“Con la edad, los ojos ven más lejos, no en la distancia, pero sí en el tiempo.” (aausábel, 2017)

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lunes, 6 de noviembre de 2017

Pon la megafonía.


No sin verdadera malevolencia se dice a veces que se conservan tantas astillas de la cruz de Cristo como para reconstruir un bosque entero. Y tantas gotas destiladas del pecho de la Virgen como para montar una central lechera.
Con el tercer secreto de Fátima parece querer ocurrir algo parecido. Que se sepa, y hasta la fecha, se han difundido tres versiones totalmente distintas del mismo. Las dos más conocidas y comentadas las incluíamos hace unos días bajo el epígrafe “El tiempo y el momento”. Pero el tercer presunto testimonio es bastante menos conocido, y lo ofrece el periodista José María Zavala en su libro El secreto mejor guardado de Fátima. Una investigación 100 años después (Barcelona, Ed. Planeta, 2017).
Zavala refiere que, en agosto de 2016, le llegó a la carpeta “spam” de su correo un mensaje anónimo que estuvo a punto de borrar. En lugar de liquidarlo, optó por abrirlo, y he aquí que se encontró a la Esclava del Señor. O a su portavoz, porque se trataba de la copia de un texto manuscrito, en portugués, cuya autora debía de ser, nada más y nada menos, que Lucia dos Santos, la vidente de Fátima. Zavala contactó con un traductor nativo y con una perito calígrafo profesional, Dña. Begoña Slocker de Arce. La perito constató y certificó pulcramente que el texto “dubitado” (fechado en Tuy, el 01 de abril de 1944), recién recibido, había sido escrito por la misma persona que la de los textos indubitados de control (es decir, las fotocopias de los secretos anteriores redactados por Lucia dos Santos, en agosto de 1941). Su certificación fue firmada en Madrid, a 08 de diciembre de 2016.
Tenemos, entonces, que considerar que la vidente de Fátima escribió esta tercera versión del tercer misterio. ¿Y qué dice este relato de veinticuatro líneas? Un Santo Padre, con los ojos del mal, entra en un templo gris, a modo de fría fortaleza de cemento, dejando atrás a una muchedumbre que lo alaba. La Señora lo interpretó como la apostasía de la Iglesia. La misma Señora dictó que fuera difundido este secreto antes de 1960. Y añadió que la sede de Pedro, en tiempos de Juan Pablo II, debía abandonar Roma (por no obedecer el dogma de fe) y ser trasladada a Fátima. San Pedro del Vaticano tendría que ser demolido y una nueva catedral habría de levantarse en Fátima. Si después de anunciado este secreto, el Vaticano no lo acatara en un plazo de 69 semanas, Roma sería destruida.
Las sesenta y nueve semanas han pasado, han venido dos Papas desde San Juan Pablo II, y el Vaticano parece seguir en pie y sin intenciones de trasladarse a otro lugar. 
Zavala relaciona este texto de Lucia dos Santos con los peligros del abandono de la ortodoxia, a raíz del Concilio Vaticano II, y la extensión de un confuso y falso ecumenismo. Y menciona, a tal fin, las advertencias de San Escrivá de Balaguer y la visionaria monja agustina Ana Catalina Emmerick (beatificada en 2004). 
Pero, evidentemente, este nuevo mensaje –redactado por Lucia tres años después que los que oficialmente se han dado a conocer—se aparta de lo que hasta ahora se nos ha comunicado. No tiene nada que ver la visión de un Anti-papa o un Pontífice al servicio del diablo, con un Papa y unos obispos martirizados en medio de las ruinas de una ciudad. Lucia dos Santos parecía escribir al dictado; pero ¿al dictado de quién? ¿De la Señora que se le apareció? ¿De su propia conciencia de creyente? ¿O de terceras personas, interesadas en llevarlo todo en la dirección más oportuna? 
Este tipo de serias contradicciones lo único que logra es sembrar la desconfianza y las dudas sobre la autenticidad y legitimidad de los supuestos “mensajes de la Virgen María”. Y, por descontado, causa una preocupación añadida a la Iglesia católica.
© Antonio Ángel Usábel, noviembre de 2017.

sábado, 25 de marzo de 2017

Vaticanistas.


