“Con la edad, los ojos ven más lejos, no en la distancia, pero sí en el tiempo.” (aausábel, 2017)

“Con la edad, los ojos ven más lejos, no en la distancia, pero sí en el tiempo.” (aausábel, 2017)

En este país...

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martes, 10 de noviembre de 2015

Tirso, a modo de farsa.



La actriz Alejandra Onieva, en el papel de Ana de Ulloa, se ha anudado el cabello rubio sobre la cara, como si fuera un velo lúbrico. Atraviesa el escenario a tientas, con los pechos desnudos. Simboliza la inocencia, la ingenuidad. Esta magnífica escena diseñada por Darío Facal me lleva a reflexionar sobre la vigencia de la mujer burlada hoy. Tras Clara Campoamor y Victoria Kent, las mujeres han dejado de ser inocentes. Han pasado de víctimas a verdugos. En la imaginería de un erotómano muy interesante, Pierre Louÿs, la mujer está mejor con un falo dentro que masturbándose; y no se la puede reprochar nada; es su justo derecho. Ha pasado de dominada, en tiempos de Don Juan, a dominadora, a domadora-emperatriz, a Circe que convierte al macho en pelele. “Métemela sin piedad,/ que la sienta yo muy hondo,/ que me llegue bien hasta el fondo/ de mi coño la libertad”.
En una sociedad que transgrede cánones por sí misma, no tiene mucho sentido la propuesta de un libertino transgresor. Tenía sentido un Casanova en el siglo XVIII, porque era la época de la Razón y del Orden al amparo de las Luces. Pero hoy en día, dentro de unos límites a veces sutiles y delicados, cada uno vive como quiere. Don Juan ha sido la herencia árabe, la defensa de la poligamia frente al código cristiano. Don Juan ha sido el rebelde admirable en un espacio absoluto y dictatorial, ya fuera la Contrarreforma, ya la tiranía fernandina, ya la autarquía del general Franco. Lo aseveró el gran Espronceda, al calificar a su don Félix de Montemar de héroe exitoso e irreverente que pone en sus crímenes mismos un vasto sello de grandeza. Todos los hombres quisieran ser don Félix, pero no se atreven, bien por miedo a la Justicia, bien por temor a sus esposas y prometidas.

No, en la sociedad europea actual, la mujer domina, elige, maneja. No es una niña ingenua rendida por versos galantes. Es ella misma, sola, activa. Quizá tiene un lado de mantis religiosa, que le veían los surrealistas. Hoy a la mujer no se la seduce ni convence con palabras bonitas. Es escrutadora, inteligente, inquietante. Sorbe la psicología del hombre en una única mirada. Por otro lado, Don Juan no sabe seducir si no es mintiendo, con palabrería vana; es un burlador, un farsante, que viene de farsa. Don Juan finge lo que no siente. Góngora se puso de un cínico supino al declamar: “Manda Amor en su fatiga/ que se sienta y no se diga,/ pero a mí más me contenta/ que se diga y no se sienta.” Que se diga y no se sienta: la fórmula del burlador, del farsante. Don Juan necesita llegar a la mujer por un atajo. Quiere gozar más del gozo, para pasar a la siguiente, tal vez en pos del Amor Ideal. Don Juan puede volverse becqueriano y anhelar la Mujer con mayúsculas, intangible, etérea, incorpórea. Don Juan se cansa de lo que ha probado. Por otra parte, lo que le falta es el fruto prohibido. Es la rendición de una virgen por desposar: Aminta, Ana de Pantoja; o de una beata novicia: Inés.


Don Juan, asimismo, es el depredador natural de nuestra especie. El mejor dotado, el que se impone por rapidez y desparpajo, y se lleva a la hembra. Vence en la batalla, en la berrea. Se adelanta al taimado e infeliz Batricio, e incluso al también intrépido y osado don Luis Mejía. Don Juan es el Campeón, el Triunfador. El rebaño no puede oponérsele. Aminta así se conduele: “La desvergüenza en España/ se ha hecho caballería”. Es decir, se ha hundido la moral, y todo el mundo imita al pillo. Y al espantar la ética del Código Civil, la opinión –ni buena, ni mala—cuenta. En Occidente la mujer ha sido liberada incluso de la opinión, y no tiene tanto que perder como antaño, aunque a algunos suene “a campana quebrada”.
Como la sociedad no admitiría muchos donjuanes, se confabula con el Cielo y lo condena, lo hace trizas. Salvo parcialmente el piadoso Zorrilla, que dibuja un Don Juan irreal, de opereta, zarzuelesco, increíble en su impostura si no lo interpreta un notabilísimo y hábil actor. Aun así, Don Juan se fuga al Cielo, rescatado por su amor verdadero hacia doña Inés. No puede quedarse en la Tierra, y criar “donjuanitos”, para que sigan haciendo de las suyas con sus locos devaneos.
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Se representa estos días en el Teatro Español de Madrid, y hasta el próximo 29 de noviembre, El burlador de Sevilla, comedia en tres jornadas atribuida a Tirso de Molina (1579-1648). Tirso, aunque fraile mercedario –y se sabe la mala fama que tenían de calaveras—, se muestra magnánimo con las mujeres, a las que convierte en víctimas de su atroz Tenorio. Al final de El burlador… acuden Aminta y Tisbea al rey, a pedir cuentas por la actitud de Don Juan, quien se llevó su honor. Las simpatías del fraile madrileño están con las pobres hijas del pueblo, deshonradas por un sujeto impostor e infame. Don Juan, impío hasta su última gota de semen, se condena al Infierno. La obra de Tirso es plausible, verosímil, dramática: vemos a Don Juan rescatado del mar y engañando a la pescadora con promesa de matrimonio. Lo vemos seduciendo a la duquesa Isabela en la penumbra, por que no se le reconozca. Confunde al labrador asegurando que su futura fue suya, cuando aún no la ha poseído. Don Juan vive su mocedad, y se proclama enemigo de la muerte y de las responsabilidades: “¡Qué largo me lo fiais!”. Todavía queda cancha. Es un señorito astuto, malévolo, egoísta y malcriado, pendiente solo de los dineros que gastar en juergas. Es la versión viril de la alcahueta Celestina. El “celestimundo”.
La versión del Español viene firmada por Darío Facal, con escenografía de Thomas Schulz, vestuario de Ana López Cobos, y audiovisuales de Iván Mena Tinoco. Cuando el público entra en el patio de butacas, el telón ha sido alzado, y por el espacio vacío deambulan los actores-personajes, descalzos casi todos, y haciendo ejercicios de estiramiento. La obra comienza con la violación de Isabela por el falso duque Octavio, que es retransmitida a la pantalla del foro por una cámara de televisión. Una escena de sexo explícito, de la que solo se ufana después Don Juan en el original de la obra. Los propios actores manipulan las cámaras manuales que van conformando la versión televisada que los espectadores ven. Una filmación del escenario desde distintos ángulos, completada hasta la saciedad, y de manera inoportuna, por imágenes pregrabadas de la circulación sanguínea y de los espermatozoides y óvulos brincando de satisfacción. Parece Érase una vez el cuerpo humano. Las proyecciones no añaden nada nuevo al texto, y distraen constantemente al público.

