado de su lugar secreto de entierro. Fray Bernabé trató en vida al mártir, cuando este se formó en el convento dominico de Ocaña. Ve llegar sus huesos el 2 de mayo de 1867. Ordena en seguida que se busque barco para conducirlos a la madre patria. En junio va a partir un sampán hacia Hong Kong, que es medianamente fiable, dentro de lo que hay. Embarcan los custodios con los restos sellados y lacrados el 17 de junio. Pero en la mañana del 18, una imprevista y terrible tormenta hunde el sampán en el mismo puerto, antes de hacerse a la mar. Perece un niño de pecho, y la madre y demás tripulación y pasaje se suben a una vela y salvan la vida. Las aguas resultan poco profundas en puerto y se retiran con la bajamar, dejando ver el casco de la nave. Los saqueadores se aprestan a recoger cuanto pueden. Alguien da con una caja de maque, la abre, y en un saco de seda ve que hay una osamenta. Los saqueadores, muy supersticiosos, tiran el saco al agua y gritan enfurecidos que aquello fue una maldición de los dioses. Quiso el azar que la marea condujera el saco de seda hasta una playa, y que un vecino lo encontrase y enterrase. Los frailes misioneros dieron con este hombre que, previo pago, los llevó hasta los restos. (Según la segunda versión del Padre Bernabé García, los encontró el catequista Juan Dao en la propia casa del rescatador). Los huesos fueron reconocidos por su sello mayor, el certificado húmedo pero legible, y los tres paños de seda de platina dorada y algodón blanco.
Por segunda vez, siguiendo un insondable destino, Valentín Faustino era rescatado del mar y depositado sobre la arena de una playa. Esta vez cadáver.
Pero, sorprendentemente, faltaba un importante elemento del cuerpo de Berrio-Otxoa: la cabeza. Esto es, al menos, lo que atestigua Fray Bernabé en julio de 1867. Como consecuencia del hundimiento del sampán y de la fuerte tormenta desatada, hubo inundaciones de villas, desbordamiento de ríos y vientos huracanados que barrían las frágiles casas. Las autoridades prohibieron que se volvieran a subir restos humanos a una embarcación y los guardias del puerto tenían orden de registrar cualquier paquete a conciencia. 
Así pues, el traslado de los huesos del mártir hubo de aguardar varios años. En concreto, hasta el 7 de marzo de 1886, fecha en que Fray Wenceslao Oñate, Vicario apostólico de Tonkín central, vuelve a reconocerlos y a certificarlos, con destino a España. 
Sin embargo, hay una porción del esqueleto que se va a quedar en Tonkín, para ser venerada allí; en concreto, los dos húmeros, el maxilar inferior y una rótula.
No se menciona si ha sido hallada la cabeza de Berrio-Otxoa.
De Manila zarpa un vapor, el Isla de Luzón, con los restos del mártir a bordo el 1 de mayo de 1886, y llega a Barcelona el jueves, 3 de junio, cerca de las tres de la tarde. Entre quienes reciben la caja se encuentra el patriarca del nacionalismo vasco, un joven Sabino Arana Goiri. 
El 7 de junio sale la caja desde la Estación del Norte barcelonesa con destino a Vitoria. Allí llega al día siguiente, 8 de junio, a las dos y media de la tarde. El 9 de junio parte en carruaje hacia Elorrio. A las cuatro de la tarde, se detiene un tiempo en Durango. Con la caída de la tarde del 9 de junio, entre cohortes de velas encendidas, entra la caja en Elorrio. Se la recibe con un himno solemne escrito por León Capelastegui y musicado por Pedro Lizarraga, organista. El primero, poeta y erudito, cerraba un breve ensayo sobre el culto a ciertas plantas el 10 de mayo de 1884, que salió en el tomo décimo de Euskal-Erria: revista bascongada (San Sebastián).
El 11 de junio, a las siete de la tarde, y sin haber sido desprecintada, la caja de la osamenta es introducida en otra de cinc, que se asegura con un alambre galvanizado soldado. El bulto se introduce en el mausoleo de mármol de Carrara debido al escultor bilbaíno Vicente Larrea, que estaba ubicado en la Parroquia de la Purísima Concepción de Elorrio, a la derecha del altar, entre el altar de San Miguel y el lado del Evangelio.
Allí permanece intacto hasta 1905. 
Cuando se aproximaba la fecha de su beatificación romana, los restos de Berrio-Otxoa fueron exhumados para recibir un aún mejor enterramiento. 
Y fue entonces cuando quedaron expuestos, para su reconocimiento médico-forense y toma de muestras para relicarios.
El 16 de septiembre de 1905, a media mañana, los médicos Juan Tomás Ibieta Lasaga y Tomás Capelastegui Astarloa (mi bisabuelo) reconocieron la osamenta. Hubo partes pequeñas del esqueleto que se metieron en un ánfora de plata, que debía llevarse a Roma. El resto se devolvió al sepulcro originario.
El 11 de julio de 1906, siendo ya beato Berrio-Otxoa, se volvieron a exhumar sus reliquias para colocarlas en una caja de plata y cristal. Se certifica que estaba el cráneo, que fue metido en un envoltorio de paño blanco de raso de seda con fragmentos óseos; en un segundo paquete iba la columna vertebral con las costillas; y en un tercero, los brazos. Los fémures se inhumaron sueltos esta vez. Se aprovechó la operación para separar pequeños trozos de hueso para atender a diversas peticiones devotas. Esto se hizo bajo control estricto, con el debido certificado reglado para cada reliquia, y so pena de excomunión si alguno de los operarios se hubiera guardado una mínima parte de esqueleto.
El cráneo no se echó en falta en esta exhumación de 1906, y tampoco debió de notarse su ausencia en la apertura de 1905. Esto quiere decir que entre 1867 –fecha de su primer intento de traslado a España—y 1886 –año de su llegada a Barcelona--, hubo un momento en que, en Tonkín, aparecería la calavera supuesta del venerable.
Es conjeturable que, en 1867, alguno o algunos de los padres misioneros dominicos de Tonkín decidieran apartar la cabeza de Berrio-Otxoa, como parte emblemática del cuerpo, y no mandarla a España. Posteriores pesquisas del Vicario darían con ella y se ordenaría, entonces, incluirla en el lote de huesos que viajó en el Isla de Luzón.
O quizá se hallara un cráneo que no fuera el de Berrio-Otxoa, sino el de otro compañero muerto con él. Adjuntar la cabeza daba un mayor “decoro” al conjunto. El aditamento pudo realizarse aun a sabiendas de que esa no era la cabeza del mártir de Elorrio.  Simplemente, con la intención de completar lo incompleto.
También desconocemos cómo se custodiaron e identificaron los restos desde el momento de la ejecución (1 de noviembre de 1861) hasta su exhumación para traslado en 1867. Hay que tener presente que, junto a Berrio-Otxoa, perecieron otras tres personas, dos de ellas frailes como él. Los cadáveres permanecieron en el lugar de la ejecución varias horas, hasta que fueron retirados por seguidores cristianos de un modo totalmente clandestino. ¿Qué se hizo después con ellos? Eso no está bien documentado. Según algunos bocetos, las cabezas de Berrio-Otxoa y de sus compañeros fueron colgadas y exhibidas como escarnio, con lo que es hasta posible que nunca se recuperaran.
En cualquier caso, Valentín de Berrio-Otxoa es un mártir para el recuerdo, un hombre nacido para llevar la doctrina cristiana, como mensaje libertador, a los confines del mundo.
© Antonio Ángel Usábel, junio de 2018.

