PEDRO APÓSTOL es el primero en hablar de la Resurrección del Señor al pueblo judío. Paralelamente a ello, los gentiles --no judíos, no circuncidados-- reciben el don del Espíritu Santo. El triunfo de Jesús sobre la muerte trajo la alegría y la Salvación a todas las naciones.
domingo, 1 de abril de 2018
viernes, 30 de marzo de 2018
El Holocausto de Cristo y el pacto de Dios con Abrahán.
En Viernes Santo Jesús es
ajusticiado. Dios Padre lo ofrece en sacrificio para Salvación de toda la
especie humana. La circunstancia de la entrega de Jesús para una muerte en la
cruz responde a una actualización de lo que un día pidió Dios a Abrahán: el
sacrificio de su hijo Isaac, habido muy tardíamente con su mujer Sara. Abrahán
estaba dispuesto, por amor y obediencia a Dios, a quedarse sin su tan ansiado
hijo Isaac. Había tenido a Ismael con su esclava egipcia Agar, a instancias de
la propia Sara. Pero Isaac había llegado después y era hijo varón de su esposa
Sara. Agar e Ismael habían sido además desterrados a petición de Sara, quien no
deseaba ningún competidor para Isaac. Dios aprobó esta decisión, con la promesa
de que haría también un gran pueblo de los descendientes de Ismael. Ismael fue
luego una figura venerada en el Corán, pues dio origen a los ismaelitas, un
pueblo que habitó el norte de Arabia.
Abrahán sube con Isaac al monte
Moria, lo ata de manos y lo pone sobre la leña, para degollarlo. Va a cumplir
el mandato del Señor. Demuestra una fe completa y una total confianza en Él. En
el instante de alzar su cuchillo, la voz de un ángel lo detiene. Y entonces el
ángel le dice a Abrahán algo muy curioso: “Ya
veo que obedeces a Dios y que no me
niegas a tu hijo único.” (Gn 22, 12) ¿Era un ángel hablando en nombre
de Dios? En ese caso, Abrahán no le niega su hijo Isaac al ángel, y es el ángel
quien debería recibir el sacrificio del muchacho. ¿O bien se trataba del propio
Dios, y no de un ángel, y era a Él a quien no se le negaba la muerte de Isaac?
El caso es que un carnero, con los cuernos enredados en una mata, ocupa el
lugar del sacrificio, e Isaac queda libre y vivo.
Los ángeles parecen ser los portavoces de la intención divina en el Antiguo Testamento. El episodio del monte Moria termina con el consabido pacto de Dios con Abrahán: “—Juro por mí mismo, palabra del Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu único hijo, te colmaré de bendiciones y multiplicaré inmensamente tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra alcanzarán la bendición a través de tu descendencia, porque me has obedecido.” (Gn 22, 16-18)
Los ángeles parecen ser los portavoces de la intención divina en el Antiguo Testamento. El episodio del monte Moria termina con el consabido pacto de Dios con Abrahán: “—Juro por mí mismo, palabra del Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu único hijo, te colmaré de bendiciones y multiplicaré inmensamente tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra alcanzarán la bendición a través de tu descendencia, porque me has obedecido.” (Gn 22, 16-18)
Una vez fallecida Sara, con
ciento veintisiete años, en Hebrón, Abrahán tomó por esposa a Queturá, y
todavía le quedó combustible para engendrar otros seis hijos. Abrahán murió con
ciento setenta y cinco años, y sus hijos Isaac e Ismael le dieron sepultura en
la cueva de Macpelá, en el campo de Efrón, hijo de Sojar, el hitita, que el
propio patriarca había comprado antes por cuatrocientas monedas de plata a
Efrón. Abrahán significa “padre de una muchedumbre”. Abrahán llegó a Canaán, a
la región de Hebrón y Berseba, con las migraciones arameas, a principios del
dos mil antes de la era cristiana. Fue el primero en circuncidarse a sí mismo y
en circuncidar a todos sus hijos y esclavos. Todos los hebreos se consideran
“hijos de Abrahán”, así como todos los árabes igualmente, por medio de la
descendencia de Ismael. Abrahán es el más grande de todos los patriarcas. Por
su parte, Isaac engendró en Rebeca a Esaú (el velludo) y a Jacob (el sostén de
Dios), que eran gemelos. Esaú era el mayor, pero vendió su derecho de
primogénito a Jacob, padre de las doce tribus de Israel. Jacob murió en Egipto;
luego su cuerpo fue llevado a Canaán, a la sepultura de sus padres.
San Pablo recuerda el conato de holocausto de Isaac en el capítulo once de su carta a los Hebreos, y parece equipararlo con el caso de Jesús –cuyo nombre quiere decir “Salvador”--. Escribe Pablo que “por la fe, Abrahán, sometido a la prueba, presentó a Isaac como ofrenda […] Pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar de entre los muertos. Por eso lo recobró para que Isaac fuera también figura.” (Hb 11, 17-19) Es un pasaje oscuro, de significado nada explícito. Debe ser interpretado como que Isaac era, en realidad, un anticipo de Cristo, o “figura de Cristo Jesús”. En la traducción Reina-Valera, se aclara más este sentido: “pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.” Abrahán recuperó a Isaac, porque este estaba destinado al sacrificio. Dios recobra a su Hijo Jesús porque este vence a la muerte. Es decir, regresa de entre los muertos. En la Nueva Versión Internacional de la Biblia se apuntala esta lectura que hemos hecho: “Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos”.
San Pablo recuerda el conato de holocausto de Isaac en el capítulo once de su carta a los Hebreos, y parece equipararlo con el caso de Jesús –cuyo nombre quiere decir “Salvador”--. Escribe Pablo que “por la fe, Abrahán, sometido a la prueba, presentó a Isaac como ofrenda […] Pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar de entre los muertos. Por eso lo recobró para que Isaac fuera también figura.” (Hb 11, 17-19) Es un pasaje oscuro, de significado nada explícito. Debe ser interpretado como que Isaac era, en realidad, un anticipo de Cristo, o “figura de Cristo Jesús”. En la traducción Reina-Valera, se aclara más este sentido: “pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.” Abrahán recuperó a Isaac, porque este estaba destinado al sacrificio. Dios recobra a su Hijo Jesús porque este vence a la muerte. Es decir, regresa de entre los muertos. En la Nueva Versión Internacional de la Biblia se apuntala esta lectura que hemos hecho: “Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos”.