Pero la adaptación tiene ineludibles aciertos, al dotar de brillante plasticidad a una pieza compuesta en el siglo XVII. Nos referimos al espíritu jovial y festivo, casi veneciano, carnavalesco, de esos bailes modernos al son de rumbas, salsas y blues. Los actores se despelotan en escena, en el buen sentido de crear desenfado y situaciones cómicas, de burlar la tirantez de la solemnidad, y de apartarse de la línea canónica de Miguel Narros, para engatusar con una visión distinta, aunque no desdramatizada. Estaríamos ante una tragicomedia, enfatizada la parte festivalera por músicos con guitarra eléctrica, platillos, bongos, etc. Y lo mejor es que se captan las claves de la obra. No estamos ante interpretaciones de método, sino, más bien, ante una lectura dramatizada en un estudio de radio, con micrófonos abiertos. Los personajes no abandonan nunca el micro. Como si, en cualquier momento, lo fueran a dirigir al público para animarlo: “Y ahora viene eso de…” Parecen cantautores en pleno recital, o un grupo callejero instalado en Preciados. Los versos no los declaman correctamente; los recitan, sin más, sin excesivo arte. Todo suena a farsa, como si se viviera una comedia bárbara, y hasta el monarca es un actor bajito (Emilio Gavira), que se crece imponente desde su puesto de reyezuelo abufonado. Para nosotros, de lo mejor del elenco, junto con Luis Hostalot (Pedro Tenorio).

El vestuario es a veces anacrónico, con trajes de noche y lencería fina. Las chicas dejan resplandecer sus partes pudendas, lo cual, a estas alturas de la vida, es como escandalizarse por la última fantasmada de Kubrick, Eyes Wide Shut (1999). Si el propósito ha sido atraer espectadores para que vean un pubis entre romance y redondilla, la iniciativa no es tampoco nueva. Ya lo hizo en 2008, en este mismo teatro, Hermann Bonnín, al adaptar Don Juan, Príncipe de las Tinieblas, del poeta catalán Josep Palau i Fabre (1917-2008), biógrafo de Pablo Picasso. Por si fuera poco, en aquella obra había hasta un complicado incesto entre Don Juan y su hermana María. Completaban el tándem un diablillo priápico, y un matrimonio irreverente entre el Tenorio y doña Rosamunda Vives, a quien se da a elegir entre ser desvirgada de un modo natural, o por un cetro fálico de sacerdotisa. Los lozanos pechos de la monja Elvira encrespaban entonces un ambiente de cabaret de posguerra, con esmóquines y vestidos de noche. Sin duda, la teatralidad de Facal debe mucho a aquel montaje de Bonnín.
Otra forma de leer y revitalizar a Tirso, novedosa, fresca, desenvuelta, y armonizable con el modo canónico de representar teatro clásico. Amena, nos recuerda que Tirso es.
© Antonio Ángel Usábel, noviembre de 2015.
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* BURLADOR: “El engañador mentiroso, fementido, perjudicial” (Covarrubias, 1611) | “Se usa también como adjetivo, y corresponde a engañoso y fraudulento” (Autoridades, 1726) | “El libertino de profesión, que hace gala de deshonrar a las mujeres, seduciéndolas y engañándolas” (RAE, 1869) | “Libertino habitual que hace gala de deshonrar a las mujeres, seduciéndolas y engañándolas” (DRAE, 23ª ed., 2014) | “Seductor. Hombre que seduce a una mujer y la abandona después” (María Moliner, 1975) | “Hombre libertino que seduce y engaña a las mujeres” (DEA, 1999).
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** POEMA DE DON JUAN / DEMIURGO:
“Ved que su médula es oscura,
fosforescentes sus ungüentos.
En el negror, fosco de vientos,
palpa la luz a la ventura.
Y toda carne es lumbre dura
donde se quiebran sus tormentos;
escribe estrofas en sangrientos
muros que cambian de figura.
¡La vida vive extasiada,
y él, con acero irreligioso
de arcángel loco, busca el poso
--con alear de carne alzada--,
por un cauce vertiginoso,
del Paraíso sin llegada!”

martes, 8 de septiembre de 2015

Futuro imperfecto: huyendo del fanatismo y de la guerra.