[Con información procedente de Berrio-Otxoa, por el P. Carlos del Río, Asuncionista, Bilbao, Larrea-tar Koldobika Mirena, 1987; Proceso de beatificación de Valentín Berrio-Otxoa (1862-1906), de Román Berriozábal Azpitarte, Bilbao, Diputación Foral de Bizkaia, 2005]

domingo, 10 de junio de 2018

Divertimento Debussy.


Con motivo del primer centenario de la muerte del compositor francés CLAUDE DEBUSSY (1862-1918), se ha estrenado el montaje teatral Debussy: amor y desamor, por un trío y un actor. El guion corre a cargo del narrador e intérprete Javier González de la Higuera, quien es acompañado por un trío musical que lo componen Pilar de la Casa (violoncello), Pablo Paniagua (violín) y Ramona Vergoti (piano).
El objetivo de la obra es hacer una incursión desenfadada por la ajetreada vida amorosa del músico, por medio de dar voz a dos de sus mujeres, con ironía y comicidad, pero siempre con respeto. Es evidente que se parte del ensayo de Fernando Argenta Los clásicos también pecan (2010), ya de por sí dotado de chispa, y crítico con la faceta íntima del genio galo, como cuando anota: “Su prestigio como compositor subía al mismo tiempo que su prestigio como persona bajaba.” Debussy fue uno de los grandes renovadores del arte sonoro al incorporar todas las notas de la escala (escala de tonos enteros) y saber crear una atmósfera etérea, evanescente, entre la realidad y el sueño. Cuando uno escucha a Debussy, le parece entrar en un mundo de faunos y ninfas, de paraísos bajo el mar o Atlántidas resucitadas. Esto explica que fuera muy utilizado en Hollywood, en aquellas películas de contenido dramático en que pasado y presente se mezclan y la muerte se dulcifica. Es el caso de un gran clásico de William Dieterle, The Portrait of Jennie (El retrato de Jennie, 1948), cuya banda sonora utiliza temas de Debussy. Un pintor (Joseph Cotten) se encuentra con una muchacha misteriosa (Jennifer Jones), a la que va viendo crecer en momentos intermitentes de su vida. La joven es un fantasma que se pierde entre la niebla. El pintor se prenda de ella y realiza un retrato. La historia original se debe a Robert Nathan. Autores de bandas sonoras como Miklós Rózsa (Spellbound) o Franz Waxman seguramente han registrado la influencia en su música de Claude Debussy.
Javier González de la Higuera es un actor de una dúctil versatilidad: su rostro lo mismo causa inquietud y desasosiego, como motiva a risa. En este caso saca su lado más humano y caracteriza de manera muy simpática, pero nada simple, a Gaby y Lilí, dos de las mujeres a quienes el músico frecuentó y que seguramente él amó a ratos. Gaby y Lilí sufrieron ambas un intento de suicidio cuando el músico perdió el interés en ellas. Debussy era un “rompecorazones”, muy dado al galanteo perpetuo. Llegaba a tener relaciones íntimas con señoras de más edad que contrataban sus servicios para dar clases a sus hijos. Por otra parte, el compositor siempre pretendió un “amor intelectual” que nunca llegó a materializarse. Obtuvo cierta estabilidad cuando se unió a Emma Bardac, quien había sido amante antes de Gabriel Fauré. Claude se divorció de Lilí el 2 de agosto de 1905, y el 30 de octubre de ese mismo año nacía su única hija, Claude Emma, apodada “Chouchou”, la gran pasión del músico.
En 1909, Claude Debussy comenzó a sufrir hemorragias intestinales. Fue intervenido el 7 de diciembre de 1915, pero el cáncer estaba ya muy extendido. Murió, entre los bombardeos de París por los alemanes, el 25 de marzo de 1918. Solo un año después, moría también su hija Chouchou, a los trece años, de difteria.
La selección de las piezas musicales de Debussy que acompañan a los soliloquios del narrador es ajustada y precisa: “La terrasse des audiences du clair de lune” (piano), “Beau soir” (violín y piano), “Reverie” (cello y piano), “Trío en sol mayor”. El espectador agradece escuchar la armonía de Debussy en directo. 
Una representación sencilla, pero sugestiva, que se disfruta con mucho gusto, y muy de agradecer para la paz del corazón.
© Antonio Ángel Usábel, junio de 2018.