El fenómeno religioso siempre me ha interesado. Como creyente seducido por el catolicismo, pero a menudo desde una óptica ciertamente crítica, la historia de los papas, del Vaticano, y de la Iglesia católica en general, han gozado de mi más vivo interés. Comencé siendo seguidor del humanismo de Erich Fromm, con su visión desmitificadora de las creencias dogmáticas (El dogma de Cristo), continué profundizando en la interpretación que hacía Gonzalo Puente Ojea del Evangelio de Marcos, y me empapé de las crónicas vaticanas tan esclarecedoras y sugestivas de Juan Arias. A Paloma Gómez Borrero la seguí, sobre todo, por televisión.
Maravilloso tríptico el formado por Arias, Puente Ojea y Gómez Borrero en lo que al conocimiento del Estado Vaticano se refiere. En enero fallecía Gonzalo Puente, quien fue embajador de España ante la Santa Sede entre 1985 y 1987, nombrado por Francisco Fernández Ordóñez, ministro de Asuntos Exteriores con Felipe González. Arias, a Dios gracias, todavía está en activo y sigue publicando libros y escribiendo para El País. Paloma Gómez Borrero, tan eterna ante nuestra mirada como su querida Roma, nos ha dejado este viernes, 24 de marzo de 2017, a las ocho de la tarde. Enferma de un proceso hepático, ha muerto al pie del cañón a los ochenta y dos años.
Nadie dominaba como ella los entresijos, las entretelas del Vaticano. Próxima siempre a la curia, entraba y salía con facilidad y llamaba a todas las puertas, donde era cálidamente recibida. Con Juan Pablo II mantuvo una amistad especial. Le dedicó al menos cuatro libros; lo acompañó en todos sus viajes. Y es que Paloma, lejos de ir contra corriente, era más papista que el Papa. Hablaba con orgullo del Santo Padre y del ministerio de la Iglesia romana. Nunca hubo atisbo de vena censora en sus palabras, y sí esa familiaridad casera que distingue a uno de los nuestros. Con Paloma, el Papa y sus monseñores podían tener la seguridad de un buen predicamento.
Paloma Gómez era, además, una extraordinaria prosista. Su estilo es directo y sencillo, y su escritura entra y se lee con placer y sin ningún esfuerzo.
Ha sido la voz de TVE en Roma durante más de una década, y su primera mujer corresponsal en el extranjero. Una de esas figuras que llenan nuestra cotidianeidad y que instantáneamente asociamos a un escenario o a un ámbito. Hace pocos días, a comienzos de febrero, nos dejaba también otro comentarista irrepetible, José Luis Pérez de Arteaga, la voz por excelencia de los conciertos de Año Nuevo, maravilloso timbre para visitar los compositores clásicos. Periodistas que han formado parte de la piel de la reciente intrahistoria de España, que nos han informado puntualmente como decanos de su oficio, y que serán difíciles de olvidar.
© Antonio Ángel Usábel, marzo de 2017.

domingo, 17 de marzo de 2013

El papa Francisco.


La elección de un nuevo papa es siempre motivo de alegría para los cristianos. Supone esperanza, ver qué cambiará en la Iglesia con el signo de los tiempos, qué mensaje renovador y qué acciones se emprenderán desde Roma. A la vez, nos sentimos arropados, porque la alegría del nuevo pontífice nos embarga y conforta, como representante que es del amor de Jesucristo en la tierra.
El miércoles, 13 de marzo de 2013, alrededor de las siete de la tarde, y tras una quinta votación, fue elegido el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio como sucesor número 266 del apóstol Pedro. Había superado con creces los 77 votos necesarios para la elección. El nuevo papa decidió llamarse Francisco, en honor de San Francisco de Asís y su entrega a los más pobres.
No es un papa más, sino que rompe muchos convencionalismos. Es el primer papa natural del continente hispanoamericano, y el primer jesuita, una orden contemplada siempre con suma desconfianza por la curia, y que fue duramente represaliada por Juan Pablo II con la destitución del general Arrupe. Los jesuitas, propietarios de la prestigiosa Universidad de Georgetown, en Boston (EE.UU.), y de otros centros educativos señeros repartidos por doquier, tienen fama de racionalistas, de saber conjugar muy bien razón y fe, de estimar y cultivar la inteligencia, de abrirse a la Ciencia y a las innovaciones. Esto puede significar la propuesta y ejecución de notables cambios en el nuevo apostolado. Como anota José Manuel Vidal (El Mundo, 15-03-2013), “los jesuitas siguen brillando […] La alta teología es suya, pero siempre con los pies en la tierra. Ubicados en la frontera social e intelectual, es lógico que sean perseguidos y que la institución los digiera mal, como demuestran las últimas condenas de dos de sus grandes teólogos, Jon Sobrino y Roger Haight.”