Hace unos días, el jueves 03 de septiembre, la prensa mundial recogía unas instantáneas estremecedoras: la imagen del cuerpo inerte de un niño pequeño en la orilla de una playa turca. Se llamaba Aylan Kurdi, tenía tres años, y la inocencia de toda la esperanza del mundo, como es justo que lleven los niños de su edad. Sin embargo, su vida no pudo ser. Se ahogó junto con su hermano de cinco años, y su misma madre, al intentar alcanzar en un bote hinchable la isla griega de Kos. El padre, que intentó agarrarles en el agua, no pudo con ninguno, y los tres miembros de la familia perecieron.
¿Qué ha hecho ese niño –y muchos como él—para terminar así? Nada. Solo haber nacido en un espacio sacudido por el fanatismo, la intolerancia, la dictadura y la guerra contra quien no piensa igual.
En la foto, Aylan parece un muñeco roto. Conculcado su derecho a ser feliz, a vivir sus ilusiones con normalidad. Medio mundo está muriendo al margen del otro medio. Cientos de holocaustos se repiten a diario en los países en guerra. Los niños nacidos en esos países quedan abocados a contemplar los horrores de la violencia, la tortura y el crimen. No tienen una infancia fácil. Extraña crueldad la del azar que juega a ponerles en esos sitios.


Europa está obligada a actuar con rapidez, porque no hay excusa para mirar hacia otro lado, y cruzarse de brazos. Los refugiados llegan en masa. Se agolpan en campos, en estaciones, en trenes y autobuses. Huyen del azote del fanatismo. Como agudamente ha señalado el presidente ruso Vladimir Putin, Europa auspició muy alegremente la caída de los regímenes autárquicos de Libia e Irak, sin pararse a pensar qué les iba a sustituir, y sin considerar que esos líderes discutibles estaban conteniendo el avance de otras posturas peores. Efectivamente, en muy pocos años, meses incluso, hemos asistido a la creciente progresión bélica del radicalismo islámico por Oriente Medio, África y el Magreb. Ya no están los caciques que erradicaban ciertas actitudes. El fundamentalismo se ha aprovechado de la falta de un modelo de estado a seguir. El Islam, por otra parte, no se está oponiendo con contundencia ni audacia a los extremistas. Occidente teme intervenir. Europa no quiere implicarse en una guerra total contra los fanáticos. Europa puede albergar ciertos principios éticos, pero carece ya de la raigambre religiosa, casi ascética, que levantó las Cruzadas, los templarios, los caballeros de Malta. A Europa el cristianismo le importa ya poco. El laicismo se enseñorea del mundo occidental, y ya no hay principios espirituales que alienten a la acción. Lo único que queda es el compromiso ético, humanitario, si se puede decir que eso existe en democracias castigadas por el rufianismo y la corrupción.
Un sacerdote se preguntaba en la homilía del último domingo (06-09-2015): “¿Qué le pasa al mundo, que ni ve, ni oye?” Cristo es quien abre los oídos a las palabras, y los ojos a la realidad de los problemas de nuestros semejantes. Cristo sana, para a través del aliento de su Espíritu, hacer hablar al corazón en favor de nuestros hermanos.


La inestabilidad económica, la pérdida constante de puestos de trabajo, el empleo precario y esclavista, la mano de obra barata, no favorecen un grado de implicación necesario y deseable. La crisis global vuelve reservados a los mandatarios. Una Europa débil no piensa en compromisos largos. Nadie desea la guerra, la escalada armamentista, sino la buena y hábil diplomacia. Pero hay veces en que esta no basta, y se debe actuar de otro modo. Quién diría que, siendo descreído este Viejo Continente, haya de tornar a la guerra como en los tiempos del Viejo de la Montaña, de Saladino y de las escuadras otomanas: para hacer frente a una amenaza bajomedieval. O Europa deja de mirarse el ombligo y reacciona a tiempo, o se verá sometida a un peligro insoslayable. El Islam es una religión de rápido crecimiento, el cristianismo decrece (en parte, por falta de moral y desgaste, en parte por agnosticismos severos), y dentro del primero dominan las facciones extremas, las de “los verdaderos fieles creyentes”, que se quieren imponer sobre los musulmanes moderados. Hay una guerra civil religiosa en el Islam, que de momento están ganando los cortadores de cabezas. ¿Por qué esta tendencia, y no otra? Algunos de los que patrocinan la yihad se han educado en Occidente, quién lo diría. Señal de que no han quedado muy contentos con nuestra civilización. Algo estaremos haciendo soberanamente mal aquí.


 Mientras que cristianos y judíos han aprendido a ser tolerantes con otras religiones, la tolerancia es aún una asignatura pendiente para el Islam. El Islam ve a los seguidores de otros cultos como serios competidores. Los musulmanes consideran a Abraham su padre fundador, el primer elegido por Dios, que existió antes que judíos y cristianos, y no era ninguno de estos. Solo hay una Salvación clara y firme: dentro del Islam; y quienes no se conviertan no tendrán garantizada la vida eterna. Quienes renieguen tras su conversión, aunque hagan buenas obras, no serán aceptados en el Paraíso y perecerán en el fuego del Infierno. “Ciertamente, quienes creen, hacen obras pías y se humillan ante su Señor, esos serán los huéspedes del Paraíso; ellos permanecerán en él eternamente” (Corán, XI, 25); “[Quienes] hayan dado bien por mal, todos esos tendrán la última morada” (Corán, XIII, 22). Ese dar bien por mal se contrarresta con el concepto de “yihad” o guerra santa. Justa contra los agresores y quienes practiquen la idolatría: “Combatid en el camino de Dios a quienes os combaten, pero no seáis los agresores (…) La idolatría es peor que el homicidio” (Corán, II, 186-187). “La religión, ante Dios, consiste en el Islam” (Corán, III, 17). Con los judíos que no deseen convertirse, habrá, sí, solo comunicación (ibíd., III, 19). Aquellos que combatan en la senda de Dios, ya perezcan o resulten vencedores, se llevarán una enorme recompensa (ibíd., IV, 76). Aunque el Corán se refiere a Jesús como nacido de María virgen, por obra de Dios y sin intervención humana, lo considera solo un profeta, un justo. Con su predicación vino a cumplir la ley del Pentateuco; hizo muchas curaciones milagrosas, resucitó a los muertos, y tendrá un puesto destacado en el Juicio Final (v. Corán, III, 37-52) Sin embargo, el Corán advierte que los cristianos adoran a Jesús, un hombre como Adán, y creado del polvo como él. Es decir, sustituyen el culto a la personalidad de Jesús-hombre, por el único y verdadero culto a Dios-ente absoluto. Lo cual supone, en cierto modo, una idolatría, pues se reza al Mensajero en vez de al único Dios Creador. Merece la pena transcribir el pasaje coránico: “Los judíos dicen: Uzayr es hijo de Dios. Los cristianos dicen: El Mesías es hijo de Dios. Esas son las palabras de sus bocas: imitan las palabras de quienes, anteriormente, no creyeron. ¡Dios los mate! ¡Cómo se apartan de la verdad! Han tomado a sus doctores, a sus monjes y al Mesías hijo de María, por señores, prescindiendo de Dios: no se les había mandado más que adorar un Dios único. No hay Dios sino Él, ¡loado sea!” (Corán, IX, 30-31). A continuación, el texto descalifica a doctores y monjes como simoníacos cegados por el oro y la ambición.
 