domingo, 1 de abril de 2018

Jesús ha resucitado.

PEDRO APÓSTOL es el primero en hablar de la Resurrección del Señor al pueblo judío. Paralelamente a ello, los gentiles --no judíos, no circuncidados-- reciben el don del Espíritu Santo. El triunfo de Jesús sobre la muerte trajo la alegría y la Salvación a todas las naciones.

viernes, 30 de marzo de 2018

El Holocausto de Cristo y el pacto de Dios con Abrahán.


En Viernes Santo Jesús es ajusticiado. Dios Padre lo ofrece en sacrificio para Salvación de toda la especie humana. La circunstancia de la entrega de Jesús para una muerte en la cruz responde a una actualización de lo que un día pidió Dios a Abrahán: el sacrificio de su hijo Isaac, habido muy tardíamente con su mujer Sara. Abrahán estaba dispuesto, por amor y obediencia a Dios, a quedarse sin su tan ansiado hijo Isaac. Había tenido a Ismael con su esclava egipcia Agar, a instancias de la propia Sara. Pero Isaac había llegado después y era hijo varón de su esposa Sara. Agar e Ismael habían sido además desterrados a petición de Sara, quien no deseaba ningún competidor para Isaac. Dios aprobó esta decisión, con la promesa de que haría también un gran pueblo de los descendientes de Ismael. Ismael fue luego una figura venerada en el Corán, pues dio origen a los ismaelitas, un pueblo que habitó el norte de Arabia.
Abrahán sube con Isaac al monte Moria, lo ata de manos y lo pone sobre la leña, para degollarlo. Va a cumplir el mandato del Señor. Demuestra una fe completa y una total confianza en Él. En el instante de alzar su cuchillo, la voz de un ángel lo detiene. Y entonces el ángel le dice a Abrahán algo muy curioso: “Ya veo que obedeces a Dios y que no me niegas a tu hijo único.” (Gn 22, 12) ¿Era un ángel hablando en nombre de Dios? En ese caso, Abrahán no le niega su hijo Isaac al ángel, y es el ángel quien debería recibir el sacrificio del muchacho. ¿O bien se trataba del propio Dios, y no de un ángel, y era a Él a quien no se le negaba la muerte de Isaac? El caso es que un carnero, con los cuernos enredados en una mata, ocupa el lugar del sacrificio, e Isaac queda libre y vivo.

Los ángeles parecen ser los portavoces de la intención divina en el Antiguo Testamento. El episodio del monte Moria termina con el consabido pacto de Dios con Abrahán: “—Juro por mí mismo, palabra del Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu único hijo, te colmaré de bendiciones y multiplicaré inmensamente tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra alcanzarán la bendición a través de tu descendencia, porque me has obedecido.” (Gn 22, 16-18) 
Una vez fallecida Sara, con ciento veintisiete años, en Hebrón, Abrahán tomó por esposa a Queturá, y todavía le quedó combustible para engendrar otros seis hijos. Abrahán murió con ciento setenta y cinco años, y sus hijos Isaac e Ismael le dieron sepultura en la cueva de Macpelá, en el campo de Efrón, hijo de Sojar, el hitita, que el propio patriarca había comprado antes por cuatrocientas monedas de plata a Efrón. Abrahán significa “padre de una muchedumbre”. Abrahán llegó a Canaán, a la región de Hebrón y Berseba, con las migraciones arameas, a principios del dos mil antes de la era cristiana. Fue el primero en circuncidarse a sí mismo y en circuncidar a todos sus hijos y esclavos. Todos los hebreos se consideran “hijos de Abrahán”, así como todos los árabes igualmente, por medio de la descendencia de Ismael. Abrahán es el más grande de todos los patriarcas. Por su parte, Isaac engendró en Rebeca a Esaú (el velludo) y a Jacob (el sostén de Dios), que eran gemelos. Esaú era el mayor, pero vendió su derecho de primogénito a Jacob, padre de las doce tribus de Israel. Jacob murió en Egipto; luego su cuerpo fue llevado a Canaán, a la sepultura de sus padres.

San Pablo recuerda el conato de holocausto de Isaac en el capítulo once de su carta a los Hebreos, y parece equipararlo con el caso de Jesús –cuyo nombre quiere decir “Salvador”--. Escribe Pablo que “por la fe, Abrahán, sometido a la prueba, presentó a Isaac como ofrenda […] Pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar de entre los muertos. Por eso lo recobró para que Isaac fuera también figura.” (Hb 11, 17-19) Es un pasaje oscuro, de significado nada explícito. Debe ser interpretado como que Isaac era, en realidad, un anticipo de Cristo, o “figura de Cristo Jesús”. En la traducción Reina-Valera, se aclara más este sentido: “pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.” Abrahán recuperó a Isaac, porque este estaba destinado al sacrificio. Dios recobra a su Hijo Jesús porque este vence a la muerte. Es decir, regresa de entre los muertos. En la Nueva Versión Internacional de la Biblia se apuntala esta lectura que hemos hecho: “Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos”.
Los primeros cristianos asimilaron el ofrecimiento de Isaac en sacrificio a la crucifixión de Jesús, según se demuestra por las pinturas en las catacumbas.