Los primeros cristianos asimilaron
el ofrecimiento de Isaac en sacrificio a la crucifixión de Jesús, según se
demuestra por las pinturas en las catacumbas.
Con el Hijo de Dios no hay ningún
ángel que detenga el látigo romano, ni la coronación de espinas, ni la
crucifixión. Esta vez la ofrenda se realiza con todas las consecuencias. Jesús
perece la víspera de la Pascua judía. Dios no aparta de Él ese cáliz, sino que
incluso le acerca una esponja empapada en vinagre. “--Tengo sed. Todo está cumplido.” Palabras finales de Jesús, según
San Juan. “—Padre, a tus manos encomiendo
mi espíritu”, último dicho, según San Lucas. Marcos y Mateo alimentan la
duda rebelde: “—Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has abandonado?” Un término de duro reproche dirigido a quien
tampoco esta vez se le llama “Padre”. Cristo-Hombre se distancia de
Dios-Creador, porque se ve como “distinto” a Él. Como “otro”. Yo soy aquí el
que está padeciendo, en la cruz, ¿dónde estás tú, pues, Dios mío? Quizá fue
este distanciamiento entre el ser del hombre Jesús y el Ser de Dios el que
llevó en 190 a Teódoto el Curtidor a pensar que Cristo era solo el “hijo
adoptivo de Dios”. Con él, Pablo de Samosata, Arrio (siglo III) y Elipando de
Toledo y Félix de Urgel (siglo VIII). Elipando fue tildado de “cojón del
anticristo” por Beato de Liébana. Sea como fuere, Jesús, obedeciendo la
voluntad de Dios, se ofreció como Salvador de todos los hombres al aceptar su
holocausto.
© Antonio Ángel Usábel, marzo
de 2018.
…………………………………………………………………………………………….
Los musulmanes tienen a Abrahán y
a su hijo Ismael como fundadores del santuario de La Meca. Abrahán fue el
primer patriarca no idólatra, ni judío ni cristiano. La huella de su pie quedó
impresa sobre la Caaba, la piedra sagrada custodiada en La Meca. Admiran de
Abrahán su sumisión a Dios. Abrahán se sometió en todo momento a Dios sin
rechistar. Por eso le consideran depositario del único culto verdadero. En el
Corán es el primero que cuestiona la resurrección de los muertos: “Señor mío, muéstrame cómo resucitarás a los
muertos. Respondió: ¿No crees? Dijo: Sí, pero mi corazón se tranquilizaría.
Dijo Dios: Coge cuatro pájaros, acércalos a ti y despedázalos. A continuación
pon parte de ellos en cada monte. Después llámalos: Te vendrán con premura.
Sabe que Dios es poderoso, sabio.” (Azora II, 262)
Respecto a la concepción milagrosa
de Jesús –que es dogma de fe—solo el evangelista Lucas la explicita. No hay
precedentes en el Antiguo Testamento. Lucas era un médico fuertemente
helenizado, autor también de los Hechos de los Apóstoles. En la
mitología helena eran frecuentes los hijos de un dios y una mortal. En los
Evangelios se citan varias veces los parientes directos de Jesús, hermanos y
hermanas. La Iglesia Católica lo explica argumentando que se trata de primos y
primas. Todos los Evangelios sinópticos y el de San Juan los mencionan: Mc 3,
31; Mc 6, 3; Mt 12, 46; Mt 13, 56; Lc 8, 19; Jn 2, 12. En el de Mateo, a Jesús
se le desconoce en su residencia como un profeta, pues se le ve tan solo como
el “hijo del carpintero” y de María, hermano de Jacobo, José, Simón y Judas (Mt
13, 54-57). La controversia es grande, pero no supone ningún obstáculo para la
labor mesiánica de Jesús.
miércoles, 28 de marzo de 2018
La Salvación.
Entramos en los días en que
Jesucristo abraza su destino: el de morir primero para vencer a la muerte y al
mal del mundo, y con ello liberar a todos los hombres. No fue nada fácil para
Él, aun viniendo del Padre, aceptar su vejación, su apaleamiento y su crucifixión.
Por eso sudó sangre por la noche en el huerto de Getsemaní. Su parte humana se
enfrentaba al dolor de la destrucción violenta del cuerpo. Pero comprendía que
no había otro camino de mostrar la infinita misericordia y el perdón infinito
de Dios hacia el género humano. Con la esperanza de la vida eterna, de que a la
muerte se la puede vencer, porque no es el final, Jesús dio un sentido a
nuestras vidas. La razón de una fe. Él es el camino, la verdad y la vida. Él es
la fuente de agua que no se agota nunca y da la inmortalidad a quien bebe de
ella. Jesús es la Luz del mundo, la luz que ilumina nuestros corazones, la que
permite que la joven abandone de noche, y a oscuras, por la secreta escala, la
casa de sus padres, para ir en pos del Amado, encontrarlo, unirse a Él, y así
rebautizar su alma, vaciada del egoísmo, y por fin pletórica del Amor divino.
“Si Cristo no ha resucitado,
nuestra fe es vana” –apuntala San Pablo, el que fue otrora gran perseguidor de
los cristianos. Él no conoció personalmente a Cristo, pero llegó el día en que
lo sintió dentro. En que Dios Jesús lo llamó hacia sí e inundó de la fuerza del
Espíritu Santo su corazón. Desde entonces, Pablo resucitó, porque fue otro
hombre. Resucitan a diario cuantos fijan su esperanza en la voz del Evangelio y
deciden seguir los pasos del Señor. La Resurrección es un misterio constante.
Ocurre cada vez que alguien acepta en su vida la Palabra, y con ella la Luz, la
fuente de vida eterna. Cada uno de nosotros resucita cuando piensa en Jesús,
cuando se acuerda de los hermanos que lo rodean y hace un gesto positivo por
ellos. Cuando demuestra que los ama, no solo por medio de mensajes cariñosos,
sino también por hechos afectivos. Amar al prójimo como a uno mismo. Ver en ti
a quien tienes delante. El amor nos hace sentirnos menos solos, nos hace
creernos más acompañados. El hombre es un ser social, pero la sociedad de por
sí no es la solución. La sociedad es un entramado de relaciones, a veces crudas
e inhumanas. A la sociedad hay que dotarla de sentido, de civilidad, pero las
personas que la componen necesitan entre ellas un ligamento esencial con el que
brote la felicidad de sentirse vivos. Tal ligamento es el amor. Jesucristo, con
su vida de predicación y, sobre todo, con su muerte vino a traernos el amor
imperecedero, el amor que nunca falla.