En el mundo es justo que haya cabida para múltiples creencias, y que todas se respeten mutuamente. Incluso que, ecuménicamente, intenten construir proyectos solidarios en común. Eso es lo gozoso, lo ideal. El problema viene cuando una creencia –o una interpretación de la misma—batalla contra las demás, porque piensa que no tienen derecho a existir. Esa posición belicosa la emprende incluso contra testimonios de culturas pasadas. Contra ruinas y cementerios, como si de las tumbas fueran a brotar los viejos guerreros con la idolatría en sus yelmos y corazas. En la distopía levantada por Orwell se vigila el pensamiento (hay una policía para ello), se destruye la Historia (para que no determine el presente) y se tortura o extermina al opositor. Parece una guerra de una esfera gris contra una plaga de cucarachas. El radicalismo de una fe concreta impone por la fuerza y el terror la dictadura. Estamos en el periodo álgido de la tecnología y la informática, de los cruces informativos, donde puede haber un lugar para las estrategias del corazón, y sin embargo, las ventajas se desperdician y desperdigan. El hombre no aprende a hacer un mundo mejor. Se equivoca siempre la paloma, se extravía, se pierde.


La escritora y periodista italiana Oriana Fallaci, ya fallecida en 2006, argumentaba que Europa había perdido “su rabia y orgullo” contra un Islam ofensor. Es decir, era clara partidaria de levantar empalizadas infranqueables. En la misma línea se posiciona hoy Salman Rushdie, que habla del surgimiento de nuevos estados teocráticos y de la timidez de Occidente al no reaccionar. Occidente intenta “contener” en vez de “derrotar”. Para Rushdie la crueldad inusitada esgrimida por los atacantes está logrando su objetivo: sembrar miedo y agarrotar los brazos. El sádico cuenta con que nunca se va a obrar contra él del mismo modo, pues el principio cívico proscribe ciertos métodos. En consecuencia, el sádico aprovecha ese margen de ventaja que le dan los reparos o escrúpulos del oponente.

Mientras, niños muertos, niños difuntos, y personas inocentes que caerán bajo las bombas de uno y otro bando.


 Lo que más encoge el corazón es ver un niño muerto. Aplastada su inocencia, traicionada su alma infantil y pura por la violencia cobarde. Es como perpretar una fechoría contra los dulces jilgueros y petirrojos de un vergel. Esconder un explosivo en una pelota, sabiendo que es el juguete irresistible de un pequeño. O en un peluche, donde la criatura busca la suavidad del cariño. Mentes enfermas que convierten el mundo en un infierno, en un paraje desolador.

Pienso en Aylan Kurdi, cuando su padre le indicó que se subiera a esa balsa frágil. Las preguntas que se haría, que quedaron sin responder. La confianza con la que quizá se acurrucó junto a su hermano de cinco años. El frío de la noche circundando el esquife, la plena oscuridad…, el drama del hundimiento, sus últimos minutos flotando en el mar, gritando, llorando, llamando a sus padres, y finalmente engullido por el agua y asfixiado por ella.

La única alegría que cabe llevarse Aylan Kurdi, y todos los niños muertos como él, es ver, desde la dimensión desconocida, que su tragedia no ha sido en vano, y que los hombres de buena voluntad se unen para evitar que hechos así se repitan.

Que Dios los acoja en su seno, que nos ayude a mejorar, y que no acabe harto (yo lo estaría ya) de esta Humanidad vil y salvaje.
© Antonio Ángel Usábel, septiembre de 2015.

 
 

jueves, 25 de junio de 2015

Vamos de cocktails.



Cuando en El tercer hombre (1949), Harry Lime (Orson Welles) se despide de su amigo Holly Martins (Joseph Cotten) al pie de la famosa noria del Prater, en Viena, le cuenta la paradoja de que toda la violencia del Renacimiento bajo los Borgia y otros potentados, iluminó la obra de artistas como Miguel Ángel y Leonardo da Vinci; en cambio, de Suiza, tras quinientos años de paz, solo  salió el reloj de cuco. Pero ahora sabemos, gracias en parte a Culturecocktails Magazine, una nueva revista de aparición cuatrimestral, que esto no es del todo cierto: de Ginebra también nos vino la Tónica Schweppes. Allí comenzó su fabricación en la lejana fecha de 1783. Tras nueve años, el empresario Jacob Schweppes –alemán de origen—trasladó su fábrica a Londres. La tónica añadía quinina, un antipirético natural muy amargo, que salvó a muchos soldados británicos destinados en India de enfermar de paludismo. Los colonos la mezclaban con ginebra, para endulzarla, y así nació el gin tonic.
 