Por otra parte, la naturaleza hispanoamericana del papa Francisco puede dar relieve y sustancia a la fijación por la Iglesia en los más desfavorecidos, en los desarraigados. Latinoamérica significa más del setenta por ciento de los cristianos, muchos de los cuales abandonan por desengaño los templos católicos y buscan consuelo y respuesta en iglesias evangelistas o en organizaciones sectarias. La gestión, hasta ahora privilegiada, del Opus y del Camino Neocatecumenal no ha hecho más que aumentar la desconfianza de los creyentes y propiciar las deserciones y el laicismo agnóstico. Las parroquias son yermos donde meditan sus rezos tres viejucas.

Jorge Mario Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires (Argentina). Su padre, ferroviario, y su madre, ama de casa. Ambos, un matrimonio inmigrante italiano. El padre llegó de Portacomaro (Asti, en el Piamonte) y la madre era ya bonaerense, con ascendencia piamontesa y genovesa. Su origen humilde le cerró algunas puertas, como la sentimental, pues su novia Amalia no pudo formalizar su relación con él al prohibírselo sus padres. De hecho, con doce años, la chiquilla recibió una paliza de su progenitor por recibir cartas de Jorge Mario. Entonces él declaró que, si no podía tenerla, se haría sacerdote. El joven siguió estudios superiores industriales, y alcanzó el título de técnico químico. A finales de los cincuenta, decidió también profesar, ingresa en la Compañía, y se ordena el 13 de diciembre de 1969. Promete a su padre hacerse cura de pobres y no curita faldero. Alterna su labor pastoral con las clases de teología y los ejercicios espirituales, y guarda una estrecha colaboración con compañeros curas que trabajan en barrios azotados por la miseria. Termina su tercera probación en la Casa de los Jesuitas de Alcalá de Henares, donde se aloja durante cuatro meses, de diciembre de 1970 a abril de 1971. Entre 1973 y 1979, fue provincial de su orden en Buenos Aires. El 20 de mayo de 1992, es nombrado obispo de Auca, es decir, auxiliar de Buenos Aires. El 28 de febrero de 1998, ascendió al cargo de arzobispo de Buenos Aires. Otro mes de febrero, pero de 2001, recibió un nuevo espaldarazo, cuando Juan Pablo II lo convirtió en cardenal y primado de la Iglesia en Argentina. Además, ha presidido dos veces la Conferencia Episcopal de su país, y ha formado parte de diversas congregaciones: clero, culto divino, vida consagrada, etc.
Pasa por ser un hombre afable, de buen trato y de vida sencilla. Habitaba un pequeño apartamento, se guisaba su comida y se desplazaba en metro o autobús. Con veintiún años, sufrió una pulmonía severa y tuvo varias recaídas; la formación de tres quistes le llevó a una intervención quirúrgica en la que le fue extirpado parte del pulmón derecho. Con setenta y seis años, disfruta de buena salud. Le fascina Hölderlin, admira a Borges y su película preferida es… El festín de Babette. Elogia La crucifixión blanca, de Chagall.