No hay Amor más grande que el que
da la vida por sus semejantes. Hace pocos días, un gendarme de la policía
francesa, Arnaud Beltrame, de cuarenta y cuatro años, se intercambiaba por unos
rehenes retenidos en un supermercado. Lo hacía voluntariamente y con plena
aceptación de las posibles trágicas consecuencias para él. Estaba casado y sin
hijos. Al final, resultó herido de muerte en el tiroteo del atacante con la
policía, y falleció poco después. Hay quien puede pensar que hizo un gesto
demasiado comprometido. Él era policía y lo creyó su deber. Le costó esta vida
material que todos disfrutamos en mayor o menor medida. Y ojalá que haya ganado
no la vida de la fama –como consideraba Jorge Manrique--, sino la vida verdadera,
la vida junto a Dios Padre.
Voy a traer ahora a colación a
William Shakespeare. El famoso monólogo del Príncipe Hamlet, siempre con tanto
sentido. Morir, dormir… tal vez soñar. Temer los sueños que nos surjan tras la
muerte, en la tiniebla y el silencio del sepulcro. El miedo a esas pesadillas
es lo que detiene el puñal de la venganza. Preferimos aguantar en el mundo --ya
que lo conocemos-- lo que sea, y no adentrarnos precipitadamente en ese país
desconocido del cual todo se ignora. Más vale lo malo por conocido –se dice—que
lo bueno por conocer. Nadie ha regresado del reino de los muertos. Quizá porque
no haya por qué retornar. Si somos cristianos, tenemos que ser más cautos que
aquellos griegos del ágora que increparon a Pablo cuando les comenzó a hablar
del Dios desconocido y de la resurrección de nuestra entidad tras la muerte.
Tenemos que abandonar el sendero de la venganza –que es por donde iba el
Príncipe danés, cegado por dudosos susurros fantasmales—y abrazar el cariño, el
perdón y la reconciliación. Es tarea difícil, mas solo con el amor se puede
volver más justos a los seres humanos. El amor derrota al odio y a la
violencia. Es lo único que construye, que forja y edifica de verdad.
No hemos de temer a la muerte,
que Cristo nos espera al otro lado. El sueño del Dr. King también fue de
esperanza: estuve en la cima de la montaña, y pude ver el otro lado. Y sin
embargo, la hora final es dura hasta para el mayor de los creyentes. He visto a
personas muy creyentes aferrarse a la vida física hasta el último resquicio de
sus fuerzas quebrantadas por la falta de salud. Como si se dudara de que
hubiera luego otra cosa. Es un hecho circunstancial natural que ya hemos
observado que el mismo Jesús padeció: la dureza de dejar lo que se puede
percibir por los sentidos corporales. A todos nos llega la hora, y hemos de
traspasar el umbral de otra realidad en soledad, sin acompañamiento. “A donde
yo voy, vosotros no podéis venir conmigo” –les advierte Jesús a sus apóstoles.
Es un trance –como el del nacimiento-- para uno solo. Un trance que, una vez
adquirido con el uso de razón el conocimiento de este mundo, requiere de una
gran esperanza, de una tremenda fe. Y hay que rogar a Dios que nos dé esa fe,
no solo para el instante de nuestro final, sino para que nuestra vida nunca
pierda su sentido.
Jesucristo ha venido a salvarnos.
Creamos cada día en su Salvación.
© Antonio Ángel Usábel, Semana
Santa de 2018.
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vida eterna
martes, 27 de marzo de 2018
Privacidad.
El DRAE (Diccionario de la
Real Academia Española de la Lengua) define el término “privacidad”, en su segunda
acepción, como “ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de
cualquier intromisión.” Resulta el caso que el 6 de septiembre de 2016
publiqué yo, en mi canal de YouTube,
nueve vídeos que recogían casi todo un recital de pasajes de zarzuelas que
ofreció el Coro Lírico de Cantabria
el 11 de agosto de 2016, en la localidad cántabra de Solares, concretamente en el
Centro Cultural Ramón Pelayo (Medio Cudeyo). Yo mismo realicé la grabación. Me
gusta la zarzuela, y los coros, y conocía a un miembro de la agrupación. Así
que fui ese día con bastante tiempo sobrante, para inspeccionar el terreno,
hablar con los responsables del auditorio, y preguntarles si tenían
inconveniente en que grabara el evento. Me personé allí, era el primero en
llegar, y encontré a la encargada de la sala. En un primer momento, al verme
con el trípode para la cámara, pensaba ella que me enviaba el propio Coro
Lírico. Le expliqué que no, que aunque conocía a un miembro del coro, se
trataba de una iniciativa mía particular. Me contestó que como era un acto
público en abierto (sin cobro de entrada), no había ningún inconveniente. Pocos
minutos antes de que se abrieran las puertas del recinto –para mí y para todo
el público--, salió fuera la persona que yo conocía, quien me aconsejó dónde
situarme con la cámara, para obtener unas buenas imágenes. Me coloqué en el
pasillo lateral izquierdo, de cara al escenario. El pasillo tenía una pasarela
alzada añadida, lo que, llegado el caso, podría facilitar mi desplazamiento
para resultar así más discreto aún. Una vez comenzado el recital, entraron
tarde dos señoras, que bajaron por el pasillo donde yo tenía colocada la
cámara, y sin reparar en ella por poco me la tiran al suelo; por eso, no pude
luego aprovechar la primera intervención del coro.