Con el Hijo de Dios no hay ningún ángel que detenga el látigo romano, ni la coronación de espinas, ni la crucifixión. Esta vez la ofrenda se realiza con todas las consecuencias. Jesús perece la víspera de la Pascua judía. Dios no aparta de Él ese cáliz, sino que incluso le acerca una esponja empapada en vinagre. “--Tengo sed. Todo está cumplido.” Palabras finales de Jesús, según San Juan. “—Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”, último dicho, según San Lucas. Marcos y Mateo alimentan la duda rebelde: “—Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Un término de duro reproche dirigido a quien tampoco esta vez se le llama “Padre”. Cristo-Hombre se distancia de Dios-Creador, porque se ve como “distinto” a Él. Como “otro”. Yo soy aquí el que está padeciendo, en la cruz, ¿dónde estás tú, pues, Dios mío? Quizá fue este distanciamiento entre el ser del hombre Jesús y el Ser de Dios el que llevó en 190 a Teódoto el Curtidor a pensar que Cristo era solo el “hijo adoptivo de Dios”. Con él, Pablo de Samosata, Arrio (siglo III) y Elipando de Toledo y Félix de Urgel (siglo VIII). Elipando fue tildado de “cojón del anticristo” por Beato de Liébana. Sea como fuere, Jesús, obedeciendo la voluntad de Dios, se ofreció como Salvador de todos los hombres al aceptar su holocausto. 
© Antonio Ángel Usábel, marzo de 2018.
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Los musulmanes tienen a Abrahán y a su hijo Ismael como fundadores del santuario de La Meca. Abrahán fue el primer patriarca no idólatra, ni judío ni cristiano. La huella de su pie quedó impresa sobre la Caaba, la piedra sagrada custodiada en La Meca. Admiran de Abrahán su sumisión a Dios. Abrahán se sometió en todo momento a Dios sin rechistar. Por eso le consideran depositario del único culto verdadero. En el Corán es el primero que cuestiona la resurrección de los muertos: “Señor mío, muéstrame cómo resucitarás a los muertos. Respondió: ¿No crees? Dijo: Sí, pero mi corazón se tranquilizaría. Dijo Dios: Coge cuatro pájaros, acércalos a ti y despedázalos. A continuación pon parte de ellos en cada monte. Después llámalos: Te vendrán con premura. Sabe que Dios es poderoso, sabio.” (Azora II, 262)
Respecto a la concepción milagrosa de Jesús –que es dogma de fe—solo el evangelista Lucas la explicita. No hay precedentes en el Antiguo Testamento. Lucas era un médico fuertemente helenizado, autor también de los Hechos de los Apóstoles. En la mitología helena eran frecuentes los hijos de un dios y una mortal. En los Evangelios se citan varias veces los parientes directos de Jesús, hermanos y hermanas. La Iglesia Católica lo explica argumentando que se trata de primos y primas. Todos los Evangelios sinópticos y el de San Juan los mencionan: Mc 3, 31; Mc 6, 3; Mt 12, 46; Mt 13, 56; Lc 8, 19; Jn 2, 12. En el de Mateo, a Jesús se le desconoce en su residencia como un profeta, pues se le ve tan solo como el “hijo del carpintero” y de María, hermano de Jacobo, José, Simón y Judas (Mt 13, 54-57). La controversia es grande, pero no supone ningún obstáculo para la labor mesiánica de Jesús.

miércoles, 28 de marzo de 2018

La Salvación.