Aun con ser un defensor de la causa de los pobres, es más bien prudente y conservador en lo doctrinal: se ha opuesto al matrimonio gay y a la Teología de la Liberación. Sin embargo, es partidario del bautismo de niños de parejas de hecho o de padres no casados por la Iglesia. Es un firme defensor de la unidad de la Iglesia, por encima de disensiones ideológicas que no responden al estricto mensaje evangélico de Salvación. No en vano, ha dejado claro: “Podemos caminar y edificar, pero si no confesamos a Jesucristo la cosa no funciona, seremos una ONG piadosa, pero no una Iglesia esposa del Señor.” Es un religioso de doctrina firme. Recomienda caminar y edificar con la cruz siempre, para no caer nunca en la mundanidad del demonio. Como jesuita, es esperable que guíe la Iglesia como un solo cuerpo de ejército. En política, reivindicó la soberanía argentina de las islas Malvinas. Se le ha querido vincular con la represión de la dictadura militar argentina, incluso con la desaparición de ciertos documentos comprometedores y la negación de auxilio, en 1976, a dos jesuitas encarcelados, Francisco Jalics y Orlando Yorio. Pero el caso es que su superior Bergoglio les alertó varias veces del riesgo que corrían y les recomendó la salida del país; tras cinco meses de cautiverio, ambos fueron liberados, seguramente por la mediación de la jerarquía eclesiástica. Yorio falleció en 2000 en Uruguay, pero Jalics (Budapest, 1927) vive y dice sentirse en paz con Bergoglio. Pasó cinco meses vendado y atado. Un ayudante de ellos estaba relacionado con la guerrilla y debió de acusar a los jesuitas bajo tortura. Hoy Jalics, que vive en una localidad bávara, dice que no puede relacionar a Bergoglio con su captura y que se reconcilió con todo lo ocurrido y lo dio por cerrado. En torno a este hecho luctuoso, el Premio Nobel de la Paz de 1980, Adolfo Pérez Esquivel, compatriota suyo, lo ha defendido y ha dejado claro que nada tuvo que ver Bergoglio con los cómplices religiosos de la dictadura.
La exjueza y exsecretaria de Derechos Humanos, Alicia Oliveira, represaliada por la junta militar, exculpa a Bergoglio y lo vincula con el socorro en la sombra de personas perseguidas. Una vez prestó su cédula de identificación y su ropa de sacerdote a un hombre para que pudiera cruzar la frontera. Este gesto comprometido no lo tiene cualquiera. Por su parte, el líder del Movimiento Evita, Emilio Pérsico, ha declarado: “Es un peronista, comprometido con los más humildes, con el que hemos trabajado en las villas, con los cartoneros, luchando contra el paco (‘crack’)”. Frente a él se posiciona Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, quien afirma no haber recibido nunca ayuda de Bergoglio, que sí ha colaborado en otros asuntos hirientes, y lo identifica con la Iglesia que “oscureció al país” durante la represión.
Prada, en su columna de ABC (16-03-2013), recoge opiniones de amigos porteños agnósticos  que le han hablado sobre el nuevo papa. Uno de ellos comenta: “Está más loco que una cabra. Va a patear el tablero. Aunque es moderado y prudente, no es políticamente correcto. Que nadie espere que vaya a ser genuflexo con los poderes de este mundo. No va a ser un papa acomodado a los círculos de poder. Me alegra su elección, más que nada por la patada en las pelotas que significa para los intereses creados y los vivos y los chupamedias de siempre”. Otro amigo de Prada añade: “Bergoglio durante la dictadura tuvo una actitud valiente y comprometida y salvó muchas vidas; lo que ocurre es que después no se jactó de haberlo hecho”. Y uno más sentencia: “Bergoglio es de una ortodoxia implacable, pero es extremadamente de base en lo social, tiene un compromiso real y tangible con los pobres y excluidos”.

Para Álvaro Vargas Llosa (El Mundo, 15-03-2013), el papa Francisco está contra la corrupción, el abuso de poder y el enriquecimiento fácil. Apoya el matrimonio civil, y es contrario al derechismo opulento del Opus Dei latinoamericano. Es un conservador doctrinal con un discurso socialcristiano. En temperamento parece franciscano y en ideología es un centrista (o un ecléctico); una amalgama entre Juan XXIII, en su diálogo con la modernidad (sin ser estrictamente moderno) y Juan Pablo II, en su acercamiento a la calle.
El nuevo pontífice no es muy proclive al proselitismo y sermoneo entre laicos. Pone de ejemplo los doscientos años que las comunidades cristianas de Japón estuvieron sin sacerdotes. Entonces les fue suficiente con su fe en el bautismo. Así, cuando pudieron volver los misioneros los encontraron a todos bautizados, casados religiosamente y con cruces cristianas sobre sus sepulturas.