La zarzuela es un género lírico
español que se está perdiendo, porque interesa a poca gente joven. Es un tipo
de música melódica no valorado hoy día por las nuevas generaciones. La zarzuela
es la hermana menor de la ópera y la prima de la opereta, surgida en el imperio
austrohúngaro en el siglo XIX, y adoptada después por la escena anglosajona
(los musicales de Broadway y de Covent Garden). Pero, mientras que la ópera y
la opereta siguen encontrando una notable aceptación en nuestro tiempo, porque
siempre hay un público “chic” para la primera –lo que se traduce en un público
culto amplio en el resto de Europa--, y porque la segunda se adapta muy bien a
los gustos de las nuevas generaciones, con nuevos libretos y nuevas
composiciones al caso, la zarzuela, con temas anclados en la sociedad tradicional
decimonónica, anda muy de capa caída y con el pie en la tumba. Es por eso que
me parece sumamente encomiable el esfuerzo de agrupaciones que, como el Coro
Lírico de Cantabria, mantienen vivo el interés por incluir en sus repertorios
temas de zarzuelas. El público de edad madura siempre lo vitorea, y hay algunos
que, como yo, que ahora tengo cincuenta y un años, también lo disfrutamos
mucho. La zarzuela tiene una música y una letra muy bonitas, que llegan con su
hondo lirismo al corazón de cualquier persona sensible. Está claro que no tiene
nada que ver con los estilos actuales, pero puede –y debe—continuar encontrando
su rincón.
Mis vídeos pueden contribuir a
acercar las iniciativas de dar a conocer la zarzuela al gran público que se
sirve de YouTube y de otros medios de
difusión por Internet. No hay nada malo en ello, creo, sino más bien todo lo
contrario. Como cualquier otro montaje que sirva para estimular el conocimiento
de otros géneros artísticos o musicales: baile, danza, ópera, opereta, vodevil,
drama, comedia, concierto, sinfonía, música de cámara, etc., siempre que sus
responsables no ofrezcan reparos para su grabación.
El dieciséis de marzo del
presente año, alguien relacionado con el Coro Lírico de Cantabria me solicitó,
a través del Messenger de mi página
de Facebook, que procediera a retirar
de YouTube esos nueve vídeos.
Textualmente, me escribía esta persona: “Veo
que tiene publicados varios vídeos de un concierto nuestro (Coro de Bohemios,
Canción del Sembrador, Romanza de Simpson, Coro de la Murmuración y Coro de
Románticos). Si bien fue un acto público y por supuesto sin prohibición expresa
de grabación por nuestra parte, sí me gustaría pedirle que los retirase de las
redes públicas y que no aparecieran en ningún sitio, ya que somos (o intentamos
ser) bastante cuidadosos con estas cosas y mantener todos los vídeos publicados
bajo supervisión. Sé que están grabados y publicados con la mejor de las
intenciones, y desde luego que se lo agradecemos mucho, pero nos gustaría
seguir manteniendo el control de todas las publicaciones en las que aparecemos.
Sin más, un saludo y muchísimas gracias.” A esta persona que me escribe
este mensaje no solo no le gusta la programación, y, en su derecho, “cambia de
canal”, sino que llama a la cadena y exige que lo que se está en esos momentos
emitiendo se altere e incluso desaparezca. Mi respuesta, por el mismo sistema
de Messenger, fue la siguiente: “No voy a acceder a su petición, pues
solicité permiso para grabar el concierto en el auditorio donde se ofreció. No
se cobraba la entrada ni se restringieron las grabaciones en ese momento. Los
vídeos llevan publicados ya bastante tiempo y me parece una forma bonita de dar
a conocer el arte y talento de la agrupación coral, que mucha gente aprecia y
respeta […] Sin otro particular,
reciba mi atento saludo.”
Se da la curiosa circunstancia de que el propio Coro Lírico de Cantabria
compartió mis vídeos en su página de Facebook,
el 6 de septiembre de 2016, como atestigua la fotografía que muestro a
continuación:
Los nueve vídeos de ese recital
del Coro Lírico de Cantabria han recibido muy pocas visitas. En torno a
trescientas. Fruto, seguramente, del ya comentado bajo interés que suscita hoy
la zarzuela. En la página oficial del Coro Lírico de Cantabria (https://coroliricodecantabria.org)
no hay ninguna disposición de Privacidad, ni ninguna restricción a grabaciones
de las interpretaciones del grupo.
Yo pensaba que mi respuesta,
apoyando mi derecho a grabar y difundir imágenes de lo que fue un evento
público en abierto, iba a poner en claro término este asunto. Pero al parecer
no ha sido así, porque bien la misma persona que en Facebook me solicitaba la retirada de mis vídeos, o bien otra que
alguna relación debe de tener con ella, puso en contra de ellos una reclamación
de Privacidad en el Canal de YouTube.
El jueves 22 de marzo me escribió el equipo de YouTube para informarme de dicha reclamación, sin decirme el quién
ni el porqué, y dándome un plazo de cuarenta y ocho horas para revisar los
nueve vídeos y efectuar en ellos las oportunas modificaciones, o incluso,
proceder a su eliminación. Revisando la política de Privacidad del canal,
comprobé que es aconsejable que no aparezca mencionada ninguna persona con su
nombre y apellidos. Como consecuencia, para extremar precauciones, procedí a
eliminar de uno de los vídeos el referente de quien me había aconsejado dónde
emplazar la cámara durante el recital. Mantuve el nombre y apellidos de la
directora del coro, puesto que se hallaba en el ejercicio de su cometido
profesional. Descontando a quienes oficiaban de solistas, a ningún otro miembro
del grupo se le señala con su nombre. La cámara se mantiene fija hacia el
escenario, por lo que el público asistente no es identificable de un modo
especial. Nadie del público, además, se ha quejado hasta ahora de ninguna de
estas grabaciones.
El martes, 27 de marzo de 2018,
el equipo de YouTube, a vuelta de mis
oportunas alegaciones en defensa de la publicación de estos vídeos, ha
considerado declararlos exentos de modificación y, por supuesto, de
eliminación. Textualmente, el equipo escribe:
“Hemos revisado su reclamación y
hemos decidido que el contenido se encuentra exento de eliminación de acuerdo
con nuestras directrices de privacidad (puede encontrarlas en
http://www.youtube.com/t/privacy_guidelines). El contenido no infringe nuestras
políticas y seguirá publicado en el sitio. Muchas gracias por utilizar
YouTube.”
Es decir, YouTube me otorga la
razón y mi derecho a mantener publicados en mi canal estos nueve vídeos del
Coro Lírico de Cantabria.