Culturecocktails Magazine, dirigida por Guillermo Hernaiz, inicia su andadura en el mercado editorial de revistas con su primer número, dedicado al verano de 2015, hablándonos de un montón de curiosidades: los efectos negativos que tuvo en Estados Unidos la Ley Seca, con la proliferación de aguardiente clandestino adulterado, las violentas bandas mafiosas, y el auge de La Habana como garito al servicio de los turistas más sedientos de alcohol y cachondeo. El origen del Clan Sinatra –o “Rat Pack” (‘hatajo de ratas’, como los bautizó una enfadada Lauren Bacall al verlos borrachos). La bebida preferida de Frankie era el whisky Jack Daniels (se dice que se hizo enterrar con una botella, por aquello de que “lo mejor está por venir”), una marca poco consumida en España, frente a J&B, que, si mal no recuerdo, era el whisky que más apreciaba Dean Martin, el miembro más jocoso del Clan. Sinatra también tomaba “destornilladores”, al parecer llamados así porque unos obreros agitaban la mezcla de vodka y zumo de naranja, más hielo, con tal herramienta.


Los famosos se lanzan a la promoción de sus propias bebidas alcohólicas: George Clooney con su tequilita Casamigos, Coppola y sus vinos californianos, Dan Aykroyd con el vodka Crystal Head. La revista recuerda, así mismo, al legendario barman y coleccionista de botellas Perico Chicote, establecido en la Gran Vía de Madrid con la Segunda República en 1931, y que hizo su mayor fortuna durante los años cincuenta y sesenta, bajo el franquismo. Chicote fue camarero del Ritz con diecisiete años, después cantinero en el Rif, en los bares clandestinos de Norteamérica, y finalmente creador de los mejores cócteles en pleno centro de Madrid. Ante su local de 18.000 botellas desfilaron las discretas señoritas de compañía que anidaban en el Palace, y celebridades mundiales, como presidentes (Eisenhower), actores y actrices (Ava Gardner, Sophia Loren, Frank Sinatra, Tyrone Power, Charlton Heston) y hasta el Dr. Fleming, que, al parecer, sí que consiguió llevarse una de sus míticas botellas. Chicote fue autor, además, de varios libros sobre coctelería.


Si alguien desea conocer algo de la cultura nipona de los licores, encontrará unas páginas dedicadas a analizar el sake, el umeshu y los distintos tipos de shochu. La decoración y composición del tiki hawaiano. El coleccionismo de cartas de cócteles, por su colorido diseño, y algunos locales de moda en Europa completan el contenido de este primer número de Culturecocktails Magazine.


Sin embargo, aunque el ejemplar cuenta con el buen trabajo de dos redactoras estelares, Carmen Alcaraz del Blanco y Mar Calpena, hemos detectado los inevitables errores: uno, homofónico, en la página 49, donde se escribe “atajo” en vez del correcto “hatajo” (por ‘grupo’ o ‘pandilla’); otro, en el pie de foto de la pág. 50, cuando a un Sinatra de los años 50 se le sitúa incorrectamente en un garito clandestino de los años 20 o 30. “Tomando un trago en un speakeasy” –se lee--, cuando en los años veinte del siglo pasado Frankie era apenas todavía un quinceañero, que ni siquiera había comenzado a cantar en público (lo hizo, sí, a partir de 1935, más o menos). Otra posible imprecisión llega al explicar (pág. 43) la etimología –aunque discutible—del término norteamericano “speakeasy” *, para referirse a los bares clandestinos de mafiosos durante la Prohibición (1920-1933) que se traduce –como también propone Wikipedia—como ‘habla con cuidado’, por la recomendación de bajar la voz para no ser detectados y denunciados a las autoridades. Nosotros, no obstante, proponemos otro motivo: el alcohol anima a hablar, suelta la lengua a quien lo consume en cantidad elevada. De ahí, entonces, “speakeasy”, ‘habla fácil’, ‘habla con facilidad’, se suelta a parlotear. Hablar bajo, en inglés, se dice Speak low, como el título de la famosa canción de 1943, debida a Kurt Weill y Ogden Nash. Tenemos que pensar, además, que en los garitos clandestinos tocaban bandas de música, como se evidencia en cintas como Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959), comedia inmortal ambientada, precisamente, en Estados Unidos durante la Ley Seca. Luego, de silencio nada.


Enhorabuena, sin embargo, a esta nueva publicación periódica, a la que felicitamos y deseamos toda la suerte del mundo.
© Antonio Ángel Usábel, junio de 2015.
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* El Diccionario Webster (Third College Edition) también apunta a “una atmósfera secreta” para estos locales donde se venden ilegalmente bebidas alcohólicas, como sucedía en Norteamérica durante la Prohibición. Es un término de la jerga del hampa.


jueves, 18 de junio de 2015

Crítica de "Green Porno, Live On Stage", con Isabella Rossellini.


María del Mar Fernández Fernández firma y nos envía esta crítica, para su difusión:

 
"Desde el día 4 hasta el día 7 de este mes pudimos disfrutar viendo la obra de teatro titulada “Green Porno, Live on Stage” interpretada por Isabella Rossellini. Se ha hablado ya mucho de esta obra en la prensa, todas han sido críticas buenas, como no podía ser de otra manera.               
   Yo voy a definir esta obra de un modo muy personal. Bajo mi punto de vista, lo que caracteriza esta obra es que es DIDÁCTICA, CÓMICA y CREATIVA. Estas serían las tres palabras que yo utilizaría para darla a conocer y, por supuesto, para recomendarla.
  ¿Por qué DIDÁCTICA? Bueno, para los expertos en biología, la obra podría ser un simple repaso de las diferentes especies naturales visto desde el punto de vista sexual. Para los que no somos entendidos en biología, la obra supone una buena lección de la misma. Casi pude sentir un impulso a sacar papel y bolígrafo y empezar a anotar los tipos de especies animales, sus características y su comportamiento sexual. Pero no lo hice, porque es difícil escribir a la vez que te desternillas de risa.
  Por eso se puede decir que es CÓMICA, porque Isabella sabe arrancar carcajadas de una forma de lo más original: se disfraza de animales, compara al ser humano con los animales, imita el acto copulativo de diferentes especies… Sólo cabe la posibilidad de reír ante este  humor que no sabría clasificar (¿es humor francés? No, ¿es humor español? No, ¿es humor italiano? Tampoco, ¿es humor inglés? Creo que no, ¿Humor americano? Puede que se note aquí que Isabella ha vivido en EEUU, el país de las oportunidades y del hacerse a uno mismo).
  ¿Por qué es CREATIVA? Por su presentación hacia el público: un monólogo, exquisitamente interpretado, tanto en tiempo real en el escenario como en los sketch grabados en vídeo y proyectados sobre una pantalla. Estas dos formas de aparecer en el escenario se complementan la una a la otra, y hacen que nos queden bien claras las prácticas sadomasoquistas del caracol, el canibalismo de la mantis, o las dudas de Noé sobre qué animales deberían subir a su Arca y cuáles no.
  En definitiva, pudimos disfrutar de una obra de teatro moderna, de este siglo, interpretada con la elegancia, sutileza y el saber estar de Isabella, que lleva la impronta de sus progenitores, que la enseñaron a ser una modelo y actriz de primera. Y todo en una esmeradísima dicción inglesa."
 
 

domingo, 24 de mayo de 2015

Lope, grande y golfo.


Finaliza en estos días la oportunidad de ver, en el Teatro Español de Madrid, la magnífica adaptación de un Lope recuperado, la comedia urbana Mujeres y criados, cuatro siglos desaparecida, y ahora rescatada del manuscrito 16915 de nuestra Biblioteca Nacional. Se conserva en una copia del empresario teatral Pedro de Valdés, fechada en Barcelona, el 8 de diciembre de 1631, día de Nuestra Señora de la Concepción. El manuscrito fue propiedad del Duque de Osuna e Infantado. El tal Valdés estrenaría la pieza en 1614 o 1615, pues pertenecía a su repertorio documentado. En aquel tiempo, los “autores” de las comedias eran los empresarios que las representaban, quienes simplemente compraban el texto autógrafo original al poeta dramaturgo correspondiente. Lope vendía su manuscrito al “autor”, cobraba una cantidad fija estipulada, y no se hacía cargo de más. Los beneficios de explotación de la obra no le atañían, ni se recibían derechos escenográficos o de impresión. Es así que, por doquier, aparecían pirateadas sus comedias, por medio de copias no contrastadas, o bien incluso plagiadas, fiadas a la mente de los avispados “memorillas”, que acudían a los estrenos y eran versados en dictar luego la obra entera a un copista. Los circunstanciales emolumentos obligaban a los comediógrafos a estar en permanente activo, pues obra vendida, obra perdida.


El texto de Mujeres y criados se debe a la caligrafía de Valdés, que se ve que, diecisiete años después del estreno, seguía viendo sus posibilidades de éxito. Es una copia completa, de la cual se hacían luego extractos de personajes que se les repartían a los actores. De este modo, cada uno recibía solo su papel, con los finales de los parlamentos ajenos; así se ahorraban costes y se evitaba el plagio fácil.
Pertenece a una etapa muy fértil en la producción del Fénix. En 1613, había escrito La dama boba y El perro del hortelano, para su actriz y amante Jerónima de Burgos. En Mujeres y criados, como en El perro… (verdadera joya y obra principal), aparece un secretario de nombre Teodoro. Son los años también de Peribáñez y de Fuenteovejuna. Pero tiempos muy azarosos en la vida de Lope, quien siempre pensó que un cielo en un infierno cabe. Como escribe a su protector y cómplice amigo de francachelas, el Duque de Sessa, “sepa que en llegando a la verdad de ser hombres, hay muchas partes en nosotros en que convenimos y aun con los animales; que solo en lo esencial del alma, con los ángeles”. No se puede hacer más humana confesión. Lope iba para cura, pero se tropezaron con él los líos de faldas, y los hábitos –que no hacen al monje—tardaron en llegar.