Para el diario El País (14-03-2013), el papa Francisco es la revelación del triunfo de la periferia de la Iglesia y la derrota de la curia vaticana. Lo considera “flexible en materia de ética sexual”. Puede ser un hombre dialogante dentro de la ortodoxia, y es partidario de algunos ritos casi extraviados, como la imposición de manos a los fieles en la cabeza al término de la misa.
A la mañana siguiente a su elección, el papa Francisco fue a la Residencia Internationalis Paolo VI a recoger su maleta. Quiso pagar la cuenta por el hospedaje, pero la dirección no se lo permitió. Estuvo alojado en la habitación 109. El precio ronda los sesenta euros diarios con desayuno, los setenta y tres con media pensión, y ochenta y cinco con pensión completa.
Otras dos de sus primeras acciones fueron saludar por teléfono al Padre General de los Jesuitas en Roma, y visitar en el hospital Pío XI al nonagenario cardenal Jorge Mejía, internado por un infarto.
 
Comienza ahora para Jorge Mario Bergoglio un camino de soledad nada  envidiable. La soledad de los papas, del Vaticano, del protocolo, de la curia. Tal vez la voz del que predica en el desierto.


Presentación del papa Francisco (13-03-2013).
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Algunas de las declaraciones del hoy papa Francisco:
--“No debemos ceder jamás al pesimismo, a esa amargura que el diablo nos propone cada día.”
--“Quizá nos haga bien sufrir un poquito delante del Señor, pidiendo perdón, por tantas veces que, en nuestra tarea de pastores, hemos pecado en este mundo. El mal que hayamos hecho, probablemente por ingenuos, es un mal que se multiplica. Y si nos encontramos en falta, que el Señor nos conceda la gracia del espíritu de reparación y penitencia que nos lleve a una firme enmienda.”
--“Quizás en la Iglesia oprobio y menosprecio nos sobrevenga si, por seguir al Señor, dejamos de ‘probar los bueyes’, de ‘comprar el campo’ y de ‘contraer nupcias’ (Lc 14, 18-20).
--Los hombres de Iglesia son aquellos que “buscan su alimento en la palabra de Dios y no se dejan aprisionar por la polarización política o por las ideologías de moda, prontas a explotar su inmenso potencial humano.”
--Cuando –en nuestra vida cotidiana—sentimos la presencia de Dios, no queda sino decir ‘Dios está aquí’, y cuando Dios está lo primero que hay que hacer es ponerse de rodillas.”
--“La conversión de nuestros pecados, de nuestro egoísmo, apunta a este estar disponibles para los demás. La misión del pastor de ‘incluir’ a todas las ovejas (también la de esos ‘otros rebaños’ de los que habla el Señor) implica una verdadera conversión de nuestros egoísmos de modo que a la hora de la verdad estemos bien dispuestos para recibir a todos y no nos vayamos convirtiendo en expulsivos por cuestiones de carácter o estrechez de miras.”
--“Para llevar la cruz el pastor necesitará la fortaleza que viene de la esperanza y debe pedirla en la oración para tomar las decisiones necesarias, aunque sean impopulares…”
--“El obispo es el que cuida la esperanza velando por su pueblo […] Supervisar hace referencia más al cuidado de la doctrina y de las costumbres en su expresión y su práctica; en cambio velar dice más a cuidar que haya sal y luz en los corazones.”
--“La resurrección no se entiende sin la cruz. En la cruz está la historia del mundo: la gracia y el pecado, la misericordia y el arrepentimiento, el bien y el mal, el tiempo y la eternidad.”