La RAE –como he señalado al
principio—determina la “Privacidad” como “ámbito de la vida privada” con
derecho a protección. Por ejemplo, supongamos que yo saco mi cámara a la calle
y filmo a gente que va de un lado a otro. Luego voy y publico mi vídeo. Alguien
que aparece en esas imágenes de pura casualidad lo ve y prefiere que no se le
identifique en ellas. Reclama, y mi opción es o bien distorsionar su figura por
medios técnicos, o bien cortar esa parte de la grabación, o incluso eliminarla
del todo. Pero estamos hablando, en este caso concreto, de una actuación
pública de una agrupación coral, cuyos miembros, mayores de edad, evidentemente,
van a ser vistos, oídos y hasta identificados por el público asistente. Salen a
un escenario y ofrecen su buen arte para deleite de los aficionados. No es su
vida privada la que interesa ni se ve afectada en ese tiempo, sino su vida
pública, como intérpretes de un grupo coral. Nada que atente, por tanto, a la
Privacidad.
Yo he publicado actuaciones de
otros grupos y, francamente, esta es la primera reclamación que he tenido. Por
lo general, son vídeos muy aceptados, pues sirven de promoción gratuita a esos
grupos artísticos.
Esperemos que la persona que ha
puesto esa denuncia de Privacidad en YouTube
se dé por bien contestada y comience a evaluar la realidad de otra manera, más
positiva para todos.
© Antonio Ángel Usábel, marzo
de 2018.
sábado, 24 de marzo de 2018
El derecho a soñar otra España.
«La
política maneja realidades que el político no elige. Maneja hombres, pasiones,
que no se recortan a su capricho. Conducir hombres es muy distinto de escribir
comedias.» (Manuel Azaña)
José Luis Gómez vuelve a poner voz y rostro a Miguel Azaña Díaz (1880-1940), histórico baluarte de nuestra II República,
jurista e intelectual metido a político. En la misma línea de nuestros
ilustrados y de Larra, romántico que retomó el testigo de la defensa del bien
común, Azaña soñaba con un Estado republicano que contentara los intereses de
todos –burgueses liberales y proletarios—y que sirviera para educar a las
masas, para alejar al pueblo español de su atraso y su ignorancia. Fernando de
los Ríos –a la sazón, padrino de Federico García Lorca—escuchó sus deseos y
puso en marcha las Misiones Pedagógicas y La Barraca, teatro universitario
ambulante.
“La República será democrática, o
no será”. La República vino a sustituir el poder desgastado de una monarquía
que había confiado al brazo castrense los destinos del país. Y eso que el PSOE
llegó a mostrar sus simpatías por ciertas decisiones de Miguel Primo de Rivera,
el dictador que había desterrado a Unamuno a Fuerteventura. El principal
escollo contra el que chocaba la bravura democrática del toro opositor fue la
casi nula tradición republicana de España. La tradición regia, y además
católica, pesaba mucho. El catolicismo dominaba la enseñanza y cuadraba las
mentes a su medida. El personaje de Lázaro, de la excepcional San Manuel
Bueno, mártir (1931), no puede enviar a su hermana Ángela a estudiar a una
buena escuela laica porque no las hay; ha de conformarse con costearle una
formación en un colegio de monjas, para que se pueda distinguir del aire
embrutecido de la aldea. Cuando los laicistas toman el poder el 14 de abril de
1931, intentan favorecer un sistema nuevo de enseñanza, al socaire de Francisco
Giner de los Ríos y de Alberto Jiménez Fraud. Paralelamente se hicieron fallas
de algunos conventos e iglesias, y se persiguió a algunos curas que se querían
entrometer en el diseño de la escuela pública nacional, como acaeció con el
Padre Poveda, tristemente fusilado ante las tapias del cementerio del Este en julio
de 1936.
Levantar una nueva España,
tolerante, abierta, soberana de sí misma, no era tarea fácil. Más teniendo en
cuenta que las izquierdas querían proscribir cualquier signo de tradicionalismo
–cuartel, orden y crucifijo—y las derechas –no dispuestas a ceder ni un
palmo—iban a poner desde un principio la zancadilla al proyecto de II República
española. Los enfrentamientos dialécticos en el Congreso entre Azaña y Lerroux
fueron evidente testimonio de este divorcio perenne entre “las dos Españas”
machadianas. Varios grupos irreconciliables cuya cerrazón e intolerancia
llevarían al país a una sangrienta e inútil Guerra Civil, como inútiles son
todas las guerras, una vez valoradas desde la paz.
Discurso de las tres pes (voz original de Manuel Azaña)
A Azaña y a los ideólogos de la
II República el proyecto se les fue de las manos. Había demasiados intereses
enfrentados, incluso en el seno de las propias filas de los partidos en el
poder. Esto se constató sobremanera en el primer año de Guerra Civil, cuando al
gobierno de Azaña le costó Dios y ayuda sembrar disciplina entre las milicias
populares. La desunión, el constante enfrentamiento interno, fue hábilmente
aprovechado por el ejército profesional insurrecto, que rápidamente ganó
terreno y se comenzó a imponer en la contienda. De hecho, las principales
maniobras del ejército republicano resultaron meramente defensivas o de
distracción. Discurso de las tres pes (voz original de Manuel Azaña)
Cuando tocó armar a pueblerinos,
lo primero que estos hicieron al llegar a Madrid fue asaltar las casas del
barrio de Salamanca, saqueando y violando a placer. Lo atestigua Agustín de
Foxá en su valleinclanesca narración Madrid, de Corte a checa (1938). La
prodigalidad revanchista de los tildados como “facciosos” azotaría España hasta
varios años después de acabada la guerra: cárceles, juicios sumarísimos,
ejecuciones, depuraciones, imposiciones y deposiciones. Excelentes iniciativas
en el campo de la enseñanza laica, en los derechos y libertades civiles, en la
incorporación de la mujer al mundo laboral, en el progreso de la Ciencia, en el
desarrollo vanguardista y experimental de las artes y de la Cultura, fueron
purgados con aceite de ricino y hasta indignamente extirpados de la sociedad
española.
Personalmente, no me cabe
concebir ninguna España que prescinda de la otra media, puesto que los mejores
vinos se logran a partir del cruce de diversos sarmientos. La II República
nació enfrentada, agriamente dividida, apartada de la forja de una empresa
común. Escribe José Luis Gómez en su presentación del monólogo que «Patria, etimológicamente, es el lugar
donde uno nace y nacieron los padres; al concepto de nación, que María Moliner
define como la comunidad de personas que viven en un territorio, regido por el
mismo Gobierno y unidos por lazos étnicos o de historia, habría quizás que
añadir “compartiendo un mismo proyecto colectivo”; y la lealtad a ese proyecto
colectivo, que se dota de un orden jurídico democráticamente acordado, está muy
cerca del patriotismo constitucional del que habla Jürgen Habermas: tras el
“espíritu republicano” de Azaña late, quizás, ese “patriotismo constitucional”
que tanto nos puede ayudar en el tiempo presente.» La
paradoja es que, en 1931 y años sucesivos, había varia gente que hablaba de que
había que hacer cundir en España una empresa colectiva. Pero a costa de que
siempre unos represaliaran a los otros y de que se recurriera a la dialéctica
de los puños y de las pistolas.
En cierta manera, Azaña fue un
ideólogo ingenuo, un soñador para un pueblo con su identidad escabrosamente
disociada de la tradición y, por ello, en entredicho. Cuando el 13 de octubre
de 1931, desde su cargo de Ministro de la Guerra, arremete en las Cortes contra
las órdenes religiosas, lo hace pensando que el catolicismo no es ya la
impronta de pensamiento que cunde en esos momentos en Europa. No aboga por
suprimir esas órdenes, sí por limitar su grado de influencia, sobre todo en el
ámbito de la Enseñanza, porque veía que España necesitaba otras formas de
pensar, una educación más volcada en los aspectos técnicos y científicos que
conllevaba la modernidad. Hay una enorme nobleza y una gran conveniencia en la
determinación de Azaña. El problema es que la España más reaccionaria nunca
podría entender, ni menos tolerar, esa propuesta. En los países latinos
mediterráneos (Grecia, Italia, España, Portugal) el peso de las creencias tradicionales
era tan denso que volvía imposible cualquier cambio que se considerara “alienante”.
Por ese motivo, Azaña estaba “desenfocado”, estaba planteando algo que muy
difícilmente podría brotar en el seno materno de la sociedad española.
José Luis Gómez vuelve a mostrar toda
su entereza y su profesionalidad como actor al recrear a Azaña, un personaje
histórico “de enormes posibilidades
teatrales”. Lo hace con un montaje austero, minimalista, cuatro sillas
giratorias de madera junto a sus correspondientes ceniceros (era Azaña un
fumador compulsivo), con el recurso quizá ya demasiado utilizado en el presente
de los papeles leídos que se van desparramando por el suelo. No faltan guiños a
la actualidad política de España, al traer a colación el problema del
independentismo catalán, que tanto amargó a Azaña también. La experiencia
alemana del actor se plasma en algún momento aislado con efecto de
distanciamiento, a lo Brecht (“recuerdo al público que yo soy un actor que
presto mi voz al personaje de Azaña”).
En verdad, un monólogo necesario para
recordarnos la figura emblemática de Manuel Azaña Díaz, y sugerirnos su
lectura.
© Antonio Ángel Usábel, marzo de 2018.
………………………………………………………………………………………………………………………..
Azaña, una pasión española, por José
Luis Gómez, según selección de textos y adaptación de José María Marco, en
Teatro La Abadía (C/ Fernández de los Ríos, 42, Madrid). Hasta el 25 de marzo
(2018).
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domingo, 4 de febrero de 2018
Solo Dios tiene derecho a despertarme.
Con esta oración finaliza la
tragicomedia de Óscar. O la felicidad
de existir, basada en el libro de Érich-Emmanuel Schmitt Oscar y la Dama de Rosa (2002), que
el director Juan Carlos Pérez de la
Fuente ha llevado al Teatro Arapiles 16 de Madrid, contando con el
magistral talento de la actriz Yolanda
Ulloa. La única intérprete se desdobla en varios personajes, casi todos niños
que pueblan la sección infantil de un hospital.
Esta obra es la historia de
Óscar, el “Cabeza Huevo”, un niño de diez años, enfermo terminal de leucemia, y
de su consoladora amistad con una mujer voluntaria, Mami Rosa. Mami Rosa se
inventa que ha sido campeona de lucha libre e insta al niño a desahogar su pena
escribiendo todos los días a Dios. Porque, si es cierto que Papá Noel no
existe, no es menos verdad que Dios sí. Que nos escucha y a veces hace una
visita a nuestro pensamiento.
Óscar se aplica a escribirle a
Dios, confiándole su experiencia con sus amigos y sus deseos. Por allí se
asoman el Palomitas, el Bacon, el Einstein, y la deliciosa Peggy Blue, llamada
así por el tono poco oxigenado de sus venas. Un día Óscar se entera de que ya
no va a vivir más, y se queja de esa injusticia. Porque sus padres se morirán,
y Mami Rosa también, pero él lo hará primero, sin apenas confesar que ha
vivido.
Mami Rosa lo conduce a la capilla
del hospital y le muestra el crucifijo. El Hijo de Dios se enfrentó a la muerte
para darnos esperanza de que se la puede vencer. Y que no hay que temer a lo
desconocido –como sí lo hace Hamlet en su monólogo—sino abrazarlo con
curiosidad, como algo que tenemos que conocer. A la muerte –aunque nos cueste
mucho—hay que naturalizarla, ya que forma parte de la vida de los seres.
Mami Rosa sugiere a Óscar que
piense y crea que cada día que viva de los próximos doce, cumplirá diez años
más. Así se irá con ciento veinte años cumplidos, todo un veterano de este
mundo. Óscar le hace caso, y los estragos de la leucemia sobre su cuerpo se
confunden con los signos de la madurez y de la vejez.
A medida que seguimos la
representación –que Yolanda Ulloa vuelve completamente hipnótica, divertida y
creíble—nos hacemos la película de la historia en nuestra cabeza. Tras un
despertar, Óscar contempla la luz por la ventana como si fuera la primera vez,
y lo que ve lo deja fascinado; quizá sea la preparación necesaria para cuando
llegue en breve el instante del tránsito a ese país ignorado que solo hay que
recordar. El texto de Schmitt es una pequeña maravilla. Juan Carlos Pérez de la
Fuente acariciaba este proyecto desde hacía tiempo, e incluso había contado en
su momento con las figuras de María Jesús Valdés y Ana Diosdado para el
monólogo de Mami Rosa.
Dios puede ser quien nos acompaña
y quien nos espera. O puede ser esa quimera de mágico consuelo, “ese servicio
que el hombre inventa para el hombre”. En su primera carta, el niño se
cuestiona la existencia de ese ente cuya dirección postal nadie conoce. Pero
pronto siente que escribirle le reporta un beneficio espiritual, y llega a
cerrar sus misivas con una anhelante posdata. Más allá del placer de vivir,
Mami Rosa lleva a Óscar a creer en algo trascendente. Y a disfrutar de sus
últimos días con sensación de plenitud, y sin reproches.
© Antonio Ángel Usábel, febrero
de 2018.
* Obras de Érich-Emmanuel Schmitt en español:
Cartas a Dios. Óscar y la Dama
de Rosa, Booket, 2017, ISBN 978-84-08-16681-8
El Señor Ibrahim y las flores
del Corán, Booket, 2017, ISBN 978-84-08-16666-5
Concierto a la memoria de un
ángel, Booket, 2014, ISBN 978-84-233-4755-1
La mujer del espejo,
Alevosía, 2013, ISBN 978-84-15608-36-3
El libro más bello del mundo y
otras historias, Booket, 2012, ISBN 978-84-233-2075-2
Milarepa, Ediciones
Obelisco, 2003, ISBN 978-84-7720-987-4
El evangelio según Pilatos, Edaf, 2001, ISBN 978-84-414-0892-0lunes, 11 de diciembre de 2017
Auschwitz, la fábrica de la muerte.
El topónimo Auschwitz,
en Polonia, se ha convertido a nivel mundial en sinónimo de horror. La masacre
programada de más de un millón cien mil personas, la mayoría de etnia judía,
por parte de las autoridades nazis del Tercer Reich. Frío extremo, hambre,
plagas, trabajo a menudo inútil (como trasladar enormes piedras de un lugar a
otro sin sentido), experimentos médicos, palizas, torturas, vejaciones
continuas, separaciones forzosas, expoliaciones, hacinamientos, todo ello
conformaba el paraíso de este campo de exterminio gigantesco, donde el lema
principal era “El trabajo libera”. Una vez que Alemania y la URSS se
repartieron Polonia, Himmler ordenó aprovechar unos antiguos barracones del
ejército polaco para construir un campo de internamiento masivo. Rudolf Höss,
el comandante de Auschwitz, fue el encargado de eliminar con prontitud
eficiente, casi inusitada, a varios miles de personas al día, que llegaban en
largos convoyes de unos cuarenta y siete vagones de ganado. A Höss, quien había
visitado Treblinka y sus cámaras de monóxido de carbono, solo aptas para unas
doscientas personas, se le ocurrió la idea de utilizar Zyklon-B, un insecticida
comercial muy tóxico, aplicado en la desinfección de ropa, para asesinar gente
en masa. Lo probó con unos prisioneros rusos, y los cristales funcionaron.
Inmediatamente se levantó una cámara de gas, con crematorio aledaño, que
después fue trasladada a la ampliación
de Auschwitz: Birkenau. Allí se diseñaron otras cuatro salas de asfixia con sus
hornos respectivos. Las chimeneas no paraban de emitir residuos de ceniza al
cielo. Noche y día. Sin descanso. La atmósfera era nauseabunda, irrespirable,
casi ya en el propio apeadero de tren del campo. Cuando los prisioneros
descendían de los vagones, lo primero que notaban era que allí no se podía respirar,
por un olor fortísimo y penetrante. De inmediato, los perros azuzando a los
recién llegados, los guardias gritando las órdenes, y formando las filas de
selección. Los focos deslumbraban. Los niños, los ancianos y los enfermos,
directamente al grupo destinado a la cámara de gas. Los jóvenes, los hombres y
las mujeres sanas, al corte de pelo, el tatuaje y el barracón correspondiente. Bienvenidos
al Infierno.
Hitler odiaba a los judíos. No
los consideraba alemanes, ni con derecho a ninguna nacionalidad. Era el pueblo
errante, eternamente exiliado. Al no albergar en ellos un claro y profundo
sentimiento patriótico, y al distinguirse voluntariamente de la población
general, se consideraba que trabajaban únicamente por sus propios intereses, y
no por el beneficio común. Los judíos de todos los países se apoyaban
mutuamente, para asegurarse el control de las finanzas y de los medios de
producción. Movían los capitales y las fuerzas humanas a su antojo. Hacían y
deshacían naciones a su capricho. Eran un azote que sometía a todo el mundo.
Hitler los llegó a calificar de “virus”. Naturalmente, no hizo sino aprovechar
ideas que habían resurgido con mucha intensidad en Alemania a finales del siglo
XIX. Tanto Richard Wagner, compositor de óperas, como F. Nietzsche, filósofo,
fueron profundamente antisemitas. La crisis económica, abismal y sin solución,
que atravesaba la República de Weimar tras la Primera Guerra Mundial, agudizó
estos sentimientos de que el extraño, el extranjero, nos viene a quitar lo
nuestro. Por otra parte, el ascenso del bolchevismo y de los partidos obreros
radicales de izquierda, encrespó aún más los ánimos revanchistas y de ajustes
de cuentas con parte de la propia sociedad germana. El dinero en papel no valía
nada. Para comprar una sola barra de pan había que acudir con bolsas enormes
repletas de cientos de billetes sin apenas valor. La inflación era tremenda; el
empleo, volátil o escaseaba.
Hitler se apoyó en empresarios
arios para llevar a cabo sus proyectos y reformas de la sociedad. Su propósito
era anular para siempre las castas y las clases sociales, uniformizando
Alemania (y de paso, Austria) y obligando a cada ciudadano a participar en una
idea común de fortaleza, de superioridad racial, de supremacía y poderío sobre
todas las naciones (como reza aún el himno alemán). Una vez emprendida y con el
tiempo consolidada la “causa común”, se llegaría a un Reich próspero que
duraría, al menos, mil años. Ese era el sueño de Hitler.
Pero la solución al desempleo
llegó no solo con la construcción de autopistas, carreteras y complejos
residenciales y vacacionales para la clase proletaria, sino, especialmente, con
el velado rearme del ejército germano. Las industrias alemanas –saltándose la
prohibición—se aplicaron a diseñar y fabricar en serie nuevos cazas y
bombarderos, nuevas bombas incendiarias (algunas, probadas en la población
vasca de Guernica), nuevos obuses, ametralladoras, tanques, sumergibles y
cuanto material bélico cupiera imaginar. La Alemania de Hitler se preparaba
para la guerra, aunque el caudillo hablara cínicamente de paz y de concordia.
Su propósito era invadir Europa y someterla a la disciplina nacionalsocialista.