En agosto de 1605, había conocido el Fénix, en Madrid, a un príncipe-diablo, don Luis Fernández de Córdoba y Aragón, Duque de Sessa y de Baena y almirante de Nápoles. El duque, joven, era un mujeriego empedernido aspirante a poeta. Admiraba el arte e ingenio del Fénix, y le nombró su secretario y confidente. Con él compartió los favores de algunas mujeres de la farándula, como la cómica Jerónima, que iba con estrepitosa facilidad de la alcoba del duque a la cama de Lope. Si Lope tenía algún nuevo amor oficial, el duque le prestaba el coche, para pasearlo por Madrid. Los cargos de conciencia del Fénix debieron de ser tales que, el 12 de marzo de 1614, en Toledo, comienza su ordenación sacerdotal, que completa el 29 de mayo en Madrid, al cantar su primera misa. Eso sí, en Toledo se hospeda en casa de Jerónima, “la señora Gerarda”, madrina de su hijo Lope Félix –bautizado en febrero de 1607, habido con Micaela Luján, actriz concubina suya desde 1598--;  ante su vista se afeita el bigote y se hace la tonsura. Sin ninguna complicación, se había acostado con Jerónima la noche pasada. Tampoco, sin asomo de problema, viene siendo Familiar del Santo Oficio (o Inquisición) desde, por lo menos, 1608. Contradicciones de un mundo en apariencia.
Sin embargo, Lope también vivió los sinsabores de la drástica desgracia: con siete años de edad, se le muere su querido hijo legítimo Carlos Félix, tenido con su sufrida esposa Juana Guardo, quien a su vez se cansa de respirar el 13 de agosto de 1613, como consecuencia del alumbramiento de una niña, Feliciana. En 1615, Lope se enamora de Marta de Nevares Santoyo, casada con un hombre de negocios. Inicia tratos con ella, de los cuales nace Antonia Clara el 12 de agosto de 1617. Se la bautiza el 26 del mismo mes, en la parroquia de San Sebastián de Madrid, donde se la hace figurar como hija, aún, del marido cornudo Roque Hernández de Ayala. Dicho Roque rapta a la criatura de casa de su madre, y a saber la piedra de escándalo que hubiera sido, si no le da por morirse al hombre hacia finales de 1618.
Marta se va a vivir con el aventurero poeta, el más famoso y rentable de cuantos viven por aquí, y soporta con resignación las burlas y veras de los contrarios a Lope. Luis de Góngora, tahúr narigudo, la infama con estos encendidos elogios:
“Dicho me han por una carta
que es tu cómica persona
sobre los manteles mona
y entre las sábanas marta;
agudeza tiene harta
lo que me advierten después,
que tu nombre del revés,
siendo Lope de la haz,
en haz del mundo y en paz
pelo desta Marta es.”
En 1628, Marta enferma preocupantemente: comienza a perder la razón y la vista. Muere el 7 de abril de 1632. Dos años más tarde, en 1634, Lope se entera de la muerte de su hijo Lope Félix, soldado de fortuna en Venezuela, donde había ido como pescador de perlas. Antes, en 1622, otra hija de Lope, Marcela, se había ordenado monja, para huir de la casa de su padre, y purgar los pecados de este. Por fin, el 27 de agosto de 1635, a las cinco y cuarto de la tarde, muere en su casa de Francos el gran poeta y dramaturgo. El Duque de Sessa se encarga de comprarle un nicho temporal en la cripta de la iglesia de San Sebastián. Entierro multitudinario, uno de los más grandes que ha conocido Madrid (junto con los de Benito Pérez Galdós y Enrique Tierno Galván). El de Sessa quiere levantarle un señorial mausoleo. Pero él fallece, a su vez, en 1642, y sus herederos se desentienden del destino de Lope. Los derechos del nicho fueron reclamados con insistencia hasta 1654. Al no obtener respuesta, los clérigos sacaron los restos del vate, de su compañera Marta, y del comediógrafo mexicano Juan Ruiz de Alarcón –giboso enemigo del Fénix—y los depositaron en un osario, donde quedan para nunca más saber.
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Pero volvamos a Mujeres y criados, una de esas comedias de enredo donde Lope convierte en triunfadora a la mujer (lo que siempre ha sido), dotándola de agudeza y perspicacia sublimes, ensalzando a los hidalgos por encima de la aristocracia principal, y defendiendo la idea de libertad frente a los grilletes de las convenciones del Barroco. Aunque ya hemos comprobado –por la propia vida del Fénix—cuán poco se respetaban de facto esos usos sociales.


Como sucede en El perro del hortelano, es la dama quien elige esposo. El Conde Próspero quiere cortejar a la bella Luciana, hija de un honrado hidalgo de la villa y corte. Sospecha que la muchacha está prendada de su secretario Teodoro, y para evitarse el rival, lo pretende enviar junto a un sobrino suyo, para que lo distraiga y así quede el terreno libre. Comunicado este plan por Teodoro a Luciana, la joven idea un ingenioso artificio para truncar los deseos del Conde. Le pedirá que hable a su señor padre de cierto huido que ha participado en un duelo, para tenerlo oculto en su casa, mientras sana de sus heridas. De este modo, con la excusa de visitar al refugiado, podrá Próspero ver en secreto a Luciana. Lo que no sospecha el Conde es que el acogido es Teodoro, que de este modo no se ha ido, y está junto a su bella Luciana.
Se acompaña la trama principal con la secundaria de Violante –hermana de Luciana--, enamorada de Claridán, gentilhombre lacayo del mismo Próspero, pero acosada por Don Pedro, pretendiente escogido por el padre-guardián. Los requiebros cómicos e inocentes del trío Inés-Lope-Martes completan la impostura del concierto.
El amor verdadero se impone a las malas artes del pecado y la lujuria. Desde este punto de vista, el argumento es moral. Próspero, cual Calisto, gozar desea de su Melibea, Luciana. El amor de Teodoro –así como los de Claridán por Violante, y Lope por Inés—son de legítima factura. Van derechos al matrimonio. Cuando esto queda probado, el Conde desiste de su empeño –tenido como capricho pasajero—y autoriza y premia la unión formal. El personaje secundario de Emiliano (viejo), padre de Don Pedro, refrenda con su sentido común y su prudencia de hidalgo vetusto tan clarividente desenlace. Se celebran las bodas, y todos contentos.
No se puede torcer lo que da Naturaleza. Y la Madre dota a las mujeres de instinto, intuición e iniciativa para elegir marido. Lo ejerce Casilda, casada con Peribáñez: “Más quiero yo a Peribáñez, / con su capa la pardilla, / que no a vos, Comendador, / con la vuestra guarnecida.” A menudo, en las comedias dramáticas de Lope, son los poderosos los que quieren quebrantar esa inclinación genuina de la fémina hacia su hombre. Esos poderosos creen que el dinero y la fuerza del mando y de la cuna todo lo mudan. Pero están equivocados. Podrán emparejar a la mujer con quien no desea, que ella no llegará a amarlo. Lo volvemos a ver en Fortunata, casada con Maximiliano Rubín, cuando en realidad quiere a Juanito Santa Cruz, ese calavera tan a lo Lope (salvo en la costumbre de ir abandonando a los hijos).


 La obra presenta, al principio, conceptos que pueden escapar al espectador de hoy: Florencio, padre de Luciana y Violante, quiere que sus hijas “tomen el acero”. En efecto, el “dotor” ha dictaminado cierta anemia en Luciana, y recomienda tomar el acero. Pero, ¿qué es (o era) eso de “tomar el acero”? A primera vista, podría parecer unas clases de esgrima, por aquello de llamar metonímicamente “el acero” a la espada. Pero las mujeres no solían manejar la espada. No, se trata de un término médico, muy popular en Madrid por aquel entonces, que se refería a beber cierta medicina preparada con agua ferruginosa para combatir la “opilación”, es decir, el estado anémico. Covarrubias atribuía este mal al poco ejercicio físico, y el remedio, a Dioscórides. Las damas tomaban el acero a primera hora del día, e inmediatamente tenían que salir a pasear durante dos horas, para que el preparado hiciera mejor su cura. Pero Luciana y Violante, con la complicidad del criado Lope, se las arreglan para tirar la medicina sin que el padre lo note. Era un bebedizo que sabía muy mal. El propio Lope bautizó otra de sus comedias famosas como El acero de Madrid (h. 1608).

Mujeres y criados es un gran testimonio del talento irresistible e imperecedero de Lope. Con una modesta escenificación –muy del Siglo de Oro--, y unas interpretaciones brillantes y naturales, se nos devuelve toda la elegancia y el primor poético de este clásico. Para no perdérselo, pues es de reconocer que nada aventaja –ni iguala hoy—a nuestro Lope. La dirección ha corrido a cargo de Laurence Boswell y Rodrigo Arribas. La supervisión de la versificación ha sido de Jesús Fuente, quien da cuerpo también, de forma muy convincente, al personaje de Florencio, el padre. Ana Villa es una tierna, pulcra Luciana; Julio Hidalgo, un comedido Teodoro; Pablo Vázquez, un pretencioso, cínico Próspero; Jesús Teyssiere, un engolado Don Pedro, casi más cercano a esos petimetres a la violeta del XVIII; Lucía Quintana, una firme, rotunda Violante; Javier Collado, un Claridán muy galante; José Ramón Iglesias, de lo más esmerado, un irónico “gracioso” Lope; Alejandra Mayo, una guapa y apetecible Inés. Completan el elenco Mario Vedoya (Emiliano), Emilio Buale (Riselo), Jorge Gurpegui (Martes). La adaptación viene de Rodrigo Arribas y Jesús Fuente, en unión con Alejandro García-Reidy, profesor de la Universidad de Siracusa (Nueva York), editor de la comedia en RBA Gredos (2014).
El Teatro –con esmero, escrito con mayúsculas—es el teatro de Lope de Vega, de Calderón, Tirso y Valle-Inclán. Es el teatro de Lorca, que bebe en la luna y el bosque de El caballero de Olmedo. “Que de noche le mataron / al caballero, / la gala de Medina, la Flor de Olmedo…” El Teatro poético enroscado en nuestra alma, que no pasará nunca y siempre nos hará sentir el rito melódico de las alegrías y penas del corazón.
Unas muestras solo, para terminar. Finalizando el acto I, Luciana y Teodoro se prometen amor casto y fidelidad mientras llegan sus esponsales. Es una preciosa declaración en romance, que dice así:
TEODORO: Pues no es posible templarse
la cólera de mis celos.
LUCIANA: ¿Pues qué te haré yo, Teodoro?
TEODORO: Darme, pues me ves muriendo,
palabra de aborrecer
al Conde con juramento.
Di que jamás le darás,
Luciana, puerta en tu pecho;
que rasgarás sus papeles;
que no escucharás sus ruegos;
que de sus ricos presentes
harás burla y menosprecio;
dime que tiene mal talle,
y si quisieras hacer
comparación de algún feo,
sea con el Conde.
LUCIANA: Basta.
[…] Digo, Teodoro, que juro.
TEODORO: Di por tus ojos.
LUCIANA: Por ellos
de a Próspero, tu señor,
aborrecer con estremo,
de no admitir papel suyo
y de no escuchar sus ruegos;
de despreciar sus regalos;
comparar con él los feos,
y decir mal de su talle.
¿Vendrás almorzar con esto?
TEODORO: Vendré a servirte animoso
y de esa fe satisfecho,
por la cual juro de amarte
mil años después de muerto;
ser tu esposo y conservar,
mientras puedo merecerlo,
los pensamientos más castos,
los deseos más honestos;
de no mirar hermosura
si no fuere con desprecio,
ni a gusto ajeno ninguno
levantar el pensamiento.
Si viere una frente hermosa
con cabello rubio o negro,
diré "todo aquesto es sombra
de tu frente y tus cabellos”;
si viere unos verdes ojos,
negros, rasgados o enteros,
azules zarcos o garzos,
diré luego “todos estos
son esclavos de Luciana,
que son sus ojos más bellos.
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Lope suele introducir siempre en sus obras algún soneto memorable, como sublime reflexión sentimental. He aquí el que recita Don Pedro, despechado, al comienzo del acto III:
“Amor, que nunca das lo que prometes
y como niño pides lo que has dado,
que no hay segura edad, que no hay estado
que no turbes, derribes y inquietes.
Amor, que no hay libranza que no acetes
y al tiempo de pagarla ya has quebrado,
aunque luego te rindes despreciado
y siempre a los cobardes acometes.
Amor, vestido de incostantes lunas,
hijo de la esperanza y del desprecio,
necio mil veces y discreto algunas,
¿quién de discreto te ha de dar el precio,
pues donde descansas más, más importunas?
Importunar es condición de necio.”
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De veras, ahora más que nunca y siempre, Lope grande y golfo.
© Antonio Ángel Usábel, mayo de 2015.
Críticas prensa de "Mujeres y criados", comedia de Lope de Vega.
Dossier Teatro Español de "Mujeres y criados", de Lope de Vega.