--“Es tan fácil olvidar, sobre todo cuando estamos satisfechos… ‘Cuando hayas comido y te hayas saciado no te olvides de Yahvé que te sacó de Egipto, donde eras esclavo’ (Deut. 6, 10-12)”
--“A la hora de la muerte el sacerdote nos despide en nombre de la Iglesia para dejarnos en los brazos de María. ‘Una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de estrellas’”.
--“El Señor, amigo de la naturaleza humana, manda liberar a todos de las ‘redes y cadenas’ con que el demonio tiene atadas a las personas […] Es el mandato a enseñar a vivir en el espíritu de las Bienaventuranzas que trae la libertad de corazón de la que tenemos necesidad todos: cristianos y protestantes, judíos, musulmanes, ateos, progresistas y conservadores y también los indiferentes. No se trata de decirle al otro: ‘Deja tus convicciones y accede a las mías que son mejores’, sino de ofrecer una ayuda a partir de la experiencia de Jesús sin pedir nada a cambio, sin exigir condiciones. Todos los hombres sienten necesidad de la libertad que enseña Jesús, aun cuando ya tengan una fe, todos necesitamos liberarnos de la angustia y encontrar la paz y la alegría. Es este camino de la paz el que debemos proponer de manera práctica, ética…”
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* El decálogo de los diez retos que el también jesuita Pedro Miguel Lamet propone al papa Francisco:
1º. Conseguir acercar a las iglesias a las personas de la calle, no vinculadas a movimientos seglares. Y entre ellas, a las más pobres y desfavorecidas.
2º. No temer al mundo: bajar del baluarte vaticano y dialogar con la ciencia, la cultura y las preocupaciones del hombre de hoy.
3º. Volcarse a la oración en común con otras confesiones cristianas y con otras religiones. Promover un ecumenismo real y acabar con la persecución de los cristianos en muchas partes del mundo.
4º. Saber escuchar a los laicos y a los responsables de órdenes religiosas. Trocar el absolutismo papal por una gradual “descentralización”.
 5º. Flexibilizar la moral sexual --contemplado siempre el sexo como expresión del amor verdadero--, admitiendo en la comunidad a los divorciados. No demonizar el uso del preservativo.
6º. Replantearse la posible ordenación sacerdotal de las mujeres. Entre las más cercanas discípulas de Jesús estaban ellas.
7º. Revisar el celibato eclesiástico como opción y no como imposición. En el rito oriental bizantino es opcional desde el Concilio in Trullo de 691. El obispo debe ser célibe, pero no así los sacerdotes, diáconos y subdiáconos. El clérigo que desee casarse debe hacerlo antes de sus votos definitivos.
8º. Renovar en profundidad la curia vaticana y sus mecanismos fácticos de poder. IOR incluido.
9º. Mejorar la comunicación tanto externa –cara a los fieles--, con un lenguaje más directo y sencillo, como interna –acabando con los privilegios sectarios de determinados movimientos que actúan dentro de la comunidad--.
10º. Saciar la sed de mística del hombre que huye del materialismo reinante. Canalizar esa ansia que lleva a muchos a las filosofías orientales y al New Age. Estar siempre con los pobres y humillados.
** Estos diez mandamientos se resumen en dos: aplicar en toda su extensión el olvidado Concilio Vaticano II, y recuperar la credibilidad de la Iglesia en el corazón de la gente.
[v. El Mundo, 14-03-2013, pp. 32-33]