Entramos en los días en que Jesucristo abraza su destino: el de morir primero para vencer a la muerte y al mal del mundo, y con ello liberar a todos los hombres. No fue nada fácil para Él, aun viniendo del Padre, aceptar su vejación, su apaleamiento y su crucifixión. Por eso sudó sangre por la noche en el huerto de Getsemaní. Su parte humana se enfrentaba al dolor de la destrucción violenta del cuerpo. Pero comprendía que no había otro camino de mostrar la infinita misericordia y el perdón infinito de Dios hacia el género humano. Con la esperanza de la vida eterna, de que a la muerte se la puede vencer, porque no es el final, Jesús dio un sentido a nuestras vidas. La razón de una fe. Él es el camino, la verdad y la vida. Él es la fuente de agua que no se agota nunca y da la inmortalidad a quien bebe de ella. Jesús es la Luz del mundo, la luz que ilumina nuestros corazones, la que permite que la joven abandone de noche, y a oscuras, por la secreta escala, la casa de sus padres, para ir en pos del Amado, encontrarlo, unirse a Él, y así rebautizar su alma, vaciada del egoísmo, y por fin pletórica del Amor divino.
“Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana” –apuntala San Pablo, el que fue otrora gran perseguidor de los cristianos. Él no conoció personalmente a Cristo, pero llegó el día en que lo sintió dentro. En que Dios Jesús lo llamó hacia sí e inundó de la fuerza del Espíritu Santo su corazón. Desde entonces, Pablo resucitó, porque fue otro hombre. Resucitan a diario cuantos fijan su esperanza en la voz del Evangelio y deciden seguir los pasos del Señor. La Resurrección es un misterio constante. Ocurre cada vez que alguien acepta en su vida la Palabra, y con ella la Luz, la fuente de vida eterna. Cada uno de nosotros resucita cuando piensa en Jesús, cuando se acuerda de los hermanos que lo rodean y hace un gesto positivo por ellos. Cuando demuestra que los ama, no solo por medio de mensajes cariñosos, sino también por hechos afectivos. Amar al prójimo como a uno mismo. Ver en ti a quien tienes delante. El amor nos hace sentirnos menos solos, nos hace creernos más acompañados. El hombre es un ser social, pero la sociedad de por sí no es la solución. La sociedad es un entramado de relaciones, a veces crudas e inhumanas. A la sociedad hay que dotarla de sentido, de civilidad, pero las personas que la componen necesitan entre ellas un ligamento esencial con el que brote la felicidad de sentirse vivos. Tal ligamento es el amor. Jesucristo, con su vida de predicación y, sobre todo, con su muerte vino a traernos el amor imperecedero, el amor que nunca falla.
No hay Amor más grande que el que da la vida por sus semejantes. Hace pocos días, un gendarme de la policía francesa, Arnaud Beltrame, de cuarenta y cuatro años, se intercambiaba por unos rehenes retenidos en un supermercado. Lo hacía voluntariamente y con plena aceptación de las posibles trágicas consecuencias para él. Estaba casado y sin hijos. Al final, resultó herido de muerte en el tiroteo del atacante con la policía, y falleció poco después. Hay quien puede pensar que hizo un gesto demasiado comprometido. Él era policía y lo creyó su deber. Le costó esta vida material que todos disfrutamos en mayor o menor medida. Y ojalá que haya ganado no la vida de la fama –como consideraba Jorge Manrique--, sino la vida verdadera, la vida junto a Dios Padre.
Voy a traer ahora a colación a William Shakespeare. El famoso monólogo del Príncipe Hamlet, siempre con tanto sentido. Morir, dormir… tal vez soñar. Temer los sueños que nos surjan tras la muerte, en la tiniebla y el silencio del sepulcro. El miedo a esas pesadillas es lo que detiene el puñal de la venganza. Preferimos aguantar en el mundo --ya que lo conocemos-- lo que sea, y no adentrarnos precipitadamente en ese país desconocido del cual todo se ignora. Más vale lo malo por conocido –se dice—que lo bueno por conocer. Nadie ha regresado del reino de los muertos. Quizá porque no haya por qué retornar. Si somos cristianos, tenemos que ser más cautos que aquellos griegos del ágora que increparon a Pablo cuando les comenzó a hablar del Dios desconocido y de la resurrección de nuestra entidad tras la muerte. Tenemos que abandonar el sendero de la venganza –que es por donde iba el Príncipe danés, cegado por dudosos susurros fantasmales—y abrazar el cariño, el perdón y la reconciliación. Es tarea difícil, mas solo con el amor se puede volver más justos a los seres humanos. El amor derrota al odio y a la violencia. Es lo único que construye, que forja y edifica de verdad. 
No hemos de temer a la muerte, que Cristo nos espera al otro lado. El sueño del Dr. King también fue de esperanza: estuve en la cima de la montaña, y pude ver el otro lado. Y sin embargo, la hora final es dura hasta para el mayor de los creyentes. He visto a personas muy creyentes aferrarse a la vida física hasta el último resquicio de sus fuerzas quebrantadas por la falta de salud. Como si se dudara de que hubiera luego otra cosa. Es un hecho circunstancial natural que ya hemos observado que el mismo Jesús padeció: la dureza de dejar lo que se puede percibir por los sentidos corporales. A todos nos llega la hora, y hemos de traspasar el umbral de otra realidad en soledad, sin acompañamiento. “A donde yo voy, vosotros no podéis venir conmigo” –les advierte Jesús a sus apóstoles. Es un trance –como el del nacimiento-- para uno solo. Un trance que, una vez adquirido con el uso de razón el conocimiento de este mundo, requiere de una gran esperanza, de una tremenda fe. Y hay que rogar a Dios que nos dé esa fe, no solo para el instante de nuestro final, sino para que nuestra vida nunca pierda su sentido.
Jesucristo ha venido a salvarnos. Creamos cada día en su Salvación. 
© Antonio Ángel Usábel, Semana Santa de 2018.

martes, 27 de marzo de 2018

Privacidad.