Y de paso, limpiarla de judíos, de homosexuales, de débiles mentales, de masones,
comunistas y rivales políticos. Había que acabar con todos los indeseables y
los promotores de un arte y unas costumbres “degeneradas”. La raza aria
necesitaba conquistar su espacio vital. Solo el ario perfecto debía permanecer
y mandar. La doctrina fascista, brotada de un nacionalismo intolerante,
excluyente y acérrimo, pisaba fuerte con su bota en Europa.
De todo esto ofrece testimonio la
exposición itinerante que en diciembre se ha inaugurado en Madrid, en el Centro
Arte Canal (Plaza de Castilla). Lleva por título “AUSCHWITZ. NO HACE MUCHO. NO MUY
LEJOS” y está a cargo de MUSEALIA.
Más de seiscientos objetos procedentes directamente del museo de Auschwitz –
Birkenau, completados con abundantes vídeos y fotografías. Tres horas largas de
recorrido por la más terrible historia de la Alemania nazi. Una visita
instructiva, de inmersión en las técnicas delirantes del nacionalismo racista,
cuyo mayor mérito estriba en acercarnos la realidad de un campo de exterminio a
nuestra ciudad, a nuestras mentes y corazones. Quizá quien haya visitado
Auschwitz no necesite acudir a ver esta muestra, porque habrá mascado el horror
del exterminio en su origen. Es más bien para los jóvenes que no hayan leído
mucho sobre la Shoa (Holocausto) y
para cualquier persona sensibilizada con la Historia reciente de Europa. Aunque
resulte dura, conviene llevar a los niños mayores de doce o trece años, para
que vean con sus ojos lo que ocurrió una vez, y que nunca debe repetirse. O
somos conscientes de los errores y fijaciones de nuestro pasado, o los
volveremos a reiterar en nuestro futuro. De hecho, ya ha habido después de
Auschwitz otras masacres inhumanas: la Camboya de los jemeres rojos y Pol Pot,
hutus contra tutsis, los bosnios musulmanes de Srebrenica (julio de 1995). La
barbarie étnica y el fanatismo violento continúan; no descansan.
Es por eso que debemos tener muy
presente lo ocurrido en Auschwitz y en los demás campos de exterminio nazis.
Nadie es un pura sangre. Todos llevamos mezcla de múltiples etnias. El error
del nacionalismo racial es ignorar o tratar de solapar este hecho, y alimentar
el odio injustificado contra quien, acaso, también es hermano.
………………………………………………………………………………………
Para aproximarse a lo que fue
Auschwitz, con todo su horror, se pueden tan solo visionar los treinta minutos
del documental Noche y niebla, de
Alain Resnais, filmado en color en 1956. Quien quiera adquirir un conocimiento
más amplio, debe ver Shoa, el estremecedor
documental de nueve horas, con entrevistas a supervivientes y guardianes,
realizado por Claude Lanzmann en 1985. Igualmente, resulta ilustrativa la serie
documental Auschwitz, los nazis y la
Solución Final (seis episodios más un anexo: La fábrica de la muerte). Para enterarse de quiénes ayudaron a
algunos judíos a escapar del Holocausto, es excelente, a modo de ejemplo, el
documental La encrucijada de Ángel Sanz-Briz
(España, 2017), historia del diplomático español destacado en la embajada de
Budapest, quien extendió más de doscientos pasaportes (algunos, familiares) y
múltiples salvoconductos a judíos del gueto. Se asegura que su iniciativa
particular (ajena al gobierno franquista de entonces) salvó a cerca de 5.500
personas. El número de largometrajes que han abordado el tema de los campos
nazis es interminable. Los mejores, la serie de televisión Holocausto (1978, ganadora de dos Globos de Oro), La decisión de Sophie (Alan J. Pakula,
1982, con la excelente interpretación de Meryl Streep), La escapada de Sobibor (Jack Gold, 1987), El triunfo del espíritu (Robert M. Young, 1989), La zona gris (Tim Blake Nelson, 2001,
con Harvey Keitel) y, por supuesto, la obra maestra de Steven Spielberg, La lista de Schindler (1993). Sobre la
conferencia de Wannsee, del 20 de enero de 1942, puede verse la recreación de
la BBC-HBO La solución final (Conspiracy, Frank Pierson, 2001, con
Colin Firth y Kenneth Branagh). Acerca del exterminio de personas de etnia
zíngara, se ha rodado Y los violines
dejaron de sonar (Alexander Ramati, 1988, también novela suya). Indirectamente,
han tocado el tema Vencedores o vencidos
(Judgement at Nuremberg, Stanley
Kramer, 1961) y Nuremberg (2000, con
Brian Cox y Alec Baldwin). Sobre la honda crisis alemana durante la República
de Weimar es imprescindible El huevo de
la serpiente (Ormens ägg/ Das Schlangenei, 1977), maravilloso filme de Ingmar Bergman, con David Carradine y Liv
Ullmann. Puede completarse con la revisión, una vez más, de Cabaret (Bob
Fosse, 1972), basada en la novela Adiós a Berlín, de Christopher
Isherwood, sobre el ascenso del nazismo y sus repercusiones en la sociedad y
los espectáculos. Asimismo, para el problema económico de la posguerra alemana,
es de oportuna lectura el relato breve de Stefan Zweig La colección invisible
(1929), que trata la historia de un coleccionista de grabados notables, víctima
de una ceguera espontánea, cuya familia
los sustituye por burdas copias para vender los originales y así poder comer.
En cuanto a bibliografía, esta es
muy amplia también. Destacan los dos estudios del escocés Laurence Rees: Auschwitz.
Los nazis y la “solución final” (Crítica, 2005) y El Holocausto. Las
voces de las víctimas y los verdugos (Crítica, 2017). De Isaac Bensalom, Auschwitz.
Los campos de exterminio nazis (Ultramar, 1993). De Ignacio Mata Maeso, Mauthausen.
Memorias de un republicano español en el holocausto (Ediciones B, 2007),
dedicado a su tío abuelo Alfonso Maeso Huerta, casi cuatro años prisionero en
el famoso campo austriaco. A propósito de los verdugos y torturadores, hay un
libro, soberbio, de imprescindible lectura: Bestias nazis. Los verdugos de
las SS, de Jesús Hernández (Melusina, 2013).
© Antonio Ángel Usábel,
diciembre de 2017.
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