viernes, 15 de febrero de 2013

Las termitas se comen el Vaticano: causas de la renuncia de Benedicto XVI.


Tanto El País como El Mundo coinciden en señalar que la marcha de Joseph Ratzinger de la silla de Pedro responde a una desagradable e incontrolada situación tumultuosa relacionada con los oscuros entresijos del poder vaticano. Los mismos que han hecho perder la confianza de los fieles en la veracidad y transparencia de la Iglesia católica como institución.


Los cardenales de más edad y de mayor influencia en Roma están divididos, pero no tanto por razones ideológicas o de dogma, sino por rencillas personales, odios lejanos e incómodos malentendidos. Hay una voluntad de control muy fuerte, y un interés porque las cosas no cambien demasiado. Los partidarios del actual Camarlengo, Tarcisio Bertone, andan de uñas con los del jefe del colegio cardenalicio, Angelo Sodano. El primero ha gozado un tiempo de la confianza del papa Benedicto, y pasa por ser un reformista moderado. El segundo era la mano derecha de Juan Pablo II, y es un conservador extremo. Las cuentas del Instituto para las Obras de Religión (IOR) no están claras, y se dice que hay dinero de la Camorra ingresado en él. De hecho, hasta hace solo unos pocos días, el estado italiano había vetado los pagos con tarjeta de crédito dentro del Vaticano. Es decir, no se podían usar tarjetas. El motivo: la localización, en Deustsche Bank de unos cuarenta millones de euros de procedencia no declarada. En teoría, proceden de los ochenta puntos de venta de que dispone el Vaticano, la mayoría abiertos para los turistas. Pero el fisco italiano nunca había otorgado el permiso para el uso de dispositivos electrónicos, y se teme que esa cuenta haya sido utilizada para el blanqueo de ciertos capitales.
El País, por su parte, informa del estado de amenaza permanente en que vive Ettore Gotti Tedeschi, presidente del IOR entre el 23 de septiembre de 2009 y el 24 de mayo de 2012. Gotti Tedeschi, afín al Opus Dei y representante máximo en Italia del Banco de Santander, redactó un informe secreto de lo que iba encontrando en la contabilidad del Pesebre, y lo que vio no le gustó nada. Es más, le puso de los nervios. Podría haber grandes sumas de dinero confiadas por el crimen organizado al IOR. Cuando estalló el escándalo de los documentos papales hurtados por el mayordomo, Tarcisio Bertone se dio prisa por involucrar en ello a Tedeschi, quien resultó destituido. Ettore se procuró de inmediato una escolta, y cuando unos policías italianos se personaron en su domicilio para efectuar un registro, les abrió la puerta muerto de miedo. “Ah, sois policías, creía que veníais a pegarme un tiro”—les soltó.
Es por eso que, hoy por hoy, las sandalias del Pescador están sobre un polvorín. El País titula su crónica (13-02-2013) de forma optimista: “El Papa renuncia para limpiar el Vaticano. Benedicto XVI abandona ante su incapacidad para seguir luchando contra los ‘cuervos’ y para dejar paso a un pontífice con fuerza para cortar los escándalos”. Pero habrá que ver si el siguiente papa dispone de esas energías, y de si tiene intención de ponerse el mundo por montera. En principio, debería ser un papa joven, de entre sesenta y setenta años, perfil que no coincide en absoluto con los “papables” más distinguidos. Los ‘cuervos’ quieren controlar, y cada uno sueña con ser papa. Así que, zancadilla al neófito. En segundo lugar, está la disposición para acometer los profundísimos procesos de renovación, y que la camarilla más influyente autorice a ellos. Aún planea por la Santa Sede la sospechosa, dolorosa y repentina “desaparición” involuntaria de Albino Luciani (Juan Pablo I). Quién sabe lo que le puede pasar al osado indiscreto. Además la utopía de un papa neoecuménico y lanzado, tal y como lo soñó Morris West en su conciliar best seller, parece pertenecer a una galaxia muy lejana.
El Mundo titula su crónica (14-02-2013): “El ‘Yo acuso’ de Benedicto XVI. Denuncia ‘las divisiones que desfiguran el rostro de la Iglesia’ y rompen su unidad. Critica la ‘hipocresía religiosa’ y ‘las actitudes de los que buscan el aplauso’”. En su misa de miércoles de ceniza, el pontífice se explayó a gusto; habló en su homilía de “individualismos y rivalidades” y de “divisiones en el cuerpo eclesial”. Y añade, como una bomba: “Pocos parecen dispuestos a actuar de corazón, según su propia conciencia y a sus propias intenciones”. Esto apunta, evidentemente, a una suerte de coyotes enmascarados, quienes, por añadidura, exentos de toda humildad, “buscan el aplauso y la aprobación”.


Sin embargo, la culpa de esta merienda de negros (con perdón) de la que habla el papa, se halla en el propio circo mediático en el que se ha convertido la Iglesia católica con los impulsos multitudinarios y los baños de masas hábilmente orquestados por organizaciones bendecidas como el Opus Dei, el Camino Neocatecumenal y, ahora ya en menor medida, los Legionarios de Cristo. Estos grupos han aportado las infraestructuras precisas para que los últimos dos pontífices sean, con sus viajes y sus vuelos de explanada, auténticas estrellas del espectáculo, como si la fe necesitara verse, oírse, olerse, tocarse. El Catolicismo teme constatar que va perdiendo peso frente a otras religiones, y necesita demostrar que, al menos en Europa y en América Latina, sigue llevando cierta hegemonía.