El DRAE (Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua) define el término “privacidad”, en su segunda acepción, como “ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión.” Resulta el caso que el 6 de septiembre de 2016 publiqué yo, en mi canal de YouTube, nueve vídeos que recogían casi todo un recital de pasajes de zarzuelas que ofreció el Coro Lírico de Cantabria el 11 de agosto de 2016, en la localidad cántabra de Solares, concretamente en el Centro Cultural Ramón Pelayo (Medio Cudeyo). Yo mismo realicé la grabación. Me gusta la zarzuela, y los coros, y conocía a un miembro de la agrupación. Así que fui ese día con bastante tiempo sobrante, para inspeccionar el terreno, hablar con los responsables del auditorio, y preguntarles si tenían inconveniente en que grabara el evento. Me personé allí, era el primero en llegar, y encontré a la encargada de la sala. En un primer momento, al verme con el trípode para la cámara, pensaba ella que me enviaba el propio Coro Lírico. Le expliqué que no, que aunque conocía a un miembro del coro, se trataba de una iniciativa mía particular. Me contestó que como era un acto público en abierto (sin cobro de entrada), no había ningún inconveniente. Pocos minutos antes de que se abrieran las puertas del recinto –para mí y para todo el público--, salió fuera la persona que yo conocía, quien me aconsejó dónde situarme con la cámara, para obtener unas buenas imágenes. Me coloqué en el pasillo lateral izquierdo, de cara al escenario. El pasillo tenía una pasarela alzada añadida, lo que, llegado el caso, podría facilitar mi desplazamiento para resultar así más discreto aún. Una vez comenzado el recital, entraron tarde dos señoras, que bajaron por el pasillo donde yo tenía colocada la cámara, y sin reparar en ella por poco me la tiran al suelo; por eso, no pude luego aprovechar la primera intervención del coro.
La zarzuela es un género lírico español que se está perdiendo, porque interesa a poca gente joven. Es un tipo de música melódica no valorado hoy día por las nuevas generaciones. La zarzuela es la hermana menor de la ópera y la prima de la opereta, surgida en el imperio austrohúngaro en el siglo XIX, y adoptada después por la escena anglosajona (los musicales de Broadway y de Covent Garden). Pero, mientras que la ópera y la opereta siguen encontrando una notable aceptación en nuestro tiempo, porque siempre hay un público “chic” para la primera –lo que se traduce en un público culto amplio en el resto de Europa--, y porque la segunda se adapta muy bien a los gustos de las nuevas generaciones, con nuevos libretos y nuevas composiciones al caso, la zarzuela, con temas anclados en la sociedad tradicional decimonónica, anda muy de capa caída y con el pie en la tumba. Es por eso que me parece sumamente encomiable el esfuerzo de agrupaciones que, como el Coro Lírico de Cantabria, mantienen vivo el interés por incluir en sus repertorios temas de zarzuelas. El público de edad madura siempre lo vitorea, y hay algunos que, como yo, que ahora tengo cincuenta y un años, también lo disfrutamos mucho. La zarzuela tiene una música y una letra muy bonitas, que llegan con su hondo lirismo al corazón de cualquier persona sensible. Está claro que no tiene nada que ver con los estilos actuales, pero puede –y debe—continuar encontrando su rincón.
Mis vídeos pueden contribuir a acercar las iniciativas de dar a conocer la zarzuela al gran público que se sirve de YouTube y de otros medios de difusión por Internet. No hay nada malo en ello, creo, sino más bien todo lo contrario. Como cualquier otro montaje que sirva para estimular el conocimiento de otros géneros artísticos o musicales: baile, danza, ópera, opereta, vodevil, drama, comedia, concierto, sinfonía, música de cámara, etc., siempre que sus responsables no ofrezcan reparos para su grabación.
El dieciséis de marzo del presente año, alguien relacionado con el Coro Lírico de Cantabria me solicitó, a través del Messenger de mi página de Facebook, que procediera a retirar de YouTube esos nueve vídeos. Textualmente, me escribía esta persona: “Veo que tiene publicados varios vídeos de un concierto nuestro (Coro de Bohemios, Canción del Sembrador, Romanza de Simpson, Coro de la Murmuración y Coro de Románticos). Si bien fue un acto público y por supuesto sin prohibición expresa de grabación por nuestra parte, sí me gustaría pedirle que los retirase de las redes públicas y que no aparecieran en ningún sitio, ya que somos (o intentamos ser) bastante cuidadosos con estas cosas y mantener todos los vídeos publicados bajo supervisión. Sé que están grabados y publicados con la mejor de las intenciones, y desde luego que se lo agradecemos mucho, pero nos gustaría seguir manteniendo el control de todas las publicaciones en las que aparecemos. Sin más, un saludo y muchísimas gracias.” A esta persona que me escribe este mensaje no solo no le gusta la programación, y, en su derecho, “cambia de canal”, sino que llama a la cadena y exige que lo que se está en esos momentos emitiendo se altere e incluso desaparezca. Mi respuesta, por el mismo sistema de Messenger, fue la siguiente: “No voy a acceder a su petición, pues solicité permiso para grabar el concierto en el auditorio donde se ofreció. No se cobraba la entrada ni se restringieron las grabaciones en ese momento. Los vídeos llevan publicados ya bastante tiempo y me parece una forma bonita de dar a conocer el arte y talento de la agrupación coral, que mucha gente aprecia y respeta […] Sin otro particular, reciba mi atento saludo.”
Se da la curiosa circunstancia de que el propio Coro Lírico de Cantabria compartió mis vídeos en su página de Facebook, el 6 de septiembre de 2016, como atestigua la fotografía que muestro a continuación:
Los nueve vídeos de ese recital del Coro Lírico de Cantabria han recibido muy pocas visitas. En torno a trescientas. Fruto, seguramente, del ya comentado bajo interés que suscita hoy la zarzuela. En la página oficial del Coro Lírico de Cantabria (https://coroliricodecantabria.org) no hay ninguna disposición de Privacidad, ni ninguna restricción a grabaciones de las interpretaciones del grupo. 

Yo pensaba que mi respuesta, apoyando mi derecho a grabar y difundir imágenes de lo que fue un evento público en abierto, iba a poner en claro término este asunto. Pero al parecer no ha sido así, porque bien la misma persona que en Facebook me solicitaba la retirada de mis vídeos, o bien otra que alguna relación debe de tener con ella, puso en contra de ellos una reclamación de Privacidad en el Canal de YouTube. El jueves 22 de marzo me escribió el equipo de YouTube para informarme de dicha reclamación, sin decirme el quién ni el porqué, y dándome un plazo de cuarenta y ocho horas para revisar los nueve vídeos y efectuar en ellos las oportunas modificaciones, o incluso, proceder a su eliminación. Revisando la política de Privacidad del canal, comprobé que es aconsejable que no aparezca mencionada ninguna persona con su nombre y apellidos. Como consecuencia, para extremar precauciones, procedí a eliminar de uno de los vídeos el referente de quien me había aconsejado dónde emplazar la cámara durante el recital. Mantuve el nombre y apellidos de la directora del coro, puesto que se hallaba en el ejercicio de su cometido profesional. Descontando a quienes oficiaban de solistas, a ningún otro miembro del grupo se le señala con su nombre. La cámara se mantiene fija hacia el escenario, por lo que el público asistente no es identificable de un modo especial. Nadie del público, además, se ha quejado hasta ahora de ninguna de estas grabaciones.
El martes, 27 de marzo de 2018, el equipo de YouTube, a vuelta de mis oportunas alegaciones en defensa de la publicación de estos vídeos, ha considerado declararlos exentos de modificación y, por supuesto, de eliminación. Textualmente, el equipo escribe:
“Hemos revisado su reclamación y hemos decidido que el contenido se encuentra exento de eliminación de acuerdo con nuestras directrices de privacidad (puede encontrarlas en http://www.youtube.com/t/privacy_guidelines). El contenido no infringe nuestras políticas y seguirá publicado en el sitio. Muchas gracias por utilizar YouTube.”
Es decir, YouTube me otorga la razón y mi derecho a mantener publicados en mi canal estos nueve vídeos del Coro Lírico de Cantabria.
La RAE –como he señalado al principio—determina la “Privacidad” como “ámbito de la vida privada” con derecho a protección. Por ejemplo, supongamos que yo saco mi cámara a la calle y filmo a gente que va de un lado a otro. Luego voy y publico mi vídeo. Alguien que aparece en esas imágenes de pura casualidad lo ve y prefiere que no se le identifique en ellas. Reclama, y mi opción es o bien distorsionar su figura por medios técnicos, o bien cortar esa parte de la grabación, o incluso eliminarla del todo. Pero estamos hablando, en este caso concreto, de una actuación pública de una agrupación coral, cuyos miembros, mayores de edad, evidentemente, van a ser vistos, oídos y hasta identificados por el público asistente. Salen a un escenario y ofrecen su buen arte para deleite de los aficionados. No es su vida privada la que interesa ni se ve afectada en ese tiempo, sino su vida pública, como intérpretes de un grupo coral. Nada que atente, por tanto, a la Privacidad.
Yo he publicado actuaciones de otros grupos y, francamente, esta es la primera reclamación que he tenido. Por lo general, son vídeos muy aceptados, pues sirven de promoción gratuita a esos grupos artísticos.
Esperemos que la persona que ha puesto esa denuncia de Privacidad en YouTube se dé por bien contestada y comience a evaluar la realidad de otra manera, más positiva para todos. 
© Antonio Ángel Usábel, marzo de 2018.

sábado, 24 de marzo de 2018

El derecho a soñar otra España.


«La política maneja realidades que el político no elige. Maneja hombres, pasiones, que no se recortan a su capricho. Conducir hombres es muy distinto de escribir comedias.» (Manuel Azaña)
José Luis Gómez vuelve a poner voz y rostro a Miguel Azaña Díaz (1880-1940), histórico baluarte de nuestra II República, jurista e intelectual metido a político. En la misma línea de nuestros ilustrados y de Larra, romántico que retomó el testigo de la defensa del bien común, Azaña soñaba con un Estado republicano que contentara los intereses de todos –burgueses liberales y proletarios—y que sirviera para educar a las masas, para alejar al pueblo español de su atraso y su ignorancia. Fernando de los Ríos –a la sazón, padrino de Federico García Lorca—escuchó sus deseos y puso en marcha las Misiones Pedagógicas y La Barraca, teatro universitario ambulante. 
“La República será democrática, o no será”. La República vino a sustituir el poder desgastado de una monarquía que había confiado al brazo castrense los destinos del país. Y eso que el PSOE llegó a mostrar sus simpatías por ciertas decisiones de Miguel Primo de Rivera, el dictador que había desterrado a Unamuno a Fuerteventura. El principal escollo contra el que chocaba la bravura democrática del toro opositor fue la casi nula tradición republicana de España. La tradición regia, y además católica, pesaba mucho. El catolicismo dominaba la enseñanza y cuadraba las mentes a su medida. El personaje de Lázaro, de la excepcional San Manuel Bueno, mártir (1931), no puede enviar a su hermana Ángela a estudiar a una buena escuela laica porque no las hay; ha de conformarse con costearle una formación en un colegio de monjas, para que se pueda distinguir del aire embrutecido de la aldea. Cuando los laicistas toman el poder el 14 de abril de 1931, intentan favorecer un sistema nuevo de enseñanza, al socaire de Francisco Giner de los Ríos y de Alberto Jiménez Fraud. Paralelamente se hicieron fallas de algunos conventos e iglesias, y se persiguió a algunos curas que se querían entrometer en el diseño de la escuela pública nacional, como acaeció con el Padre Poveda, tristemente fusilado ante las tapias del cementerio del Este en julio de 1936.
Levantar una nueva España, tolerante, abierta, soberana de sí misma, no era tarea fácil. Más teniendo en cuenta que las izquierdas querían proscribir cualquier signo de tradicionalismo –cuartel, orden y crucifijo—y las derechas –no dispuestas a ceder ni un palmo—iban a poner desde un principio la zancadilla al proyecto de II República española. Los enfrentamientos dialécticos en el Congreso entre Azaña y Lerroux fueron evidente testimonio de este divorcio perenne entre “las dos Españas” machadianas. Varios grupos irreconciliables cuya cerrazón e intolerancia llevarían al país a una sangrienta e inútil Guerra Civil, como inútiles son todas las guerras, una vez valoradas desde la paz.
Discurso de las tres pes (voz original de Manuel Azaña)
A Azaña y a los ideólogos de la II República el proyecto se les fue de las manos. Había demasiados intereses enfrentados, incluso en el seno de las propias filas de los partidos en el poder. Esto se constató sobremanera en el primer año de Guerra Civil, cuando al gobierno de Azaña le costó Dios y ayuda sembrar disciplina entre las milicias populares. La desunión, el constante enfrentamiento interno, fue hábilmente aprovechado por el ejército profesional insurrecto, que rápidamente ganó terreno y se comenzó a imponer en la contienda. De hecho, las principales maniobras del ejército republicano resultaron meramente defensivas o de distracción.

Cuando tocó armar a pueblerinos, lo primero que estos hicieron al llegar a Madrid fue asaltar las casas del barrio de Salamanca, saqueando y violando a placer. Lo atestigua Agustín de Foxá en su valleinclanesca narración Madrid, de Corte a checa (1938). La prodigalidad revanchista de los tildados como “facciosos” azotaría España hasta varios años después de acabada la guerra: cárceles, juicios sumarísimos, ejecuciones, depuraciones, imposiciones y deposiciones. Excelentes iniciativas en el campo de la enseñanza laica, en los derechos y libertades civiles, en la incorporación de la mujer al mundo laboral, en el progreso de la Ciencia, en el desarrollo vanguardista y experimental de las artes y de la Cultura, fueron purgados con aceite de ricino y hasta indignamente extirpados de la sociedad española.
Personalmente, no me cabe concebir ninguna España que prescinda de la otra media, puesto que los mejores vinos se logran a partir del cruce de diversos sarmientos. La II República nació enfrentada, agriamente dividida, apartada de la forja de una empresa común. Escribe José Luis Gómez en su presentación del monólogo que «Patria, etimológicamente, es el lugar donde uno nace y nacieron los padres; al concepto de nación, que María Moliner define como la comunidad de personas que viven en un territorio, regido por el mismo Gobierno y unidos por lazos étnicos o de historia, habría quizás que añadir “compartiendo un mismo proyecto colectivo”; y la lealtad a ese proyecto colectivo, que se dota de un orden jurídico democráticamente acordado, está muy cerca del patriotismo constitucional del que habla Jürgen Habermas: tras el “espíritu republicano” de Azaña late, quizás, ese “patriotismo constitucional” que tanto nos puede ayudar en el tiempo presente.» La paradoja es que, en 1931 y años sucesivos, había varia gente que hablaba de que había que hacer cundir en España una empresa colectiva. Pero a costa de que siempre unos represaliaran a los otros y de que se recurriera a la dialéctica de los puños y de las pistolas. 
En cierta manera, Azaña fue un ideólogo ingenuo, un soñador para un pueblo con su identidad escabrosamente disociada de la tradición y, por ello, en entredicho. Cuando el 13 de octubre de 1931, desde su cargo de Ministro de la Guerra, arremete en las Cortes contra las órdenes religiosas, lo hace pensando que el catolicismo no es ya la impronta de pensamiento que cunde en esos momentos en Europa. No aboga por suprimir esas órdenes, sí por limitar su grado de influencia, sobre todo en el ámbito de la Enseñanza, porque veía que España necesitaba otras formas de pensar, una educación más volcada en los aspectos técnicos y científicos que conllevaba la modernidad. Hay una enorme nobleza y una gran conveniencia en la determinación de Azaña. El problema es que la España más reaccionaria nunca podría entender, ni menos tolerar, esa propuesta. En los países latinos mediterráneos (Grecia, Italia, España, Portugal) el peso de las creencias tradicionales era tan denso que volvía imposible cualquier cambio que se considerara “alienante”. Por ese motivo, Azaña estaba “desenfocado”, estaba planteando algo que muy difícilmente podría brotar en el seno materno de la sociedad española.

José Luis Gómez vuelve a mostrar toda su entereza y su profesionalidad como actor al recrear a Azaña, un personaje histórico “de enormes posibilidades teatrales”. Lo hace con un montaje austero, minimalista, cuatro sillas giratorias de madera junto a sus correspondientes ceniceros (era Azaña un fumador compulsivo), con el recurso quizá ya demasiado utilizado en el presente de los papeles leídos que se van desparramando por el suelo. No faltan guiños a la actualidad política de España, al traer a colación el problema del independentismo catalán, que tanto amargó a Azaña también. La experiencia alemana del actor se plasma en algún momento aislado con efecto de distanciamiento, a lo Brecht (“recuerdo al público que yo soy un actor que presto mi voz al personaje de Azaña”).
En verdad, un monólogo necesario para recordarnos la figura emblemática de Manuel Azaña Díaz, y sugerirnos su lectura.
© Antonio Ángel Usábel, marzo de 2018.
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Azaña, una pasión española, por José Luis Gómez, según selección de textos y adaptación de José María Marco, en Teatro La Abadía (C/ Fernández de los Ríos, 42, Madrid). Hasta el 25 de marzo (2018).