Hasta Pablo VI y el efímero Luciani, la casa propia se volvió grande siendo pequeña. Había esperanzas. El ecumenismo y el progresismo brotados del Concilio Vaticano II estaban todavía cercanos a los fieles. Todo, en el Vaticano, era más hogareño, más módico. Pero, a partir de Juan Pablo II, o mejor dicho con él, la casa se hizo minúscula pretendiendo ser demasiado grande. El Opus Dei entró con enorme fuerza en San Pedro. Fue nombrada Prelatura Personal. Se instó a la dimisión de Pedro Arrupe (abril de 1980) como general de la Compañía de Jesús, a la que el papa deseaba controlar expresamente con sus hombres de confianza. Se declaró el alejamiento de los teólogos progresistas, como Hans Küng –de quien Rafael Termes Carreró llegó a decir que no era un teólogo católico (v. El País, 15-02-2004)—y Leonardo Boff. Este último, y con Ratzinger en la Congregación para la Doctrina de la Fe, por su notorio coqueteo con el comunismo. Había pasado la hora de los comunistas: la URSS estaba agonizando. El muro de Berlín, a punto de caer. Thatcher y Reagan –los más altos mandatarios occidentales—hacían causa común con Juan Pablo II. No había por qué mantener, entonces, a pensadores muy liberales dentro de casa. Y mientras una gran parte de la masa de creyentes se iba con el papa al grito de ¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!, otra se desilusionaba y se desgajaba de la Iglesia, tornándose agnóstica, estoica o decididamente atea.
Juan Pablo II era un buen sacerdote, con don de gentes y muy próximo a su sentir. Su objetivo difusor del cristianismo y su espíritu viajero y universalista, muy loables y sinceros. Pero se apoyó en intrigas nada apropiadas, que no cortó. Un tanto maquiavélico, debía de ser de los que pensaban que el fin justifica los medios, y si estos hacen nuevamente grande a la Iglesia, no hay motivo para desdeñarlos. Pero una cosa es levantar la fachada, y otra muy distinta permitir que las termitas se adueñen del edificio que hay detrás. Esto hizo él, y Ratzinger se ha topado con el guiñol construido durante más de dos décadas.
Aparte de la nube de intrigantes, está la homosexualidad activa de los curas pederastas. En 2001, a la oficina de Ratzinger comenzaron a llegar los primeros casos de delicta graviora (delitos de gravedad extrema), reservados al enjuiciamiento directo por la Santa Sede. A ciertos curas se les habían ido las extremidades en seminarios y sacristías repartidos por doquier, en Estados Unidos, Alemania, Irlanda, Argentina, Chile y Brasil. El Viernes Santo de 2005, el cardenal Ratzinger clamó: "¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar entregados al Redentor! ¡Cuánta soberbia! La traición de los discípulos es el mayor dolor de Jesús". Hubo casos constatados de reverendos pedófilos que habían llegado a las ciento treinta víctimas, y con los cuales sus obispos solo se habían limitado a jugar al escondite cambiándolos de parroquia. En Alemania, los “cachetes” a los chavales en los coros se decía que habían sido confundidos con caricias. Bueno, Columbi lapsus.
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¿Vamos a tener a un reformador sentado en la silla de Pedro? Difícilmente, visto el negro panorama. Tendría que salir alguien joven, distinto, de fuera, no contaminado, preferentemente latinoamericano o africano y, desde luego, racionalista, es decir, jesuita. Pero de 117 cardenales electores (menores de 80 años), Europa aporta 62 candidatos (de ellos, 28 italianos), frente a 11 africanos, 11 de EE.UU., 19 latinoamericanos y 3 canadienses. Lo más probable es que salga un papa italiano, que viene a ser la costumbre.
¿Conllevaría una renovación profunda de la Iglesia la progresión del número de fieles católicos en el mundo? También algo muy complicado de conseguir, habida cuenta de que las parroquias se abren en despoblado: sin curas --por la falta de vocaciones--, y sin ningún concurso compromisario de la gente joven (de menos de cincuenta años). Conozco ministros de comunidades de base que no llenan ni los domingos. Que tampoco seducen ni atraen a familias jóvenes, y que predican –eso sí, de forma más grácil, viva e inteligente—ante viejecitas sordas o militares y médicos retirados. Se augura un futuro muy difícil para la Iglesia de Roma.
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Para una visión renovada de la Iglesia, visita estos enlaces de interés:

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Este es el comunicado en el que se recoge la declaración del Papa en la que anuncia su dimisión:
"Queridísimos hermanos,
Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia.
Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando.
Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.
Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.
Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos.
Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice.
Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria.